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	<title>Islam | Enguardia</title>
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	<title>Islam | Enguardia</title>
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		<title>¿Qué es la abrogación en el Corán? El debate sobre los versículos contradictorios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enguardia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 17:47:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
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					<description><![CDATA[La doctrina de la abrogación (naskh) ocupa un lugar central en el debate sobre la interpretación del Corán. A lo largo de la historia islámica, numerosos eruditos han sostenido que ciertos versículos reemplazan o anulan revelaciones anteriores, especialmente en temas relacionados con la ley, la guerra y la salvación.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[

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<div class="et_pb_text_0 et_pb_text et_pb_bg_layout_light et_pb_module et_flex_module"><div class="et_pb_text_inner"><p><span class='et-dropcap'>U</span> no de los conceptos que ha suscitado mayor controversia en el ámbito de la teología islámica es el de la doctrina de la abrogación (naskh), que se define como la premisa que establece que ciertas revelaciones coránicas superan o anulan a revelaciones anteriores. Esta doctrina se vincula frecuentemente con pasajes específicos, tales como la sura 2:106.</p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“No abrogamos una aleya ni hacemos que sea olvidada sin traer otra mejor o semejante. ¿Acaso no sabes que Alá es omnipotente?”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">El influyente comentarista musulmán <span class="hover:entity-accent entity-underline inline cursor-pointer align-baseline"><span class="whitespace-normal">Ibn Kathir</span></span> escribió sobre la sura 2:106 que “Alá sustituye un mandato por otro que es más beneficioso para Sus siervos”, defendiendo así la idea de una revelación progresiva dentro del islam. Otro texto frecuentemente citado es la sura 16:101:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“Cuando sustituimos una aleya por otra —y Alá sabe bien lo que revela— dicen: ‘Eres solo un inventor’. Pero la mayoría de ellos no saben.”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">De acuerdo con la interpretación convencional del islam, estos versículos establecen que ciertos preceptos transmitidos inicialmente a Mahoma fueron sustituidos posteriormente de acuerdo con las fluctuaciones en las circunstancias.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En su artículo </span><a href="https://answering-islam.org/Authors/Farooq_Ibrahim/abrogation.htm" target="_blank" rel="noopener"><i><span style="font-weight: 400;">«El problema de la abrogación en el Corán»</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, Farooq Ibrahim presenta una argumentación que aborda las implicaciones teológicas de este concepto. En el contexto del análisis coránico, se plantea la interrogante acerca de la necesidad de modificar o anular ciertos mandamientos, dado que el Corán es considerado la palabra eterna y perfecta de Dios. Para el autor de este estudio, esta doctrina llegó a convertirse en una de las principales dificultades intelectuales dentro del islam.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Uno de los ejemplos más discutidos tiene que ver con la salvación y la exclusividad religiosa. La sura 2:62 parece presentar una visión inclusiva:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“Ciertamente, los creyentes, los judíos, los cristianos y los sabeos, quienes crean en Alá y en el Último Día y obren rectamente, tendrán su recompensa junto a su Señor. No tendrán nada que temer ni estarán tristes.”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, la sura 3:85 declara:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“Quien desee una religión diferente del islam, no le será aceptada, y en la otra vida será de los perdedores.”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Diversos académicos musulmanes clásicos interpretaron que el segundo versículo reemplazaba al primero, aunque numerosos intérpretes modernos rechazan esta conclusión y sostienen que ambos textos pueden armonizarse.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La abrogación, por su parte, se vincula con modificaciones en el marco legal islámico. Un ejemplo paradigmático de esta dinámica es el consumo de alcohol. En los versículos iniciales se estipulaba la prohibición de aproximarse a la oración en estado de embriaguez.</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“¡Oh creyentes! No os acerquéis a la oración estando ebrios hasta que sepáis lo que decís...” (sura 4:43)</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Más adelante aparece una prohibición mucho más fuerte:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“¡Oh creyentes! El vino, el juego de azar, las piedras erectas y las flechas adivinatorias son abominación y obra de Satanás. ¡Apartaos de ello para que podáis prosperar!” (sura 5:90)</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Los musulmanes del pasado entendieron esto como una revelación progresiva que condujo gradualmente a una prohibición total.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La doctrina también influye en la interpretación de los pasajes relacionados con la guerra. Algunos eruditos sostuvieron históricamente que versículos posteriores de carácter militar reemplazaron textos anteriores más pacíficos. Por ejemplo, la sura 2:256 afirma:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“No cabe coacción en religión.”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero la sura 9:5 declara:</span></p>
<blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">“Y cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los idólatras dondequiera que los encontréis; capturadlos, sitiadlos y tendedles toda clase de emboscadas.”</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Este asunto continúa siendo muy controvertido entre los musulmanes actuales. Muchos insisten en que estos versículos deben entenderse dentro de su contexto histórico y no mediante una aplicación amplia de la doctrina de la abrogación.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El debate sobre el </span><i><span style="font-weight: 400;">naskh</span></i><span style="font-weight: 400;"> sigue siendo fundamental para la teología islámica y la interpretación del Corán. Para algunos musulmanes, refleja la sabiduría de Dios al revelar sus mandamientos progresivamente a lo largo del tiempo. Para los críticos, sin embargo, plantea serias preguntas sobre la consistencia de la revelación y la afirmación de que el Corán es una escritura perfecta e inmutable.</span></p>
</div></div></div></div></div>

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<div class="et_pb_text_1 et_pb_text et_pb_bg_layout_light et_pb_module et_flex_module"><div class="et_pb_text_inner"><p><span style="color: #ffffff;">Artículos de Interés:</span></p>
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</div></div>

<div class="et_pb_text_3 et_pb_text et_pb_bg_layout_light et_pb_module et_flex_module"><div class="et_pb_text_inner" data-et-mv-hidden-phone="true"><p><a href="https://enguardia.org/las-9-guerras-del-apocalipsis/"><span style="color: #ffffff;">¿Quién es el Hijo de Dios?</span></a></p>
</div></div>

<div class="et_pb_text_4 et_pb_text et_pb_bg_layout_light et_pb_module et_flex_module"><div class="et_pb_text_inner" data-et-mv-hidden-phone="true"><p><a href="https://enguardia.org/las-9-guerras-del-apocalipsis/"><span style="color: #ffffff;">La resurrección de los muertos</span></a></p>
</div></div></div></div></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Gabriel, el Diablo y la revelación (o locura) de Mahoma</title>
		<link>https://enguardia.org/gabriel-el-diablo-y-mahoma/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Cornelius]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Nov 2025 09:21:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
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					<description><![CDATA[Según algunas tradiciones islámicas, Mahoma fue engañado por Satanás y hechizado por un brujo. ¿Ejerció el diablo cierto grado de autoridad sobre él?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-3143 aligncenter" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2025/11/Mahoma-satan.jpg" alt="Mahoma con el ángel Gabriel o Ibis (Satanás)" width="720" height="526" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2025/11/Mahoma-satan.jpg 720w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2025/11/Mahoma-satan-300x219.jpg 300w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></p>
<h1><strong>Satanás y el llamado profético de Mahoma</strong></h1>
<p><span style="font-size: 14pt;">—Cornelius &#8211; <a href="https://www.answering-islam.org/authors/cornelius/mo_satan.html" target="_blank" rel="noopener"><i>Answering Islam</i></a></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Por favor, considere las siguientes citas de la literatura islámica (Sirat, Hadiz y Corán) donde se muestra la relación entre Mahoma, Gabriel y el diablo.</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b>«Sirat Rasul Allah», </b><b><i>La vida de Mahoma</i></b><b>, de Ibn Ishaq, traducida por A. Guillaume, p. 106. La siguiente narración es de Mahoma:</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Ahora bien, ninguna de las criaturas de Dios me resultaba más odiosa que un poeta (extático) o un hombre poseído: ni siquiera podía mirarlos. Pensaba: <b>“Ay de mí, poeta o poseído</b>, ¡que los Quraysh nunca digan esto de mí! Iré a la cima de la montaña y <b>me tiraré para matarme </b>y descansar”».</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari </i></b><b>[1150], traducida por W. Montgomery Watt, vol. 6, p. 71. La siguiente narración es de Mahoma:</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«No había nadie entre las criaturas de Dios que me resultara más odioso que un poeta o un loco; no podía soportar mirarlos. Me dije a mí mismo: “Tu humilde siervo (refiriéndose a sí mismo) <b>es un poeta o un loco</b>, pero los Quraysh nunca dirán eso de mí. Me llevaré a un peñasco de la montaña, me arrojaré desde él, me mataré y encontraré alivio de esa manera”».</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari</i></b><b> [1147], traducida por W. Montgomery Watt, vol. 6, p. 68.</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Él (Mahoma) dijo: “<b>Había estado pensando en lanzarme desde un peñasco</b> de la montaña, pero él se me apareció y me dijo: Mahoma, yo soy Gabriel y tú eres el mensajero de Dios.”»</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari </i></b><b>[1148], traducida por W. Montgomery Watt, vol. 6, págs. 69-70.</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Él (Mahoma) dijo: <b>Había estado pensando en lanzarme desde un precipicio</b> en la montaña, pero él se me apareció y me dijo: </span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;">“Mahoma, yo soy Gabriel y tú eres el mensajero de Dios. ¡Oh, Mahoma, recita!”</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;"> Él dijo: “¿Qué debo recitar?” Y él dijo:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;">“Recita en nombre de tu Señor, que crea. Él te creó de un coágulo de sangre. Recita: Y tu Señor es el Más Generoso, el que enseña con la pluma, enseña al hombre lo que no sabía.”</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Luego fue a ver a Jadiya y le dijo: “Jadiya, <b>creo que me he vuelto loco</b>”. “No, por Dios”, respondió ella. “Tu Señor nunca te haría eso”.»</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari</i></b><b> [1151], traducida por W. Montgomery Watt, vol. 6, p. 72</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Por fin Gabriel me dejó y volví con mi familia. Cuando llegué junto a Jadiya, me senté con mi muslo junto al suyo y ella me dijo: “Abu al Qasim, ¿dónde has estado? He enviado mensajeros a buscarte hasta La Meca y de vuelta”. Le respondí: “<b>O soy un poeta o un loco</b>”. Pero ella contestó: “¡Que Dios te libre de eso, Abu al-Qasim! Dios no te haría eso”.»</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari</i></b><b> [1155], traducida por W. Montgomery Watt, vol. 6, p. 76.</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Muhammad b. ‘Abd al-A’la-Ibn Thawr — Ma’mar — al-Zuhri: La inspiración dejó de llegar al Mensajero de Dios durante un tiempo, y él se sintió profundamente afligido. <b>Comenzó a subir a las cimas de los riscos de las montañas con la intención de arrojarse desde ellos</b>, pero cada vez que llegaba a la cima de una montaña, Gabriel se le aparecía y le decía: “Tú eres el Profeta de Dios”. Entonces, su ansiedad se calmaba y volvía en sí».</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Al-Bujari</i></b><b>, vol. VII, n.º 660</b></span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Narrado por Aisha: Se le hizo magia al Apóstol de Alá para que pensara que había tenido relaciones sexuales con sus esposas cuando en realidad no era así&#8230;». </span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Al-Bujari</i></b><b>, vol. VII, n.º 658</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Narrado por Aisha: Un hombre llamado Labid bin al-A&#8217;sam, de la tribu de Bani Zaraiq, hizo magia al Apóstol de Alá hasta que este empezó a imaginar que había hecho algo que en realidad no había hecho. Un día o una noche, mientras estaba con nosotros, invocó a Alá durante un largo rato y luego dijo: “¡Oh, Aisha! ¿Sabes que Alá me ha dado instrucciones sobre el asunto que le he preguntado? Dos hombres vinieron a mí y uno de ellos se sentó cerca de mi cabeza y el otro respondió: <b>Está bajo el efecto de la magia.</b> El primero preguntó: ¿Quién le ha hechizado?. El otro respondió: «Labid bin Al-Asam”&#8230;». </span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b><i>Historia de Tabari </i></b><b>[1192-1193], vol. 6, pp. 108-110.</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Ibn Humayd &#8211; Salamah &#8211; Muhammad b. Ishaq &#8211; Yazid b. Ziyad al-Madani &#8211; Muhammad b. Ka&#8217;b al-Qurazi: Cuando el Mensajero de Dios vio cómo su tribu le daba la espalda y se entristeció al ver que rechazaban el mensaje que les había traído de parte de Dios, anheló en su alma que algo le llegara de parte de Dios que le reconciliara con su tribu. Con su amor por su tribu y su deseo de que prosperaran, le habría encantado que algunas de las dificultades que le habían creado se hubieran suavizado, y debatió consigo mismo y deseó fervientemente tal resultado. Entonces Dios reveló:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;">“Por la estrella cuando se pone, tu compañero no se equivoca, ni es engañado; ni habla por (su propio) deseo…” </span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Y cuando llegó a las palabras:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;">“¿Has pensado en [las diosas] al-Lat, al-Uzza y Manat, la tercera, la otra?”</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Debido a sus debates internos y a lo que deseaba transmitir a su pueblo, Satanás puso en sus labios [de Mahoma] las siguientes palabras:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;"> “Estas son las grullas que vuelan alto; en verdad, su intercesión es aceptada con aprobación.”»</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«Cuando los Quraysh oyeron esto, <b>se regocijaron y se alegraron y se deleitaron por la forma en que hablaba de sus dioses</b>, y le escucharon, mientras que los musulmanes, que tenían plena confianza en su Profeta con respecto a los mensajes que traía de Dios, no sospecharon que estuviera en error, delirando o equivocado. Cuando llegó a la postración, tras completar la sura, se postró y los musulmanes hicieron lo mismo, siguiendo a su Profeta, confiando en el mensaje que había traído y siguiendo su ejemplo&#8230; Los Quraysh se marcharon encantados por la mención de sus dioses que habían escuchado, diciendo:</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">“<b>Muhammad ha mencionado a nuestros dioses de la manera más favorable </b>posible, afirmando en su recitación que son las grullas que vuelan alto y que su intercesión es recibida con aprobación…”</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Entonces Gabriel se acercó al Mensajero de Dios y le dijo:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;"> “Muhammad, ¿qué has hecho? Has recitado al pueblo lo que yo no te traje de Dios, y has dicho lo que no se te dijo”.</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Entonces el Mensajero de Dios se entristeció mucho y temió enormemente a Dios, pero Dios le envió una revelación, pues era misericordioso con él, consolándolo y aliviándole el asunto, informando de que nunca había habido un profeta o mensajero antes que él que deseara lo que él deseaba y quisiera lo que él quería, sino que Satanás había introducido palabras en su recitación, como había introducido palabras en la lengua de Mahoma. <b>Entonces Dios anuló lo que Satanás había insinuado</b> y estableció sus versículos diciéndole que él era como otros profetas y mensajeros, y reveló:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="font-size: 14pt;">“Nunca enviamos a un mensajero o profeta antes que tú sin que, cuando recitaba (el Mensaje), Satanás insinuara palabras en su recitación (umniyyah). Dios anula lo que Satanás insinúa. Entonces Dios estableció sus versículos. Dios es omnisciente, sabio.”</span></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">Así, Dios quitó la tristeza de su Mensajero, lo tranquilizó acerca de lo que temía y anuló las palabras que Satanás había introducido en su lengua&#8230; Esas dos frases que Satanás había introducido en la lengua del Mensajero de Dios estaban en boca de todos los politeístas&#8230;».</span></p>
<h2><span style="font-size: 14pt;"><b>Los relatos anteriores son particularmente interesantes a la luz de los siguientes versículos del Corán</b></span></h2>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 14pt;">«39. (Iblis) [Satanás] dijo: “¡Señor mío! Ya que me has permitido rebelarme y extraviarme, en verdad embelleceré (la dimensión mundana y material de la existencia humana y el camino al error) en la Tierra para que les parezca atrayente y, sin duda, haré que todos se rebelen y se extravíen, 40. A excepción de Tus siervos de entre ellos, dotados con la sinceridad en la fe y en Tu veneración”. 41. (Dios) dijo: “Este (camino de sinceridad y fe) es un camino recto que Me incumbe (para que les lleve hacia Mí). 42. Mis siervos, sobre los cuales no tendrás autoridad alguna, a excepción de aquellos rebeldes que te sigan siendo rebeldes (contra Mí, como tú lo eres).43. Para todos aquellos (rebeldes), el Infierno es el lugar prometido.” Sura 15:39-43</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Según estas tradiciones islámicas, <b>Mahoma fue engañado por Satanás y hechizado por un brujo</b>. Por lo tanto, está claro que Satanás ejerció cierto grado de autoridad sobre él. Dado que la sura 15:42-43 afirma que Satanás no tiene autoridad sobre los siervos de Alá, sino que solo tiene autoridad sobre aquellos que se equivocan y siguen a Satanás, y que los seguidores de Satanás serán arrojados al infierno, se puede deducir lógicamente a quién siguió Mahoma y dónde se encuentra hoy.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">¿Quieres seguir a Mahoma?</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b> </b></span></p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Existe una religión verdadera?</title>
		<link>https://enguardia.org/existe-la-religion-verdadera/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Enguardia]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Sep 2024 12:46:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[Religiones]]></category>
		<category><![CDATA[apologética]]></category>
		<category><![CDATA[Corán]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[Para que el debate sobre una religión verdadera tenga sentido, debe tener un punto de partida objetivo. En cierto sentido, debe ser paralelo al método científico. No podemos partir de un factor determinado. El punto de partida debe ser uno que todas las personas puedan compartir y asumir.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-2457 size-full" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash.jpg" alt="la religión verdadera - foto de Ricardo Gómez Ángel" width="1920" height="1316" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash.jpg 1920w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash-300x206.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash-1024x702.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash-768x526.jpg 768w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2024/09/ricardo-gomez-angel-210iNu-GQXU-unsplash-1536x1053.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></p>
<p>— <b>Dallas M. Roark <span style="color: #000000;">(<span style="text-decoration: underline;"><a style="color: #000000; text-decoration: underline;" href="https://answering-islam.org/authors/roark/true_religion.html#fn_21" target="_blank" rel="noopener">Answering Islam</a>)</span></span></b></p>
<p><span class="firstcharacter">P</span>ara que el debate sobre una religión verdadera tenga sentido, debe tener un punto de partida objetivo. En cierto sentido, debe ser paralelo al método científico. No podemos partir de un factor determinado. El punto de partida debe ser uno que todas las personas puedan compartir y asumir. No debe partir desde el punto de vista de un libro sagrado concreto. Es inútil que el cristiano cite la Biblia a un musulmán o a un budista cuando uno u otro rechazan la Biblia como autoridad. Antes de utilizar los libros debemos abordar la cuestión de una religión verdadera. No podemos empezar presuponiendo que una religión es mejor que otra. Ravi Zacharias ha dicho que es más probable que todas las religiones sean falsas que verdaderas. Hay demasiadas contradicciones entre los sistemas religiosos. En la era de lo políticamente correcto parece que lo más educado es decir que todas las religiones son muy parecidas y que todas tienen el mismo objetivo. Sólo las personas que no entienden sobre el tema se inclinan a decir esto.</p>
<p>Blaise Pascal, el genio científico y religioso francés del siglo XVII, propuso un punto de partida para debatir la cuestión de una religión verdadera que pueda ser común a todas las personas.</p>
<p>Pascal intentó exponer ciertas proposiciones, basadas en parte en la observación y en parte en la razón, que ayudarían a descubrir la verdadera religión, si esta existiera. Aunque Pascal nunca terminó la obra que se proponía, sus pensamientos fragmentarios (Pensées) se han convertido en uno de los clásicos de la literatura universal. El planteamiento de Pascal tiene una característica común a todos los hombres: cada uno puede mirar, observar y sacar conclusiones desde su propio lugar. Se trata, en realidad, de un método inductivo. Pascal sostiene que, para que una religión sea verdadera, debe dar una respuesta adecuada y satisfactoria a los siguientes criterios.</p>
<h2><b>1)</b> <b>La verdadera religión enseña lo oculto de Dios. </b></h2>
<p>Es bastante evidente que, si Dios existe, no puede percibirse mediante los sentidos. Dios no es un objeto analizado en el laboratorio. Si Dios existe, existe en algún estado o forma oculta, pues no podemos verlo. A este respecto, Pascal escribió: «Estando Dios así oculto, toda religión que no afirme que Dios está oculto no es verdadera y toda religión que no dé razón de ello no es instructiva». (Pascal, Pensees, p.191)  El carácter oculto de Dios, o para utilizar la expresión latina, <i>Deus absconditus</i>, es un punto de partida básico para el diálogo entre las tradiciones religiosas.</p>
<p>Se trata de una verdad común en la que todos pueden estar de acuerdo. El musulmán, el budista, el hindú, el cristiano, el judío, y quienquiera que sea, no puede ver a Dios. Podemos recurrir a las aplicaciones.</p>
<p>Para aplicar este principio, se puede empezar por los sistemas religiosos panteístas. Una definición popular de panteísmo es que «todas las cosas o seres son modos, atributos o apariencias de una única realidad del Ser; de ahí que se crea que la naturaleza y Dios son idénticos». (Van Harvey, <i>Handbook of Theological Terms, </i>1964, p.173)</p>
<p>El hombre, como observador, no puede concluir de su contemplación de la realidad que la naturaleza y Dios son idénticos. Para ser panteísta, debe aportar algo con su observación; es decir, creer que Dios y la Naturaleza son uno. No obtendrá esto sólo de la naturaleza. El panteísmo aplicado a la existencia del hombre significa que el hombre forma parte de la esencia divina. El hombre es una chispa de la divinidad. Pero, de nuevo, esto no es algo que conozcamos por observación, por la vista, el tacto o el autoconocimiento. Puede ser la más burda perversión del autoconocimiento. Todo lo que aprueban los sentidos son dos alternativas: Dios está oculto, ¡o Dios no lo está!</p>
<p>Los panteísmos son peligrosos porque llevan al hombre a tener una visión demasiado optimista de su propia naturaleza.  El panteísmo intenta explicar el mal como una ilusión o un pensamiento falso; en caso contrario, se culpa lógicamente a Dios, ya que Dios lo es todo y el mal formaría parte de su naturaleza. Como en gran parte del hinduismo, Kraemer afirma que el panteísmo conduce a la inexistencia de Dios o de lo divino. Lo único que se experimenta realmente es la conciencia humana, que se considera un espejismo en el mejor de los casos. Sin embargo, paradójicamente, las religiones que identifican al hombre con Dios de alguna forma panteísta son las que rechazan rotundamente la verdadera encarnación, en la que Dios asume la carne humana.</p>
<p>De forma diferente, este principio de Pascal se observa en las enseñanzas clásicas de Buda y Confucio tal como las conocemos. Ninguno de estos fundadores estaba interesado en discutir la existencia de Dios. A efectos prácticos, Gautama y Confucio no eran teístas. Con el tiempo, no solo los fundadores fueron apoteósicos o elevados a la divinidad, sino que se añadieron otros dioses. No puede decirse que Gautama recibiera una «revelación divina». Lo que ocurrió fue que llegó a ver una verdad básica sobre la naturaleza del sufrimiento, su razón de ser y la posibilidad de escapar de él. Se trata de una intuición sobre el camino hacia la felicidad si se considera ésta como la huida del deseo. Sin embargo, se ha observado que incluso el deseo de librarse del deseo es deseo.</p>
<p>Confucio no enseñaba otra cosa que una antigua forma de humanismo. Declaró que «la absorción en el estudio de lo sobrenatural es de lo más perjudicial». Al más puro estilo humanista, Confucio «explicó el mal como egoísmo, engaño e incapacidad humana». (Lionel Giles, <i> Los dichos de Confucio</i>, p.94) Cuando un alumno le preguntó sobre la muerte y el servicio a los espíritus, le respondió: «Hasta que no hayas aprendido a servir a los hombres, ¿cómo podrás servir a los fantasmas? &#8230; Hasta que no conozcas a los vivos, ¿cómo vas a conocer a los muertos?» (Jurji, <i>Christian Interpretation of Religion</i>, p.183)</p>
<p>Lo irónico es que tanto Gautama como Confucio, que tenían poco que decir sobre si Dios existe o no, fueron declarados dioses por sus seguidores.</p>
<p>En el caso del Islam, la deidad está oculta, pero no se explica por qué lo está, lo que se relaciona con la segunda parte de la proposición de Pascal. El Corán no conoce al Dios santo que se ha ocultado a causa de la pecaminosidad del hombre. El Islam es una forma de religión moralista y racionalista que hace hincapié en las obras de rectitud como medio de aceptabilidad ante Dios. Kraemer dice que es una «religión legalista en la que todo depende de los esfuerzos del creyente y de si cumple los requisitos de la Ley Divina. Es, por así decirlo, una religión impregnada de una forma (algo inflexionada) de auto-liberación, auto-justificación y auto-santificación sin, al final, ninguna base firme y asentada para ello». (Kraemer, <i>Why Christianity of all Religions?</i>, p. 105)</p>
<p>Lo oculto de Dios exige que se ponga de manifiesto un concepto radicalmente nuevo de Dios como explicación. El concepto de Dios no debe ser una construcción del pensamiento humano, porque el hombre no puede descubrir lo que está oculto, ya que lo oculto está relacionado con Dios. Si hemos de conocer la razón por la que Dios está oculto, no puede ser descubierta por la mente humana. <b>La respuesta debe venir del Dios oculto. Esto sólo puede ser posible con la idea de revelación. </b>Dado que el budismo, el hinduismo, el confucianismo y el taoísmo no reclaman revelación, no hay palabra del Dios oculto. En el caso del budismo y el hinduismo hay meditación, no revelación. No obstante, existe un lugar en la Biblia donde se revela la razón de la ocultación de Dios.</p>
<p style="padding-left: 80px;"> «Porque yo <i>soy</i> Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para<br />
ser vuestro Dios; seréis, pues, santos, porque yo soy santo.» Levítico 11:45</p>
<p>La santidad requería separarse de los pecados de los paganos e idólatras que los rodeaban. Requería pureza moral personal en la vida y cuando el pueblo de Israel continuó rebelándose contra Dios, Él se apartó de ellos y los llevó a juicio por sus pecados. Jeremías escribió:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues,<br />
y ve cuán malo y amargo <i>es</i> el haber dejado tú a Jehová tu Dios». (2:19)<br />
«Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas». (5:25)</p>
<p>El resumen de esto se describe en el libro de Romanos, donde se explica que Dios los dejó seguir su propio camino hacia su propia autodestrucción.</p>
<p>El concepto de <i>Deus absconditus</i> (o Dios oculto) está estrechamente relacionado con la razón de su ocultamiento. <b>Para Pascal la explicación de la ocultación de Dios está en el pecado del hombre.</b> Cuando el pecado no se toma en serio, la identificación del hombre con lo divino resulta fácil. Donde el pecado es un acto grave contra lo divino, un acto ético y una desviación ética, no es posible identificar al hombre con Dios.</p>
<p>Hay que subrayar la diferencia cualitativa entre Dios y el hombre. En su mayor parte, las tradiciones religiosas del mundo no se toman en serio el pecado. Brunner declara: «La contrapartida de la religión no histórica, la religión sin mediador, es la incapacidad de reconocer el carácter radical de la culpa del pecado. Es un intento de crear una relación con Dios que no tiene en cuenta el hecho de la culpa». (Brunner,<i> The Christian Doctrine of the Church, Faith and the Consummation</i>, p. 7)</p>
<p>En el concepto del Dios oculto, no se puede concluir de la observación que Dios es santo o que es amor. Este es un mensaje que tiene que venir de Dios al hombre; no se ha originado en el hombre.</p>
<p style="padding-left: 80px;">«El mensaje de que Dios es Amor es algo totalmente nuevo en el mundo.<br />
Lo percibimos si intentamos aplicar la afirmación a las divinidades de las<br />
diversas religiones del mundo: Odín, Zeus, Júpiter, Brahma, Ahura Mazda,<br />
Visnú, Alá, cada uno de estos es Amor. Todas estas combinaciones son<br />
totalmente imposibles. Incluso el Dios de Platón, que es el principio de<br />
todo Bien, no es Amor. Platón habría recibido la afirmación “Dios es Amor”<br />
con un movimiento de cabeza desconcertado». (Brunner, p. 200)</p>
<p>Brunner continúa diciendo que es posible encontrar un Dios «bondadoso» en algunas de las religiones del mundo, «pero el hecho de que Dios es Amor, y por tanto que el amor es la esencia misma de la Naturaleza de Dios, nunca se dice explícitamente en ninguna parte, y menos aún se revela en la autoentrega divina. El dios de la religión bhakti, que a menudo se considera similar al cristianismo, es «esencialmente —en su relación con el mundo— totalmente desinteresado».</p>
<p>Para concluir este apartado, debemos afirmar la ocultación de Dios. Si Dios está oculto, debemos conocer su razón. Esto significa que si hemos de saber de Dios y cómo es, este conocimiento no se encontrará de otra manera que no sea hablando Dios. Dado que Dios está oculto, debemos rechazar los planteamientos de la vida religiosa que equiparan al hombre con Dios. Si Dios está oculto, la razón de su ocultamiento será dada por Dios y no podrá ser descubierta sólo por el hombre. Una pregunta crucial que entra aquí es: ¿Ha hablado Dios de forma clara sobre estas cosas? Esta pregunta se responderá más adelante.</p>
<h2><b>2) La verdadera religión debe explicar la miseria del hombre.</b></h2>
<p>Pascal escribió: «Para que una religión sea verdadera, debe tener conocimiento de nuestra naturaleza. Debe conocer su grandeza y su pequeñez, y la razón de ambas». (<i>Pensées </i>433) Y continua: «La verdadera religión enseña nuestros deberes; nuestras debilidades, nuestro orgullo y lujuria; y los remedios, la humildad y la mortificación.» (<i>Pensées</i> 493) La perspicacia de Pascal sobre la naturaleza del hombre es la que puede surgir naturalmente de una observación inductiva. Sobre la condición del hombre dice: «¡Qué novedad! ¡Qué monstruo, qué caos, qué contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas, gusano imbécil de la tierra; depositario de la verdad, sumidero de la incertidumbre y del error; ¡orgullo y basura del universo!». (<i>Pensées</i> 434, p. 143)</p>
<p>La historia del hombre da sobradas pruebas de que algo anda mal en el hombre. ¿Por qué las guerras, los asesinatos, las intrigas, las conspiraciones, el odio, la explotación y la codicia del hombre? ¿Qué explicación podemos dar a los males que se hacen unos a otros? ¿Por qué hay luchas internas en familias, comunidades, tribus y naciones? ¿Por qué los males del pasado se transmiten a las nuevas generaciones como si les hubieran sucedido a ellas? Alguien ha dicho que si no se hubiera conocido la doctrina del pecado original habría que inventarla. Hay algo radicalmente erróneo en la humanidad.</p>
<p>¿Qué es lo que mejor explica la miseria del hombre? La respuesta de Pascal (en cuanto a la religión verdadera) se encuentra en la pequeña y significativa palabra «pecado». Hemos dicho que el pecado como concepto falta en gran parte del pensamiento religioso del mundo. Aquí pueden surgir malentendidos si no tenemos cuidado. En muchas religiones, dependiendo de su orientación, el pecado no se entiende en términos éticos. El pecado es un impedimento no ético, o una forma errónea de pensar que impide alcanzar la unión con el alma del mundo. En el pensamiento de los hindúes, por ejemplo, el pecado es el pensamiento equivocado continuado sobre la existencia real de la individualidad. Este pecado no es ético, sino una cuestión de conocimiento erróneo. En este sentido, el pecado puede definirse como maya, o ilusión. Una situación similar prevalece en la Ciencia Cristiana en América. El pecado es el pensamiento erróneo.</p>
<p>Con referencia al pecado, tal como se ve en ciertas formas del bhakti hindú, Kraemer declara: «El pecado en estas religiones no es el resultado de una voluntad humana egocéntrica y mal dirigida que se opone a la voluntad del Dios de santidad y rectitud, sino un impedimento para la realización de esa comunión del alma con Ishvara, en la que consiste la salvación». (Kraemer, p.172)</p>
<p>A medida que se profundiza en la verdadera naturaleza de la expresión religiosa, se observa que el pecado se considera generalmente insignificante y que muchas religiones son en realidad medios de «autorredención, autojustificación y autosantificación», (Kraemer, p. 94) conceptos que básicamente ignoran el pecado.</p>
<p>Siguiendo la pista de Pascal, se puede concluir que sólo hay un concepto adecuado para explicar la miseria del hombre, tal y como se puede observar,  y es el pecado como rebelión voluntaria contra un Dios santo. La pecaminosidad del hombre ha hecho que éste pervierta su culto religioso. Se ha desviado del Creador hacia las criaturas y venera a una vaca o a otros animales, mientras sus hijos mueren de hambre por falta de proteínas. Le ha quitado la comida a sus bebés hambrientos para dársela a un ídolo que no la consume. Su hambruna no se debe únicamente a su ignorancia de la tecnología moderna; su religión, con su inadecuada definición del pecado y el énfasis que pone en él, puede explicar gran parte de su miseria. Hay mucha religión mala en el mundo, además de buena.</p>
<p>Para concluir esta sección, debemos decir que estas dos proposiciones van juntas. La mejor forma de definir el pecado sería explicando las razones de la ocultación de Dios. Está oculto en su relación con los hombres por dos razones: en primer lugar, es santo y su naturaleza va en contra de todo el entramado del pecado; en segundo lugar, su ocultación es para la protección del hombre. Si la santidad de Dios se revelara contra el hombre en su pecado, éste no podría sobrevivir. Su gracia y amor hacia el hombre proporcionan la razón para que se retire de la presencia del hombre. Debido a que está oculto, sólo podemos saber del pecado contra Él por su revelación a la humanidad.</p>
<h2><b>3) La verdadera religión debe enseñar cómo el hombre puede conocer al Dios oculto, o dar el remedio para su alejamiento y miseria. </b></h2>
<p>Pascal declaró: «La verdadera religión, pues, debe enseñarnos a adorarle sólo a Él y a amarle sólo a Él. Pero nos encontramos incapaces de adorar lo que no conocemos, y de amar cualquier otro objeto que no seamos nosotros mismos, la religión que nos instruye en estos deberes debe instruirnos también de esta incapacidad, y enseñarnos también los remedios para ella.» (<i>Pensées</i> 489)</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Sólo conocemos a Dios por Jesucristo. Sin este mediador, toda comunión con Dios<br />
queda suprimida: por Jesucristo conocemos a Dios&#8230; En Él, pues, y por Él, conocemos<br />
a Dios. Aparte de Él, y sin la Escritura, sin conocer el pecado original, sin un mediador<br />
necesario prometido y encarnado, no podemos probar absolutamente a Dios, ni enseñar<br />
la recta doctrina y la recta moral. &#8230; Jesucristo es entonces el verdadero Dios del hombre.<br />
Pero conocemos al mismo tiempo nuestra miseria; porque este Dios no es otro que el<br />
Salvador de nuestra miseria. De modo que sólo podemos conocer bien a Dios conociendo<br />
nuestras iniquidades». (<i>Pensées</i> 546)</p>
<p>Y continua:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Todos los que buscan a Dios sin Jesucristo, y que descansan en la naturaleza, o no<br />
encuentran luz que les satisfaga, o llegan a formarse por sí mismos un medio de<br />
conocer a Dios y de servirle sin mediador.» (<i>Pensées </i>555)</p>
<p>La idea básica es la necesidad de un mediador. Los hombres en sus tradiciones religiosas a menudo ignoran la existencia de Dios, o hacen de la religión una forma de vida y un logro humano para «comprar» a Dios, o bien asumen que uno puede entrar en comunión con Dios mediante alguna experiencia mística que ignora la santidad de Dios. En todos estos intentos de entrar en relación con Dios, se ignoran las dos primeras proposiciones. Dios no necesita las orgullosas actividades religiosas del hombre, ni se unirá en experiencia mística con hombres presuntuosos y pecadores. El dios que acepta tales cosas no es un dios santo.</p>
<p>Sin embargo, si Dios está verdaderamente oculto, como es cierto según la observación y la experiencia, entonces es imposible que los hombres lo encuentren buscándolo. Dios debe venir al hombre, pero Dios no tiene ninguna razón básica para la Encarnación. El hombre en su miseria y pecado no puede entrar en la presencia de un Dios santo.</p>
<p>La necesidad de un mediador la señala Soren Kierkegaard en su pequeño libro titulado <i>Fragmentos filosóficos</i>. Cuenta la historia de un rey que se enamoró de una humilde doncella. Era un rey poderoso; todas las naciones temían su ira. Pero el rey estaba ansioso, como todos los hombres, cuando se trataba de conseguir a la chica adecuada para que fuera su esposa. El pensamiento que entró en su mente fue el siguiente: ¿Sería ella capaz de reunir la suficiente confianza como para no recordar lo que el rey deseaba, para olvidar que él era un rey y que ella era una humilde doncella? El rey estaba preocupado de que ella reflexionara sobre esto y dejara que le robara la felicidad. Si el matrimonio era desigual, la belleza de su amor se perdería.</p>
<p>Al rey se le podían sugerir varias alternativas. Primero, podría elevarla a su estatus y olvidar la desigualdad. Pero siempre existiría la posibilidad de que la doncella pensara que, después de todo, ella era una plebeya y él un rey. Un matrimonio así podría consumarse, pero el amor nunca se mantendría sobre una base de igualdad.</p>
<p>Si, por el contrario, alguien le propusiera que el rey se presentara ante ella en todo su esplendor y gloria, y que ella se postrara y lo adorara, y se sintiera humillada por el hecho de que se le hubiera concedido una gracia tan grande, podría sentir en su corazón que el rey le había hecho un gran servicio.</p>
<p>A esto el rey sin duda exigiría la ejecución de la persona que sugiriera esto como alta traición contra su amada. El rey no podía entablar una relación así. Tal era el dilema real. (Hoy día hay muchas culturas religiosas que someten a la gente. Tal adoración forzada es un insulto al ser al que se adora).</p>
<p>No obstante, la tercera alternativa tiene una solución. El rey debía descender y renunciar así a su trono para convertirse en un plebeyo con el fin de amar a la doncella como a una igual.</p>
<p>Kierkegaard aplica esta historia a la relación de Dios con el hombre. Dios podría haber elevado al hombre a su presencia y transformarlo para llenar su vida de alegría por toda la eternidad. Pero el rey, conocedor del corazón humano, no lo consentiría, pues sólo acabaría en autoengaño. A esto Soren Kierkegaard dice: «Nadie se engaña tan terriblemente como quien no lo sospecha». (<i>Fragmentos filosóficos</i>, p.22) Por otra parte, Dios podría haber provocado la adoración del hombre, «haciéndole olvidarse de sí mismo por la aparición divina». Tal procedimiento no habría agradado al hombre, ni tampoco al rey, «que no deseaba su propia glorificación, sino la de la doncella». Se trata de una alternativa imposible debido a la santidad de Dios.</p>
<p>A este respecto, Soren Kierkegaard dijo: «Vivía una vez un pueblo que tenía una profunda comprensión de lo divino. Este pueblo pensaba que ningún hombre podía ver a Dios y vivir (¡quién capta esta contradicción del dolor: no revelarse es la muerte del amor, revelarse es la muerte del amado!)» La santidad de Dios revelada al hombre pecador habría significado su destrucción. Por eso Dios está oculto.</p>
<p>La tercera alternativa para lograr la reconciliación o unión entre Dios y el hombre es la misma que para el rey. «Puesto que hemos comprobado que la unión no podía realizarse mediante la elevación, debe intentarse mediante un descenso. &#8230; Para que la unión pueda realizarse, Dios debe, por tanto, hacerse igual a tal persona y así aparecerá en la vida de los más humildes, pero el más humilde es aquel que debe servir a los demás y Dios aparecerá, por tanto, en forma de siervo».</p>
<p>En Jesús tenemos al Dios-hombre caminando por las costas de Galilea, curando a los enfermos, resucitando a los muertos, predicando la buena nueva del Reino de Dios y, en última instancia, resucitando de la muerte.</p>
<p>Tanto Kierkegaard como Pascal apoyan la idea de que sólo el cristianismo ofrece un mediador. Gautama, Confucio, Mahoma y otros no pretendieron ser más que hombres con perspicacia religiosa.</p>
<p>Antes de concluir esta sección, conviene hacer una referencia al judaísmo, el cristianismo y el islam. El judaísmo ha de considerarse una «religión verdadera» sólo hasta dónde llega, o sea fiel a sí mismo. El último de los profetas del Antiguo Testamento apareció en Juan el Bautista llamando a Israel a tomar una decisión. Con Juan el Bautista, el Antiguo Testamento se cumple a sí mismo. El Antiguo Testamento habla de un Mesías venidero, con muchas referencias que comienzan en el Génesis, el Deuteronomio y las muchas referencias en los libros proféticos. Isaías ofrece imágenes muy gráficas del futuro rey. Una virgen dará a luz y el niño se llamará Emanuel. (Is.7:14) Por otro lado Isaías 9:6-7 declara:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro;<br />
y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,<br />
Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono<br />
de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia<br />
desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.».</p>
<p>Isaías 11 ofrece un futuro prometedor al reino de David, como una rama que brota de un tocón. (Is. 11:1)</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia,<br />
espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.» (Is. 11:2)</p>
<p>Miqueas 5:2 revela el lugar del futuro rey de Israel: Belén. Por otro lado, Jeremías amplía la esperanza, especialmente en los días en que el reino estaba cayendo. Declaró la promesa de Dios:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo,<br />
y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.» (Jer. 23:5)</p>
<p>Más tarde Dios dice que romperá el yugo que les mantiene en la esclavitud y «servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré.» (Jer. 30:9)</p>
<p>Ezequiel promete un futuro después de su juicio actual en el que Dios dice: «levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. » (Ez. 34:23) Con un motivo diferente, hay una serie de pasajes en Isaías que se centran en el siervo de Jehová. El más destacado es Isaías 52:13-53:12 sobre el siervo sufriente.</p>
<p>Hay muchos otros pasajes en el trasfondo de Israel en los días de Jesús en los que eran evidentes las esperanzas de un mesías. El Mesías no apareció de la nada sin ningún fundamento. Los primeros discípulos de Jesús vieron en él el cumplimiento de estas promesas.</p>
<p>Juan el Bautista profetizó que Jesús era el cumplimiento de las antiguas profecías. Es cuestionable que el judaísmo pueda considerarse una continuación de la religión del Antiguo Testamento, sobre todo porque la influencia autoritaria del Talmud ha configurado la vida religiosa postbíblica. El Talmud encarna la forma de pensar criticada por Jesús, según la cual la tradición oral había superado a la Torá escrita.</p>
<p>El islam plantea un problema particular en relación con el cristianismo y la cuestión de si es el sucesor definitivo del judaísmo y el cristianismo. El islam afirma que se sitúa en la línea de los profetas y la revelación bíblica del judaísmo y el cristianismo. Pero, ¿es así? ¿Podemos equiparar a Alá con el Yahvé del Antiguo Testamento? Los musulmanes hacen esta afirmación. Pero consideremos lo siguiente.</p>
<p>En primer lugar, ¿quién es Alá? Cuando Mahoma predicó a los mecanos no introdujo un nuevo dios, sino que proclamó que uno de sus muchos dioses, Alá, era el mayor y único dios. Los mecanos no acusaron a Mahoma de predicar un dios diferente al que ellos conocían. Exigió que creyeran en un solo dios, no en muchos, cómo se aceptaba antes. Se trata de una controversia aún no resuelta en la medida en que hay pensadores que hablan de Alá como el dios-luna representado por el símbolo de la media luna, el símbolo del Islam. La luna creciente está en mezquitas y minaretes, se encuentra en las banderas de las naciones islámicas y el mes de Ramadán comienza y termina el ayuno con la aparición de la luna creciente. Sólo el tiempo dirá cómo se desarrollará esta controversia.</p>
<p>En segundo lugar, los musulmanes afirman que el Antiguo y el Nuevo Testamento han sido corrompidos por judíos y cristianos para desbaratar la afirmación musulmana de que Mahoma fue profetizado en la Biblia. (¡Increible!) Hay muchos manuscritos anteriores a la época de Mahoma. El Codex Vaticanus y el Codex Sinaiticus, entre otros, son anteriores al nacimiento de Mahoma. Hay otras versiones que existían antes del surgimiento del Islam, es decir, la siríaca, la siríaca antigua, la armenia, la etíope, la Peshitta y la Vulgata en latín. Es un disparate que los musulmanes argumenten que las Escrituras han sido corrompidas por los judíos y los cristianos.</p>
<p>Es interesante que Mahoma considerara que las las Escrituras eran fiables, al contrario que los escritores musulmanes posteriores. Mahoma pidió a los judíos que consultaran el Antiguo Testamento para ver si allí se mencionaba su nombre. El Corán dice sobre Jesús:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«[Alá] Ha hecho que descienda sobre ti el Libro con la Verdad confirmando lo<br />
que ya había, al igual que hizo descender la Torá y el Inyil (evangelio)<br />
anteriormente como guía para los hombres. Y ha hecho descender<br />
el Discernimiento.» (Sura 3.3-4)</p>
<p> Si el Corán y Mahoma consideraban que la Biblia era fiable, entonces los musulmanes tienen un problema. Si el Corán tiene razón en este punto, entonces la Biblia también la tiene. Si la Biblia es correcta, la ideología musulmana no puede estar en armonía con la Biblia.</p>
<p>En tercer lugar, el carácter de Mahoma no se parece al de ningún profeta de la Biblia. Muchas de sus afirmaciones sobre sus revelaciones son egocéntricas. La afirmación de Mahoma de que los musulmanes sólo podían tener cuatro esposas mientras que él podía tener las que quisiera es egocéntrica. Mahoma no soportaba el ridículo y por eso mató a una mujer mecana que escribió poesía satírica contra él. Las órdenes de matar a los infieles, a los que le rechazaban, hacen de Mahoma un hombre de guerra, no de paz. Mahoma dirigió a su ejército en unas 18 batallas y planeó otras 38 aproximadamente. La historia del Islam a partir de Mahoma es una historia de guerra, conquista, codicia y tiranía. El Islam no permite la libertad de expresión religiosa. No entiende, ni reconoce que la adoración forzada, la adoración coercitiva no es adoración real en absoluto. La adoración forzada sólo complacería al Diablo, no a Yahvé.[Lean <a href="https://enguardia.org/el-amor-de-dios-en-el-coran-y-la-biblia/"><em>El Amor de Dios en el Corán y la Biblia</em></a>]</p>
<p>No podemos concluir que el dios del Islam sea el mismo que el Yahvé del Antiguo Testamento que se encarna en Jesús de Nazaret para redimir a la humanidad. Esta finalidad en Cristo elimina a cualquier otro profeta venidero como Mahoma. La epístola de los Hebreos habla con finalidad de la última palabra de Dios, la palabra más estimada, que viene en su Hijo. Por tanto, el islam no puede considerarse una extensión, culminación o finalización de la tradición judeocristiana. El Nuevo Testamento menciona a muchos profetas, pero estos estaban de acuerdo con el Evangelio cristiano y no pretendían sustituir la revelación del Nuevo Testamento ni reclamar una revelación diferente. (Mt. 23:34; Hch. 11:27-29; 13:2-3; 15:32;21:9-11; 1 Co. 12:28-29; Ef. 2:20; 3:5;4:11, por ejemplo)</p>
<h2><b>La unicidad de Cristo</b></h2>
<p>Siguiendo la línea del argumento de Pascal, se puede concluir que sólo el cristianismo da la mejor respuesta a las tres preguntas: ¿Por qué Dios está oculto? ¿Por qué el hombre está en la miseria? ¿Cómo puede el hombre conocer a Dios? Si podemos decir que Jesucristo es el mediador, entonces hay algunas cosas sobre su persona que son importantes, las cuales nos revelan que fue único como fundador, a diferencia de otros fundadores.</p>
<p>La Encarnación es una necesidad para el acto de la redención. La experiencia humana ha demostrado, vista con honestidad, que el hombre es incapaz de redimirse a sí mismo. Todo lo que no sea Dios como Redentor es burlarse de la idea. P. T. Forsyth dijo una vez, al subrayar el lugar de la Encarnación: «Un Dios a medias no puede redimir lo que hizo falta que hiciera un Dios entero». En ninguna de las otras religiones vivas del mundo hay una reivindicación por parte de un fundador de que él era el Hijo de Dios en el sentido único de la palabra. Esta pretensión corresponde únicamente a Jesucristo.</p>
<p>A veces se argumenta que la fe cristiana es única en relación con los sublimes dichos de Jesús. Esto no prueba nada. El erudito judio Claude Montefiore ha demostrado que Jesús dijo poco que fuera nuevo y diferente del pensamiento del judaísmo, pero habló con autoridad, a diferencia de los rabinos que citaban las tradiciones. Lo único que encontró que era bastante distintivo fue la imagen del Divino Pastor saliendo al desierto en busca de una oveja perdida. Esto es sólo un fragmento de la verdad de la unicidad de la fe cristiana. La singularidad de Jesús no está en lo que dijo, sino en quién era, qué hizo y adónde fue. Los fundadores de las religiones del mundo propusieron caminos de auto-liberación, auto-santificación y auto-realización. Jesucristo, en cambio, hizo por el hombre algo que el hombre no podía hacer por sí mismo. Por eso hay un evangelio, una buena noticia, y es la noticia de algo que ocurrió en Jerusalén en un momento determinado de la historia. El acontecimiento que tuvo lugar fue la redención del hombre en la persona de Jesucristo. Su vida, muerte y resurrección son los acontecimientos redentores. Sólo Él dio su vida como expiación por la humanidad alienada. Ningún otro fundador de una religión dio su vida por la humanidad, por ti y por mí.</p>
<p>Con respecto a todos los fundadores de las religiones solo queda por afirmar lo siguiente: ¡murieron y fueron enterrados! La historia de sus vidas termina ahí. La palabra concerniente a Cristo es diferente. Él salió de la tumba, fue resucitado y ascendió al Padre. Sin la resurrección, sólo se podría concluir que Jesús fue un gran maestro, tal vez un segundo Moisés, pero con la resurrección se declara que es el Hijo de Dios. Sobre esto Barth dice:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«El conocimiento que los Apóstoles adquirieron sobre la base de la<br />
Resurrección de Cristo, cuya conclusión es la Ascensión de Cristo,<br />
es esencialmente este conocimiento básico de que la reconciliación<br />
que tuvo lugar en Jesucristo no es una historia casual, sino que en esta<br />
obra de la gracia de Dios tenemos que ver con la palabra de la<br />
omnipotencia de Dios, que aquí entra en acción una cosa última y<br />
suprema, detrás de la cual no hay otra realidad».</p>
<p>Aunque es evidente que uno no puede hacerse cristiano sobre una base puramente racionalista, la fe cristiana es la única que da respuestas adecuadas a las preguntas de la mente sobre los hechos de la observación y la existencia. El fundador de la fe cristiana posee una singularidad que no puede duplicarse ni tiene parangón en los fundadores de otras religiones. Concluimos con Pascal que «<b>el conocimiento de Dios sin el de la miseria del hombre produce orgullo. El conocimiento de la miseria del hombre sin el de Dios causa desesperación. El conocimiento de Jesucristo constituye el término medio, porque en Él encontramos tanto a Dios como (las respuestas a) nuestra miseria</b>.» (Pensées 526)</p>
<p>La línea de pensamiento de Pascal señala la importancia de la visión original del fundador de la religión.El judaísmo talmúdico es tan legalista que apenas se aprecia su relación con la Torá. El budismo está fragmentado en dos grandes divisiones con montones de subdivisiones. El budismo mahayana tiene poca relación con la simplicidad de la perspicacia de Gautama. En la tradición cristiana, el concepto de desarrollo de la tradición católica parece muy alejado de la Iglesia primitiva tal y como se describe en el Nuevo Testamento. Cuando los individuos y los movimientos se han desviado del modelo establecido en las Escrituras, se enfrentan a la crítica del Fundador, Jesucristo. No hay justificación para un desarrollo alejado de la persona de Jesucristo.</p>
<h2><b>La exclusividad del Evangelio</b></h2>
<p>Las proposiciones de Pascal pueden llevar a la conclusión de que sólo la fe cristiana da las mejores respuestas a la experiencia observable del hombre. Al mismo tiempo, el Nuevo Testamento está escrito sobre el supuesto de que ha tenido lugar la revelación final de Dios. En contraste con el judaísmo y el Antiguo Testamento, se declara que la revelación de Dios en su Hijo es la máxima expresión de Sí mismo para el hombre (Hebreos 1:1-3). Se dice que Jesucristo es mejor mediador del pacto que Moisés (Heb. 9:15), mejor sumo sacerdote que Melquisedec (Heb. 7:1-28) y un mejor sacrificio que el ofrecido por el sacerdocio levítico (Heb. 8-9). Estas referencias implican la culminación o cumplimiento del judaísmo.</p>
<p>Pablo, predicando a los habitantes de Atenas, declaró al Dios Creador desconocido entre los paganos. Todas las demás representaciones en oro, plata y piedra se deben a la forma corrupta de pensar del hombre (Hechos 17:29). La predicación de Pedro en Jerusalén fue con la intención de que «no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.» (Hechos 4:12) El punto de vista del Nuevo Testamento es idéntico en exclusividad con el de Isaías: «Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.» (Is. 45:21-22)</p>
<p>No sólo hay un punto de vista exclusivo expresado en el Nuevo Testamento, sino que otras religiones son «formas» que niegan el poder de la piedad. (2 Tim. 3:5) Los creadores de nuevas religiones o conceptos religiosos ajenos al evangelio apostólico son comparados con la gangrena que corroe la carne (2 Tim. 2:17). Los seguidores de tales «religiones extrañas» son predichos en 1 Timoteo 4:1-2. Cualquier cosa contraria a Cristo es anatema. (Col. 2:8; Gál. 1:8)</p>
<p>Es muy obvio que el cristianismo hace afirmaciones exclusivas de ser la única forma correcta de conocer a Dios. Puede que a uno no le guste o no esté de acuerdo, pero la afirmación está ahí. A un hombre de fe cristiana puede no gustarle, pero no es libre de cambiarla por sentimentalismo. A veces puede no gustarnos la ley de la gravedad, pero hay cosas que no podemos cambiar debido a la naturaleza del universo.</p>
<p>Con una actitud excluyente por un lado y diferentes puntos de vista religiosos por otro, ¿qué se puede decir a todo esto? ¿Podemos concluir con Schleiermacher que existe una «esencia de la religión» que es común a todas las religiones y que se manifiesta de diferentes formas? ¿O tiene razón Brunner cuando dice: «Es imposible ser cristiano (en el sentido del Nuevo Testamento) y aceptar al mismo tiempo la opinión de que existe una “esencia de la religión” universal de la que el cristianismo tiene una parte predominante. La revelación cristiana y estas teorías “relativas” de la religión se excluyen mutuamente». (Brunner, <i>Revelation and Reason</i>, p. 220)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El amor de Dios en el Corán y la Biblia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[John Gilchrist]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jun 2023 15:31:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[teología]]></category>
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					<description><![CDATA[En la Biblia el mandamiento de amar a Dios es el más grande y principal de todos sus mandamientos. Todas las demás leyes y todas las enseñanzas de los profetas se resumen en esta única ley, ¿pero que dice el Corán con respecto al amor de Dios? ¿Cómo ama Alá a las personas?¿Qué nos enseña Jesús sobre el amor de Dios?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2></h2>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-2314 size-full" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/Biblia_Coran.jpg" alt="La Biblia y el Corán. El amor de Dios" width="1320" height="720" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/Biblia_Coran.jpg 1320w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/Biblia_Coran-300x164.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/Biblia_Coran-1024x559.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/Biblia_Coran-768x419.jpg 768w" sizes="(max-width: 1320px) 100vw, 1320px" /></p>
<p><b>John Gilchrist — </b>Titulo original: <a href="https://answering-islam.org/Gilchrist/love.html" target="_blank" rel="noopener"><i>The Love of God in the Quran</i></a><i></i></p>
<p><div class="su-accordion su-u-trim"></div><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span><strong>1. El gran y primer mandamiento</strong></div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim"> Obedecer a Dios es sin duda importante. No obstante Jesús declaró que el gran mandamiento era amarlo con todo el corazón, alma y mente. (Mateo 22:37-38)</div></div> <div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span><strong>2. El amor de Dios en el Corán</strong></div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">Aunque el Corán habla sobre el amor de Dios (Alá) estos son siempre en referencia a las obras del fiel musulmán. No hay un amor incondicional por parte de Alá, ni un amor libre por parte del creyente. </div></div> <div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span><strong>3. La paternidad de Dios en la Biblia</strong></div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">La Biblia es única en cuanto al concepto de Dios como Padre. Esta relación es una de las formas en las que Dios expresa su amor y su intima relación con aquellos que han aceptado al Hijo. </div></div><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span><strong>4.  La revelación de Dios en Jesucristo</strong></div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim"> El amor más grande lo encontramos en la misma obra de Jesús, el cual vino a poner su vida por la nuestra para obtener el perdón de todos nuestros pecados.</div></div><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span><strong>5. El amor de Dios a través del Espiritu Santo</strong></div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">Una de las maneras que el cristiano experimenta el amor de Dios es a través del Espiritu Santo, el cual mora en cada una de las personas que ha decido creer en Jesús. </div></div></p>
<p><a href="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2023/06/El-amor-de-Dios-en-el-Coran-y-la-Biblia.pdf">Descargar PDF — El amor de Dios en el Corán y la Biblia</a></p>
<h4 style="text-align: left;"><div class="su-box su-box-style-default" id="" style="border-color:#000000;border-radius:3px;max-width:none"><div class="su-box-title" style="background-color:#333333;color:#FFFFFF;border-top-left-radius:1px;border-top-right-radius:1px">Deuteronomio 8:6</div><div class="su-box-content su-u-clearfix su-u-trim" style="border-bottom-left-radius:1px;border-bottom-right-radius:1px">“Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios,andando en sus caminos, y temiéndole”. </div></div></h4>
<p><span class="firstcharacter">M</span>oisés pronunció estas palabras a los Hijos de Israel poco antes de morir. No nos deberían resultar extrañas, pues nuestro Creador naturalmente tiene el derecho de exigir que sus criaturas obedezcan sus leyes y mandamientos. Es nuestro deber ineludible guardar las leyes de Dios, y provocamos su ira si no lo hacemos. Así como el siervo está obligado a prestar un servicio leal a su amo, así es deber de todos los hombres temer a Dios y guardar sus mandamientos (Eclesiastés 12:13). Sin embargo, si tuviéramos que preguntar cuál es el más grande de todos los mandamientos de Dios, ¿cuál sería la respuesta? ¿Sería simplemente que debemos creer en la unidad de Dios y cumplir con los deberes que nos impone? ¿O se espera de nosotros una obligación mayor? Escuchemos de nuevo a Moisés para descubrir si en verdad tenemos un mayor deber hacia Dios que el simple mandamiento de guardar sus leyes:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.” (Deuteronomio 10:12)</p>
<p>Una vez más se nos da el mandato de servir a Dios, pero ahora el mandato ha adquirido una nueva dimensión. Se encuentra en esta palabra: “amarlo”. La gran diferencia de esta palabra es que nuestro servicio a Dios no debe ser meramente un ejercicio servil de los deberes que él nos impone, más bien debe ser la expresión de los afectos de nuestro propio corazón hacia él. Moisés notificó cuidadosamente a su pueblo que este es el servicio que Dios espera de los hombres. El mero cumplimiento de un deber no es lo que él requiere. El único servicio que aceptará de los hombres es el que brota del amor que procede del corazón. Moisés enfatiza este hecho una y otra vez durante sus últimas palabras a los Hijos de Israel:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Amarás, pues, a Jehová tu Dios.” (Deuteronomio 11:1)</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios…” (Deuteronomio 11:13)</p>
<p>A sus ojos, por tanto, es de suma importancia que sirvamos a Dios por amor y que todo lo que hagamos lo hagamos por amor a él.</p>
<h2><b>1. El Gran y Primer Mandamiento</b></h2>
<p>Siglos después, un escriba judío se acercó a Jesús y le hizo una pregunta para probar su interpretación de la ley y ver si estaba de acuerdo con las opiniones de los líderes judíos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36)</p>
<p>Los judíos habían estudiado exhaustivamente las leyes de Dios y éste deseaba poner a prueba a Jesús para ver que respuesta le daría a esta pregunta. Enseguida Jesús dijo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y ​​con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento». (Mateo 22:37-38)</p>
<p>El mandamiento de amar a Dios es, por tanto, el más grande y principal de todos sus mandamientos. Todas las demás leyes y todas las enseñanzas de los profetas se resumen en esta única ley de amar al Señor con todo nuestro corazón, alma y mente. Ninguna otra ley puede guardarse fielmente a menos que se guarde en un espíritu de amor.</p>
<p>¿Qué es, sin embargo, el amor? ¿Podemos decir que al esforzarnos por obedecer las leyes de Dios demostramos automáticamente que lo amamos? No se puede discutir que la obediencia a sus mandatos es un aspecto esencial del amor hacia él. Nadie que desobedece sus mandamientos lo ama. Sin embargo, el mero cumplimiento de los deberes religiosos no es prueba de la presencia del amor. Los hombres que se esfuerzan por servir a Dios pueden hacerlo por temor, orgullo o perspectiva de recompensa. El amor, por lo tanto, no es necesariamente la motivación detrás de tal servicio. Debemos servir y obedecer a Dios si lo amamos, pero este servicio debe hacerse por amor y debe estar motivado por el amor. Uno de los discípulos más cercanos de Jesús, el apóstol Juan, lo expresó de la siguiente manera:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.”  (2 Juan 6)</p>
<p>Claramente hay algo intensamente profundo en la obediencia que surge del amor. Cuando analizamos los principios básicos del amor, encontramos ciertos rasgos esenciales que deben estar presentes para que este amor se ejerza de verdad.</p>
<p>En primer lugar, el amor debe ser genuino (Romanos 12:9). Debe ser una expresión desinhibida de los afectos del corazón. Debe haber completa libertad para que tal amor se ejerza genuinamente. Si hay alguna presencia de miedo en el corazón, el amor no puede mostrarse abiertamente. <b>El miedo al castigo automáticamente descalifica a una persona para amar genuinamente al que teme</b>. El servicio hacia esa persona se hará con el propósito de aliviar la ira de esa persona hacia él. Tal servicio, por lo tanto, brota no del amor sino de la auto-motivación. El hombre que sirve a Dios porque no tiene la seguridad del perdón de Dios, y busca por este servicio obtener ese perdón, tiene su propio bienestar en el corazón. Él, ciertamente, no ama verdaderamente a Dios, porque el amor no es genuino. El amor, como motivación del corazón, no tiene socios. Para que el amor sea genuino no puede haber ningún otro factor que afecte el servicio de quien busca expresar ese amor.</p>
<p style="padding-left: 40px;">“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18)</p>
<p>En consecuencia, si un hombre sirve a Dios y guarda sus mandamientos a través del amor genuino, no debe haber ningún temor de la ira de Dios en su corazón. Esto hace que sea esencial, desde el principio, que haya un conocimiento completo del perdón en el corazón del hombre que quiere servir a Dios por amor. Ese perdón debe experimentarse ahora, no es una perspectiva incierta de algún momento en el futuro.</p>
<p>Si un hombre no está seguro de la remisión completa de Dios de sus pecados, y si no disfruta de un estado de perdón permanente por todo lo que pueda pensar o hacer, no es posible que sirva a Dios por amor genuino. Aunque profesa amor a Dios, realmente le sirve con el objetivo primordial de obtener su perdón y aliviar su ira. Como hemos dicho, tal servicio está principalmente motivado por sí mismo, porque busca aprobarse a sí mismo en lugar de darle la gloria a Dios. Por lo tanto, si vamos a amar verdaderamente a Dios, primero debemos experimentar el conocimiento perfecto de su perdón en nuestros corazones. Para que nuestro amor sea genuino, debe reinar en nosotros una condición de completa paz con Dios.</p>
<p>En segundo lugar, el amor debe ser expresivo. Si las obras de amor no fluyen del corazón, no hay amor en el corazón del adorador. El amor está vacío a menos que se manifieste de manera apropiada.</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Hijitos, no amemos de palabra ni de palabra, sino de hecho y en verdad”. 1 Juan 3:18</p>
<p>Del lado del hombre, la forma obvia de esta expresión es a través de la obediencia sincera a los mandamientos de Dios. Tal como Jesús lo expresó la última noche que estuvo con sus discípulos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama”. Juan 14:21</p>
<p>Dios no descubrirá amor en nosotros hacia él si no obedecemos sus mandamientos. Sin embargo, si es el deseo de Dios no sólo que obedezcamos sus leyes, sino que lo hagamos completamente por amor, entonces es esencial que haya en la naturaleza de Dios algo que merezca este amor. La expresión del amor del hombre hacia Dios debe ser en respuesta y en agradecimiento por la manifestación del amor de Dios hacia el hombre. Si hay conocimiento del amor de Dios a través de alguna revelación manifestada a los hombres por Dios en la historia, entonces no sólo es posible sino esencial que los hombres expresen su aprecio por este hecho a través del amor hacia Dios.</p>
<p>En uno de los libros más hermosos de la Biblia, el Cantar de los Cantares, tenemos un espléndido ejemplo de este principio. El libro se refiere a los afectos más profundos de un hombre y su novia, el uno por el otro. En una ocasión estando él apartado de ella, ella lo busca desesperadamente, diciendo a sus compañeras:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado,<br />
Que le hagáis saber que estoy enferma de amor.” (Cantares 5:8)</p>
<p>Ligeramente sorprendidas por esta búsqueda decidida para encontrar a la persona que ama (que aparentemente no comparten con sus propias parejas), sus compañeras le responden:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“¿Qué es tu amado más que otro amado?” (Cantares 5:9)</p>
<p>Ella, en una extensa respuesta, detalla el valor de su amado y demuestra que lo considera excelente en todos los aspectos, desde la cabeza hasta los pies. Él es, en su opinión, distinguido entre diez mil. No es de extrañar que de su corazón brota una expresión más profunda de amor por su amado que de las de sus compañeras por sus cónyuges. Ella resume su valor en estas palabras:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable.<br />
Tal es mi amado, tal es mi amigo,<br />
Oh doncellas de Jerusalén.” (Cantares 5:16)</p>
<p>Debido a que supera en honor a todos los demás hombres de su nación, ella naturalmente expresa un afecto más profundo por él que el de sus compañeras por sus maridos. Con estos principios en mente, seguramente debe ser cierto que aquellos que ven lo mejor del amor de Dios hacia los hombres responderán de la manera más ferviente en el amor hacia él. Quienes ven el amor de Dios en las obras de la naturaleza y en las muchas providencias que nos concede, encontrarán la posibilidad de expresarle amor a cambio. Pero si Dios ha demostrado su amor por los hombres entregándose a sí mismo para redimirlos del pecado, ningún hombre en la tierra conocerá la capacidad de amor hacia Dios que tienen los que son partícipes de esta redención. Cuanto más profunda sea la revelación del amor de Dios hacia la humanidad, más profunda será la respuesta de amor hacia él en quienes creen y se apropian de los efectos de este amor.</p>
<p>En tercer lugar, el amor debe ser mutuo. Ningún hombre podrá sostener el amor en su corazón hacia una mujer que desprecia ese amor. Dentro de un matrimonio el amor sólo puede desarrollarse realmente donde los cónyuges se corresponden mutuamente. Si vamos a estar arraigados y cimentados en el amor unos por otros, es necesario que ese amor sea mutuo para que se produzca un equilibrio perfecto. Un logro de tal amor mutuo resultará en una expresión como esta de quien comparte ese amor:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”. (Cantares 6:3)</p>
<p>El amor es la mayor de todas las gracias permanentes (1 Corintios 13:13). Cuando Dios ordena a los hombres que lo amen con todo su corazón, está recurriendo a la mayor de todas las virtudes al hacerlo. Busca la mejor forma de adoración que pueda obtener de ellos. Pero para que tal adoración se desarrolle en los hombres a su mayor potencial posible, la expresión de amor entre los hombres y Dios debe ser mutua. No sólo es necesario que Dios manifieste su amor hacia los hombres, sino que también debe permitir a los hombres la experiencia más plena posible de ese amor en sus propios corazones para que tal amor recíproco se haga verdaderamente presente.</p>
<p>Por lo tanto, formulamos en esta etapa nuestras conclusiones sobre el “gran mandamiento” de que cada uno de nosotros debe amar a Dios con todo su corazón, alma y mente. Este mandamiento demuestra la voluntad de Dios de que los hombres den lo mejor de sí mismos para él. Nada menos que el amor genuino, expresado de manera positiva, es aceptable para Dios. Pero para que esto sea posible por parte de los hombres, se necesitan tres iniciativas por parte de Dios:</p>
<ol>
<li>Debe ofrecer el perdón de los pecados a todos aquellos de quienes espera este amor para que sea real y no perturbado por el miedo.</li>
<li>Debe manifestar y revelar su amor por los hombres de tal manera que ellos puedan responderle con amor.</li>
<li>Debe permitir a los hombres el conocimiento personal de su amor y una experiencia viva de él en sus corazones, si ha de desarrollarse entre él y ellos una comunión recíproca y permanente basada en el amor.</li>
</ol>
<p>A algunas personas les parecerá extraño, incluso presuntuoso, escuchar decir que Dios “debe” hacer estas cosas. No obstante, cuando se consideran todas las implicaciones, resulta obvio que para que las criaturas obedezcan el mandamiento de amar a Dios, estos factores deben estar presentes. De lo contrario, los hombres no pueden ejercer un amor tan genuino hacia Dios como él espera de ellos.</p>
<h2><b>2. El Amor de Dios en el Corán</b></h2>
<p>El cristianismo y el Islam tienen puntos de vista diferentes de Dios. Tanto la Biblia como el Corán afirman ser la Palabra de Dios, pero la teología de Dios a menudo es sorprendentemente diferente en estos dos libros. Sin embargo, lo que aquí nos preocupa particularmente es descubrir en qué libro encontramos la mejor revelación del amor de Dios hacia los hombres. Comencemos por estudiar brevemente la enseñanza del Corán sobre el amor de Dios.</p>
<p>En primer lugar, el Corán exhorta a los hombres a amar a Dios. Quizás el mejor verso del Corán que contiene este mandato es este:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Di: ‘Si amáis a Alá ,¡seguidme! Alá os amará y os perdonará vuestros pecados. Alá es indulgente, misericordioso’” (Sura 3:31)</p>
<p>Significativamente, sin embargo, uno no encuentra en este versículo (ni en ningún otro en el Corán) el mandato de amar a Dios con “todo tu corazón, alma y mente”. La razón es bastante clara en este versículo del Corán. Se exhorta al oyente a amar a Dios [Alá] para que así pueda obtener su amor y su perdón. El objeto básico, por tanto, de este amor es la absolución y aprobación de Dios para el creyente. En consecuencia, la motivación para tal amor debe ser el bienestar y la comodidad del creyente. No se sugiere en el Corán que tal amor deba ejercerse de manera desinteresada, con la gloria de Dios ante todo en la mente del creyente. Por el contrario, el objeto de tal amor es realmente el creyente mismo. Con este amor busca fundamentalmente apartar la ira de Dios y ganar su aprobación en su lugar. Ahora bien, este no es el fruto del amor genuino. Tal amor, como hemos visto, debe ser el ejercicio de los afectos más puros del corazón hacia Dios, no puede ir acompañado de un motivo complementario como el de obtener el perdón de Dios.</p>
<p>Por esta razón, es bastante significativo que el Corán no exhorte al creyente a amar a Dios con todo su corazón. Tal amor del corazón es esencialmente de naturaleza desinteresada. El amor que busca su propia seguridad no procede del corazón. No es la expresión de los afectos más profundos del núcleo mismo del ser de un hombre. El amor en este último sentido busca principalmente la gloria de su objeto, pero el que lucha por la aprobación de Dios y considera principalmente sus propias perspectivas de perdón está fundamentalmente motivado por sí mismo. No puede describirse como amor genuino y ciertamente quien ama a Dios principalmente para obtener su perdón no está cumpliendo el mandamiento real; de hecho, lo que Jesús llamó el “gran y primer mandamiento” de amar a Dios con todo tu corazón, alma y mente. Como vimos anteriormente, el temor a la ira de Dios descalifica a alguien del amor genuino del corazón.</p>
<p>El Corán no le da al creyente ninguna seguridad total del perdón de todos sus pecados de este lado de la tumba. En consecuencia, no es de extrañar que establezca la perspectiva del perdón al final de la vida como la recompensa del servicio a Dios. Incluso entonces no hay seguridad completa de que el creyente será perdonado y el creyente solo puede morir con la esperanza de la misericordia de Dios (Sura 17:57). Sin embargo, se debe enfatizar nuevamente que tal servicio se hace puramente por amor hacia uno mismo con el bienestar de uno mismo en el corazón. Sólo cuando el creyente comienza con el conocimiento total del perdón de Dios, puede servir a Dios libremente por amor genuino. Mientras tema la ira de Dios, es imposible que ejerza verdadero amor hacia Dios con la gloria de Dios como la principal preocupación de su corazón.</p>
<p>En consecuencia, debe concluirse que la enseñanza del Corán no satisface las necesidades del amor genuino. Deja actualmente sin decidir el hecho del perdón y sus exhortaciones a los hombres a amar a Dios se dan con un objetivo principal: la realización de su absolución y aprobación. En tales circunstancias, un hombre no puede amar honestamente a Dios con todo su corazón. No puede expresar tal amor sin alguna perspectiva de absolución y aceptación con Dios ante todo en su alma y mente.</p>
<p>En segundo lugar, encontramos que el Corán dice muy poco sobre la expresión del amor de Dios por la humanidad. Casi invariablemente, el Corán habla de este amor como una expresión de aprobación de aquellos que hacen el bien. Este versículo da un ejemplo típico de este hecho:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Gastad por la causa de Alá y no os entreguéis a la perdición. Haced el bien. Alá ama a quienes hacen el bien.” (Sura 2:135)</p>
<p>A lo largo del Corán leemos que Dios ama a los que hacen el bien y no ama a los que hacen el mal. Esto significa principalmente que aprueba a los que hacen el bien y, en consecuencia, desaprueba a los que hacen el mal. En todos los casos en que aparece la expresión en el Corán, se puede traducir fácilmente “aprueba” en lugar de “ama” sin ningún cambio en el significado de la expresión. El conocimiento y realización de esta aprobación también sólo se conocerá en el Último Día. Esto es prácticamente todo lo que dice el Corán sobre el amor de Dios hacia la humanidad.</p>
<p>A nuestro modo de ver esto es insuficiente para despertar en los hombres el amor sincero hacia Dios. No hay expresión presente de ese amor de Dios que pueda suscitar la respuesta de amor en los hombres hacia él. De hecho, el Corán a menudo apela a lo que es visible en la naturaleza como prueba de la existencia y el carácter de Dios. Pero es el orden en la naturaleza misma lo que revela la existencia y soberanía del único Dios verdadero (Romanos 1:20). El Corán no revela este hecho; simplemente apela a su revelación en la naturaleza. Pero aparte de esto, el Corán realmente no nos dice nada sobre la profundidad del amor de Dios hacia los hombres fuera de lo que se puede descubrir en la naturaleza. No revela ningún gran acto de amor en la historia del trato de Dios con los hombres que provoca la respuesta de un amor sincero hacia él. Para decirlo en pocas palabras, no hay una expresión definida de amor en el corazón de Dios hacia los hombres en el Corán. No se da ninguna prueba de un profundo afecto hacia la humanidad.</p>
<p>El amor filial que un padre tiene por sus propios hijos y la revelación de ese amor no se encuentra en la relación entre Dios y los hombres en el Corán. No conoce el concepto de la paternidad de Dios, mientras que a Dios se le llama comúnmente “el Padre” en la Biblia. No se encuentra un título tan exaltado en el Corán. Además, no hay ninguna manifestación del amor de Dios hacia la humanidad de la forma más grande: la de la abnegación y el sacrificio propio. Uno no encuentra en el Corán una muestra unilateral del amor de Dios expresada en nombre de la humanidad, de tal manera que Dios esté dispuesto a dar de sí mismo para probar y manifestar ese amor. De hecho, incluso con respecto a la enseñanza de que él “ama” los que hacen el bien, no encontramos que este amor sea una expresión del sentimiento en el corazón de Dios hacia los fieles. En el contexto de este hadiz, que es muy consistente con la enseñanza del Corán sobre la actitud de Alá hacia la humanidad (Sura 5:18), vemos muy claramente la falta total de sentimiento en este amor:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Verdaderamente, Alá creó a Adán y luego frotó su espalda con Su mano derecha y sacó una descendencia de él y dijo: Yo los creé para el Paraíso y con las acciones de los habitantes del Paraíso que ellos harán. Luego frotó su espalda con Su mano y sacó de él una descendencia y dijo: Estos los he creado para el Infierno y con las acciones de los moradores del Infierno que harán”. (Mishkat al-Masabih, Vol.3, p.107)</p>
<p>Nos vemos obligados a concluir que no hay ninguna expresión del amor glorioso y sincero de Dios en el Corán que permita a los hombres honrar su deseo y ordenar que lo amemos con todo nuestro corazón, alma y mente. Si Dios en su propia naturaleza no tiene un amor sincero hacia los hombres, no se puede esperar que ellos le expresen tal amor a cambio.</p>
<p>Por último, encontramos, después de lo que ya se ha dicho, que no hay, en la enseñanza del Corán, ninguna capacidad para el amor mutuo entre Dios y los hombres como la que existe entre un hombre y su esposa que descubrimos en el Cantar de los Cantares. No es posible, según el Corán, que los hombres experimenten realmente el amor de Dios en sus propios corazones, tal como un hijo experimenta el amor de su padre y una esposa el amor de su esposo. De hecho, Dios es llamado el “Amado” (al-Wadud) en el Corán, pero solo en dos ocasiones (Sura 11.90 y 85:14). Esta declaración, sin embargo, no implica la profundidad del amor en la naturaleza de Dios tal como se encuentra en la declaración bíblica “Dios es amor” (1 Juan 4:8). En cambio, uno de los grandes teólogos de la historia islámica, al-Ghazzali, se esfuerza por informarnos que la expresión “el que ama” significa mucho menos de lo que parece indicar el título.</p>
<p>Al-Ghazzali explica que este amor consiste únicamente en actos objetivos de bondad y expresiones de aprobación. Niega que haya subjetividad alguna en el amor de Dios, es decir, que Dios sienta amor alguno en su propio corazón hacia la humanidad. En su trabajo sobre los nombres de Dios en el Corán titulado Al-Maqsad Al-Asna, afirma que este título en el Corán es menor, por ejemplo, que «el Misericordioso» (ar-Rahim) &#8211; una opinión con la que nos vemos obligados a estar de acuerdo, porque Dios es llamado «el Misericordioso» más de doscientas veces en el Corán, pero «el Amoroso» sólo dos veces.</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El está por encima del sentimiento de amor”. (Al-Maqsad Al-Asna, p.91).</p>
<p>No queda muy claro cómo alguien puede estar “por encima” del sentimiento de amor. El amor es la mayor de todas las virtudes y cualquiera que no sienta el amor en lo más íntimo de su ser debe estar por debajo de esta gracia excelente; es más, muy por debajo de esta. Pero si es cierto que Dios está desprovisto de tal amor subjetivo hacia la humanidad, entonces los hombres no pueden desarrollar amor en sus corazones hacia él, especialmente en la medida en que lo aman con todo su corazón, alma y mente. Al-Ghazzali confirma este desafortunado hecho sobre el amor de Dios al decir lo siguiente:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El amor y la misericordia se desean con respecto a sus objetos <b>sólo</b> para obtener  su fruto y beneficio y <b>no </b>por empatía o sentimiento”. (Al-Maqsad Al-Asna, p.91)</p>
<p>Por lo tanto, los hombres no pueden alcanzar el mayor de los privilegios: el conocimiento personal y real del propio amor de Dios. Pueden recibir cosas de Dios como muestras de bondad y aprobación, pero Dios mismo no puede ser conocido. No hay posibilidad de una expresión mutua de amor entre Dios y los hombres que pueda desarrollarse y crecer hasta convertirse en una maravillosa comunión y compañerismo entre él y el creyente.</p>
<p>En estas circunstancias podemos entender por qué el Corán omite el mandato bíblico de amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente. Si los hombres no pueden obtener en la actualidad la seguridad total del perdón de sus pecados, no es posible demandar de ellos un amor tan genuino. Si el amor no forma parte de la misma naturaleza de Dios, sino que sólo se discierne a través de lo que da a los hombres; si no ha manifestado de manera específica un profundo amor hacia la humanidad; y si él también niega a los hombres cualquier experiencia personal de su propio amor, entonces no puede haber un amor recíproco genuino. No hay nada en él que pueda despertar la respuesta de tal amor en los hombres.</p>
<p>Sin embargo, tanto Moisés como Jesús declararon que lo fundamental para Dios es precisamente ese amor sincero. ¿Impusieron estos hombres a sus seguidores un mandato imposible o, por el contrario, tenían un conocimiento mayor y más profundo de la verdadera naturaleza de Dios que el que encontramos en el Corán? Debido a su visión limitada del amor de Dios, el Corán sabiamente se abstiene de ordenar a los hombres la mayor devoción posible a Dios: el amor inagotable que brota del corazón. Tal amor solo podría esperarse de los hombres si Dios fuese mucho más grande de lo que presenta el Corán. Dios debe ser mucho más majestuoso, positivamente más grande, claramente superior e infinitamente más amoroso si los hombres han de lograr amarlo con todo su corazón.</p>
<p>Dios sólo puede hacer un reclamo tan elevado de la devoción de los hombres con justicia si Él está preparado ahora mismo para darles el perdón de los pecados, revelar a través de algún acto de amor que Él es positivamente digno de ese amor, y con su Gracia extender a los hombres el pleno conocimiento personal de este amor. Si espera de los hombres la mayor expresión posible de devoción (el amor de corazón), debe ser un Dios digno de ese amor. Vayamos a la Biblia para ver si el Dios de Moisés y Jesús es realmente tal Dios.</p>
<h2><b>3. La Paternidad de Dios en la Biblia</b></h2>
<p>Una de las características llamativas de la Biblia es el título que se refiere a Dios como “Padre”. En las Escrituras no se le da ningún nombre (a diferencia de las otras religiones principales del mundo donde a Dios siempre se le da un nombre en sus libros sagrados), pero siempre aparece con un título, ya sea como “el Padre” o “nuestro Padre” o “Dios el padre”. Cuando se considera la relación íntima que existe entre un padre y sus hijos, es muy fácil comprender por qué no tenemos nombre para Dios. Llamamos a una persona por su nombre cuando nos dirigimos a él, pero su hijo siempre lo llama “padre”. No se dirige a él por su apellido porque él mismo lleva el nombre de su padre. Se le da un nombre a una persona para distinguirle de otrora hombres y un niño lleva el nombre de su padre por su estrecha relación. Pero, en vista de esta intimidad, no es necesario que un padre y su hijo se dirijan el uno al otro por el mismo nombre.</p>
<p>Por lo tanto, si Dios se complace en convertirse en Padre de su pueblo, esto debe significar que está dispuesto a entrar en una relación personal tan profunda con ellos que ningún nombre será necesario para distinguirse de ellos. No solo eso, sino que el mandamiento de amarlo con todo nuestro corazón, alma y mente tiene la mejor perspectiva de cumplimiento si Dios, en un profundo amor por nosotros, está dispuesto a convertirse en nuestro propio Padre. ¿Qué hijo hay a quien su padre no ame? Como dijo Juan:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” (1 Juan 3:1)</p>
<p>Esto no quiere decir que Dios haya tomado para sí descendencia, sino que está dispuesto a acercarse tanto a nosotros en amor que la íntima comunión que resultará de este amor entre él y los verdaderos creyentes sólo puede compararse a la que existe entre un amoroso padre y sus hijos.</p>
<p>Ahora sabemos que Dios es el Juez de toda la tierra y que se ocupará de los pecados de los hombres en el Día de la Ira venidera cuando sus justos juicios serán revelados. Si solo conocemos a Dios como Juez de todos, no podemos esperar misericordia en ese día porque los hombres serán llevados ante los jueces para ser juzgados y condenados por sus pecados. Pero un padre es muy diferente a un juez. Si bien puede castigar a sus hijos en amor y para corregirlos, es el perdón lo que realmente caracteriza la relación entre ellos. Siempre serán sus hijos y, mientras que un sirviente debe trabajar para ganarse su lugar en un hogar, y aun así se queda afuera en su aposento y puede ser despedido en cualquier momento, un hijo tiene absoluta libertad en la casa de su padre. No necesita trabajar para ganarse un lugar allí, ni reside fuera de la casa. No puede ser despedido, sino que sigue siendo el heredero de todas las cosas en la casa de su padre. Lo que es del padre es suyo también. Seguro que todos conocemos la expresión “un día hijo mío, todo esto será tuyo”, simbolizando la herencia que tiene el hijo de todo lo que el padre ha adquirido durante su vida. La siguiente conversación breve entre Jesús y Pedro, su discípulo más cercano, pone de manifiesto este hecho:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos” (Mateo 17:25-26)</p>
<p>En este contexto debemos considerar la enseñanza bíblica de que Dios es el Padre del verdadero cristiano. Si es así, significa que el reino de los cielos es el hogar legítimo de todo verdadero creyente. Debido a que es un hijo de Dios, debe ser reconocido ahora mismo como un miembro legítimo de la familia de Dios (Efesios 2:19). Él no tiene que ganarse su lugar allí, ni nunca será despedido de este reino. De hecho, ni siquiera habitará fuera de este. Tiene tanto derecho a un lugar en el reino de Dios como lo tiene un hijo en la casa de su padre. Si Dios está realmente dispuesto a compartir tal gracia con sus verdaderos hijos, entonces “qué amor” es este que nos ha dado. Jesús dejó en claro que Dios ciertamente desea tener una relación intensamente profunda y personal con el verdadero creyente:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” (Lucas 12:32)</p>
<p>Esta conmovedora promesa nos lleva al tema que nos preocupa particularmente acerca de la autenticidad del amor que los hombres deben tener hacia Dios. Hemos visto que el miedo a la ira de Dios y la incertidumbre de su perdón destruyen el potencial del amor genuino. Ahora bien, si Dios está preparado para ser nuestro Padre, entonces este problema se resuelve inmediatamente. Al convertirse en nuestro Padre, nos ha hecho sus hijos y, por lo tanto, somos liberados del temor a la ira de Dios porque ahora ya estamos seguros de que el cielo es, y siempre será, nuestro verdadero hogar.</p>
<p>Un padre siempre ama a sus propios hijos de una manera muy especial y por muy bien dispuesto que esté hacia los niños en general, siempre tendrá un afecto más profundo por sus propios hijos que por los demás. La razón es simplemente que ve algo de sí mismo en sus propios hijos que no ve en los demás. A pesar de que puede tener hijos muy diferentes entre sí en apariencia y temperamento, de muchas maneras, al mirarlos a ambos, podrá decir: “ese soy yo”. Así también, si Dios se convierte en nuestro Padre, podemos saber que nos tiene un cariño especial, que de alguna manera única ve algo de sí mismo en nosotros, y por eso seguramente nunca nos negará.</p>
<p>Con razón Jesús dijo “No temáis”. El miedo al castigo se ha dejado atrás. Ya no anticipamos un juez en el trono de la justicia ante el cual debemos ser condenados a la perdición eterna por nuestros pecados. Miramos a un padre cuyo reino es nuestra propia casa y nos regocijamos en nuestra esperanza, como hijos, de compartir y heredar su gloria para ser revelada en el último tiempo. Hace dos mil años, Jesús instruyó a sus discípulos, orando a Dios, a invocarlo como “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Esto indica, no un estado que se anhele en la era venidera, sino uno que disfrutan actualmente todos sus discípulos. Así lo expresaron dos seguidores de Jesús; de hecho, dos de los apóstoles más destacados [Pablo y Juan]:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo. (Romanos 8:16-17)</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Amados, ahora somos hijos de Dios.” (1 Juan 3:2)</p>
<p>En estas circunstancias, Dios puede ser conocido como Padre <b>ahora </b>y el que es un hijo de Dios no necesita temer la ira venidera. Los jueces ejecutan la ira sobre los malhechores y los separan de la sociedad; los amos castigan a los esclavos descarriados y los despiden de su servicio; pero los padres aman a sus hijos y siempre lo harán. Así que el cristiano no tiene miedo de la ira de Dios sino sólo el conocimiento de su amor. Como dijo Jesús a sus propios discípulos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El Padre mismo os ama.” (Juan 16:27)</p>
<p>En consecuencia, el cristiano puede poner toda su confianza en Dios, sabiendo que la profunda relación íntima que comparte con él nunca se romperá, porque Dios es su Padre y él es uno de sus hijos. Por lo tanto, el Dios de la Biblia cumple con el primer requisito del amor genuino del corazón. Como padre de todos los verdaderos creyentes, no se le debe temer. El Día del Juicio será, en cambio, un día de gloria para el verdadero cristiano. Dios tiene, en estas circunstancias, el derecho de esperar que aquellos que creen en él lo amen genuinamente con todo su corazón.</p>
<p>Hay una expresión implícita del amor de Dios por nosotros en su declaración de que él es nuestro Padre y, como un Padre puede ser conocido más íntimamente por sus hijos que por cualquier otra persona, el potencial para el amor mutuo aquí es bastante obvio. Prosigamos para entender mejor lo que Dios ha hecho para expresar su amor por nosotros para que sepamos que Él es verdaderamente nuestro Padre y cómo ha hecho posible que ese amor sea mutuo entre él y sus hijos.</p>
<h2><b>4. La revelación del amor de Dios en Jesucristo</b></h2>
<p>Anteriormente hemos visto que el amor debe ser expresivo y, en particular, que Dios debe manifestar su amor por nosotros de alguna manera si vamos a amarlo a cambio con todo nuestro corazón. Pues bien, la Biblia da tal manifestación del amor de Dios; de hecho, muestra la expresión más grande que los hombres jamás podrían esperar de él. En el siguiente pasaje se expone plenamente esta revelación del amor de Dios:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” (1 Juan 4:7-11)</p>
<p>La característica llamativa de este pasaje es la frecuente recurrencia de las palabras “Dios” y “amor”. El escritor está tan convencido del vínculo inseparable entre los dos que lo resume en estas palabras: <b>Dios es amor </b>(1 Juan 4:8). Esto significa que justo en el corazón mismo del interés personal de Dios en los hombres descansa el afecto y la preocupación más profundos posibles. En este caso, el amor de Dios claramente no se encuentra únicamente fuera de sí mismo en “fruto y beneficio”, como sugiere al-Ghazzali. Al contrario, ese amor existe en la naturaleza misma de Dios y es el amor de Dios que se revela a los hombres en el Evangelio. Se puede decir con seguridad que se habla más del amor de Dios en este breve pasaje de la Biblia que en todo el Corán. ¿Qué fue lo que convenció al apóstol Juan de la intensidad del amor de Dios por la humanidad? ¿A qué apela para probar este magnífico amor de Dios hacia los hombres? ¿Qué había hecho Dios para manifestar su amor de tal manera que pudiera hablarse de él como el epítome del amor mismo? Es simplemente esto:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)</p>
<p>Aquí está la prueba de la profundidad del amor de Dios hacia nosotros. Ha hecho lo más grande que podía hacer para revelar su amor por nosotros: dio voluntariamente a su propio Hijo Jesucristo para morir en una cruz por nuestros pecados para redimirnos. No se puede dar a la humanidad mayor prueba de amor que ésta. No es de extrañar que Juan no recurra a nada más para demostrar su punto. Ha dado la mejor prueba posible del amor de Dios hacia los hombres.</p>
<p>¿Cómo podemos comprender la profundidad de este amor? Remontémonos en la historia al profeta Abraham, a quien Dios le ordenó sacrificar a su único hijo. Si preguntamos por qué Dios escogió pedirle a su hijo en lugar de su ganado, bienes o tierra, la respuesta debe ser que el propio hijo de un hombre es muy diferente a estas otras cosas, porque procede de su padre y es parte del mismo padre. En consecuencia, es más querido para el corazón de su padre que cualquier otra cosa. Por lo tanto, la mejor manera en que Dios pudo probar el amor de Abraham por él fue ordenarle que sacrificara a su hijo por él. Porque ciertamente, si Abraham diese a su hijo a Dios, Él le daría todas las cosas. Esto es precisamente lo que la humanidad puede descubrir sobre el amor de Dios por los hombres en el don de su Hijo Jesucristo como sacrificio por la remisión de nuestros pecados:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32)</p>
<p>Aún más, podríamos preguntarnos si Dios alguna vez le pediría a cualquier hombre que expresara su amor por él de una manera más grande y más desgarradora de lo que estuvo dispuesto a mostrar Dios por los hombres. Cuando Dios le pidió a Abraham que le diera a su hijo, ¿no fue esto ciertamente una señal de que una demostración recíproca del propio amor de Dios seguiría con la entrega de su Hijo por nosotros? Si no, entonces debemos concluir que un hombre dio una mayor prueba de su amor por Dios que la que Dios jamás ha dado a toda la humanidad. Esta idea es impensable. Dios nunca le pediría a ningún hombre que hiciera por él más de lo que él mismo está dispuesto a hacer por los demás. Y la maravillosa manifestación de su amor al dar todo lo que tenía en la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo es prueba suficiente de esto.</p>
<p>¿Qué mejor prueba podemos desear del amor de Dios por nosotros? Si ha dado a su Hijo por nosotros, que procede de él, entonces también nos dará todas las cosas con él. Si Él, en su profundo amor, nos ha dado el mayor de todos los dones, debemos estar confiados de que Él nos dará también todas las otras cosas. Además vemos que Abraham, una criatura humilde, estaba dispuesto a dar uno como él por el Dios eterno del universo. Era su deber obedecer cualquier mandato que Dios le diera. Pero, ¿qué deber se le impuso al eterno Padre de los cielos cuando dio a su Hijo, uno como él en todo, para los hombres humildes de la tierra? ¿Qué sino el amor infinito podría haber motivado tal acción?</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)</p>
<p>El Padre no se quedó de brazos cruzados mientras los hombres daban a su Hijo una muerte terrible, ni tampoco en un acto de crueldad hizo de él una víctima inocente. ¡Oh, no! Tanto el Padre como el Hijo, en una muestra unida del maravilloso amor divino por la humanidad, soportaron la separación el uno del otro para asegurar que muchos hombres pudieran salvarse de una separación eterna en el infierno y ser llevados, en cambio, a la eterna comunión y gloria con ellos. Nada más que el amor podría haber soportado la cruz con todos sus horrores. Aquí tenemos una expresión visible del amor de Dios por nosotros. Dios ha manifestado plenamente con su Hijo la profundidad de su amor hacia nosotros:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)</p>
<p style="padding-left: 40px;">“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.” (1 Juan 4:9)</p>
<p>Seguramente los hombres ahora pueden responder a Dios con un amor ilimitado en sus corazones. Aquí está la gloria de la revelación bíblica del amor de Dios en Jesucristo. No sorprende que el Corán tenga tan poco que decir sobre el amor de Dios cuando niega que Dios haya dado a su Hijo para redimirnos de nuestros pecados. Ha negado la mayor manifestación de este amor que jamás podría haber sido dada por Dios a los hombres. Como dijo Jesús:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13)</p>
<p>Esta es la forma de amor más grande y duradera: un amor que es tan fuerte como la muerte (Cantar de los Cantares 8:6) y no puede ser vencido por él. Tal amor se reveló en Jesucristo cuando voluntariamente dio su vida:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (Juan 13:1)</p>
<p>Aquí tenemos prueba, no sólo del inestimable amor de Dios, sino también del hecho de que podemos depender de él para siempre. El verdadero cristiano nunca conocerá una pizca de la ira de Dios porque él es el objeto eterno de su amor inconmensurable. La dádiva voluntaria de su propio Hijo fue prueba perfecta de la veracidad de esta promesa:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Con amor eterno te he amado”. (Jeremías 31:3)</p>
<p>La cruz de Jesucristo fue una prueba magnífica del amor eterno del Padre y del Hijo por la humanidad. Cada uno estaba preparado para soportar la pérdida de la presencia del otro (una circunstancia que no podemos estimar en nuestras mentes) para que nunca nos perdamos. No solo eso, sino que no es de extrañar que después de la muerte de Jesús y su resurrección tres días después, Dios solo es conocido como “Padre” en las Sagradas Escrituras. Este don inexpresable nos muestra más que cualquier otra cosa que Dios está realmente dispuesto a convertirse en nuestro Padre. Por medio de la cruz ha redimido para sí a todos los verdaderos creyentes en su Hijo y ha hecho posible desde ahora el perdón de todas nuestras ofensas para que seamos transformados de hijos de ira, que somos por naturaleza, en hijos de Dios.</p>
<p>Dios no sólo se ha convertido en nuestro Padre a través de lo que Jesús ha hecho por nosotros, sino que, siendo el Hijo eterno del Padre, también nos ha revelado a Dios mismo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9)</p>
<p>Por tanto, no sólo vemos el amor de Dios manifestado en el don de su Hijo Jesucristo, sino que también tenemos el glorioso privilegio de ver en él la personificación misma del amor de Dios. Podemos, en todo lo que Jesús dijo e hizo, obtener un conocimiento muy completo del amor de Dios por nosotros. Porque ningún hombre ha amado jamás como este hombre. Ninguna deidad de ninguna otra religión se compara con él en su amor inagotable por los hombres. Vivió por ellos y murió por ellos. Toda su vida fue una expresión viva de amor. Nunca se vengó de sus enemigos, sino que los amó tanto que incluso oró en la cruz por ellos con estas palabras:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes” (Lucas 23:34)</p>
<p>Dio a sus discípulos una revelación de amor tan notable en todo lo que le vieron hacer en los tres años que estuvo con ellos, que pudo decirles en la última noche que estuvo con ellos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34)</p>
<p>Les ordenó que se amaran como él los había amado. El mundo nunca había visto un amor tan profundo como el que vio en este hombre. Por lo tanto, cuando ordenó a sus discípulos que se amaran unos a otros de la misma manera que él los había amado, era ciertamente un mandamiento nuevo porque la norma de este amor era tal como el mundo nunca antes había conocido. Incluso otros, que no eran sus discípulos, al ver cómo se afligía por la pérdida de uno de sus seguidores a causa de una muerte prematura, decían:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“¡Mira cómo lo amaba!” (Juan 11:36)</p>
<p>Tenemos, por tanto, en la vida de Jesús un ejemplo maravilloso de la medida del amor del Padre por nosotros. Como Ramsey, ex arzobispo de Canterbury, lo expresó tan bien una vez: “Dios es como Cristo, y en él no hay nada que no sea como Cristo”. Esta es una declaración increíble. Sin embargo, de ninguna otra manera se puede expresar correctamente la extensión y la maravilla del amor de Dios. El Padre que está en los cielos es Aquel cuya imagen lleva el Hijo (como decimos en un proverbio, “De tal palo tal astilla”), por tanto, aquel amor tan grande que el Hijo expresó plenamente en su vida y muerte no fue más que el mismo amor del Padre por nosotros. No sólo eso, sino que el Hijo vivió entre los hombres y fue conocido por ellos. Ciertamente, si el Padre fue revelado en el Hijo, entonces cualquiera que lo conoció de verdad, también conoció a su Padre (Juan 14:7). Esto significa que no sólo podemos tener el magnífico privilegio de contemplar el amor de Dios por nosotros en el don de su Hijo, hecho que exige la única respuesta razonable que los hombres pueden dar a esta revelación de amor; es decir, que lo amemos recíprocamente con todo nuestro corazón. Pero también podemos tener la maravillosa alegría de <b>conocer</b> el amor de Dios dentro de nuestros propios corazones. Dios mismo se nos ha revelado en Jesucristo; por esto, no solo podemos percibir la expresión de su amor por nosotros, sino también tener la oportunidad de experimentar realmente ese amor dentro de nosotros. Esto nos lleva a nuestra última consideración: el modo en que el amor de Dios se ha hecho recíproco entre él y los hombres, algo que no sólo nos da potencial para expresar el amor sincero a Dios, sino también para desarrollarlo plenamente a través de la experiencia de su amor por nosotros en nuestros propios corazones.</p>
<h2><b>5. El amor de Dios a través del Espíritu Santo</b></h2>
<p>Debido a que Dios es nuestro Padre podemos tener un amor genuino en nuestros corazones hacia él. Por su gran obra en su Hijo Jesucristo hemos visto cuán digno es de ese amor. Pero ahora, a través del Espíritu Santo (que se da a cada verdadero creyente en Jesucristo) podemos experimentar realmente su amor por nosotros en nuestros corazones. Como lo expresó el apóstol Pablo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5)</p>
<p>Qué maravillosa declaración es esta. El amor de Dios ha sido efectivamente derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se da a cada uno en el momento en que se vuelve y pone su fe en Jesús, buscando la salvación sólo en él. Por lo tanto, no sólo contemplamos el amor de Dios por nosotros en el don de su Hijo, sino que podemos experimentarlo realmente dentro de nuestras propias almas a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Este principio de nuestra adopción como hijos de Dios por medio de Jesucristo y nuestra experiencia viva de esta relación en el Espíritu Santo fue resumido por Pablo con estas palabras:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:4-6)</p>
<p>Aquí tenemos el clímax de la revelación del amor de Dios hacia nosotros. Nos hemos convertido en hijos de Dios por obra de Jesucristo, a quien Dios envió al mundo para salvarnos de nuestros pecados. Pero ahora, al enviar el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, nos ha hecho completamente conscientes de nuestro estado ante él. No solo somos hijos, sabemos que somos hijos. Ahora somos copartícipes de la misma comunión eterna e íntima que el Padre y el Hijo han compartido entre sí desde toda la eternidad. De la misma manera que Jesús invocó a su Padre en el cielo con una expresión de intensa intimidad: “Abba, Padre” (Mr.14:36), ahora Dios nos ha llevado por su misericordia a esta misma relación íntima (“Abba” es una palabra hebrea que significa “Padre” pero que no está traducida al español porque no tenemos una palabra correspondiente en nuestro idioma que pueda expresar la intimidad y cercanía que denota esta palabra en hebreo). Los maestros sufíes de antaño afirmaban conocer el centésimo nombre de Dios (existen noventa y nueve al-asma al-husna, “hermosos nombres” de Dios según el islam tradicional), pero, en nuestra opinión, si realmente Dios tiene otro nombre, el que falta de los noventa y nueve, no es el centésimo sino el primero, y es este: Padre.</p>
<p>Dentro de nuestros propios corazones, Dios nos ha hecho conscientes de nuestra relación con él, tal como expresó Pablo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:15-16)</p>
<p>Los cristianos, a través del Espíritu Santo, pueden invocar a Dios como su Padre, un título que representa su relación con él como ningún otro.</p>
<p>El Espíritu Santo en nosotros nos ha hecho particularmente conscientes de que Dios es ahora nuestro Padre y nosotros, por tanto, le invocamos como tal desde el profundo conocimiento del amor que nos tiene. Él es nuestro Padre de la manera más cercana posible y por medio de su Espíritu nos recuerda este hecho con toda seguridad. Todo esto ha sido hecho a través de la redención que Él propuso y realizó a través de su Hijo Jesucristo. Al morir por nuestros pecados para limpiarnos de todo mal, Jesús ha hecho posible que disfrutemos plenamente de esta nueva relación.</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. (Efesios 2:18)</p>
<p>A través de él, el cristiano ha obtenido acceso a esta gracia en la que ahora se encuentra. El amor del Padre, manifestado en el Hijo, se ha convertido ahora en nuestra propiedad a través del Espíritu Santo que nos ha dado. Jesús mismo instó a sus discípulos a fortalecer y desarrollar este amor en sus corazones:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.” (Juan 15:9)</p>
<p>No podemos decir cuán profundamente desea el Padre, a través del Hijo, que conozcamos este amor en nuestros propios corazones. Cuando Jesús oró a su Padre en el cielo la última noche que estuvo con sus discípulos, dejó en claro que todo su propósito al venir a la tierra era hacer que este amor fuera real para ellos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17:26)</p>
<p>Diez días después de la ascensión de Jesús al cielo, sus discípulos recibieron por primera vez el Espíritu Santo. A partir de ese día, el conocimiento personal del amor de Dios se hizo accesible a todos los hombres. Todos los que se vuelven a él en la fe y el amor por medio de su Hijo Jesucristo, no dejarán de descubrir la alegría de la salvación que acompaña a la conciencia de este amor en nuestros corazones. Como Jesús volvió a decir a sus discípulos la última noche que estuvo con ellos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo vine del Padre” [1]. Juan 16:27</p>
<p>Aquí, pues, encontramos la prueba final del amor de Dios hacia los hombres. Al convertirse en nuestro Padre, ha hecho posible que expresemos un amor genuino hacia él sin temor a su ira en nuestros corazones. Él nos ha mostrado su amor de manera notable al darnos a su Hijo Jesucristo para redimirnos de nuestros pecados. Al darnos su Espíritu, ha hecho posible abiertamente que ese amor se vuelva completamente mutuo entre él y nosotros. A su vez, ahora podemos amarlo verdaderamente con todo nuestro corazón, alma y mente. Él es digno de tal amor y ha hecho posible que lo expresemos en plenitud.</p>
<p>¿Qué ofrecerá un hombre a Dios a cambio de tal amor? ¿Puede dar algo que se compare con eso? Después de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, ¿podemos creer honestamente que podemos merecer su favor a través de nuestros propios esfuerzos religiosos débiles y poco entusiastas?</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Las muchas aguas no pueden extinguir el amor,<br />
ni los ríos lo anegarán;<br />
si el hombre diera todos los bienes de su casa por amor,<br />
de cierto lo menospreciarían.” (Cantares 8:7)</p>
<p>Dios no quiere que los pecadores mezclen sus peregrinaciones, oraciones y devociones religiosas y diversos deberes eclesiásticos con sus pensamientos y obras malas. No puede soportar la iniquidad y la asamblea solemne (Isaías 1:13). Si esperamos obtener su beneplácito por cualquier cosa que hagamos por nuestra cuenta, mientras que casualmente pasamos por alto los pecados que cometemos, despreciamos completamente el amor que él nos ha revelado.</p>
<p>El Padre no quiere ninguno de tus esfuerzos, te quiere a ti. Él desea que respondas a esta gloriosa manifestación de su amor. Esta maravillosa revelación del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ha sido dada al mundo para que Dios obtenga de nosotros lo único que le es aceptable. Él quiere que seamos sus hijos y que lo amemos con todo nuestro corazón, alma y mente. Cualquier acto religioso o buena obra de gracia que fluye de tal amor es aceptable para él. Pero ninguna otra obra merece su aceptación.</p>
<p>Muchos, sin certeza del perdón, ofrecen obras religiosas a Dios con la esperanza de obtener así su aprobación y perdón. Pero ¿cómo es posible que nuestros míseros esfuerzos, envueltos en la multitud de pecados que cometemos todos los días, merezcan su aprobación?</p>
<p>Dios ha provisto una manera mejor y más segura de ganar su aprobación. El que se aparta de sus propias obras y confía en Jesucristo obtiene el perdón de sus pecados y una vida nueva. El verdadero cristiano muere en el conocimiento seguro del amor y el favor de Dios. ¿No prefieres acudir a aquel que puede salvar tu alma? Dios te extiende su mano en amor eterno, ¿no la estrecharás y obtendrás la salvación que Dios te ofrece gratuitamente? ¿No creerás en su Hijo que murió por ti para que puedas convertirte en un hijo de Dios? ¿No recibirás el Espíritu Santo para que, como un huérfano, puedas experimentar su cálido abrazo y saber en tu corazón que Dios es tu Padre?</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.” (1 Juan 1:3)</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>Notas del traductor:</p>
<ol>
<li aria-level="1">“<i>Porque…yo vine del Padre”.</i> (Juan 16:27) El texto literalmente lee: “Porque… yo vine de Dios (<i>theos</i>)”. La Reina-Valera lo traduce de esta manera. Para la traducción de este artículo he utilizado la versión de La Biblia de las Américas, pues es la que más se acerca a la traducción en inglés. Sea como sea, es evidente que en este caso “Dios” equivale a “Padre”.</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
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		<title>El catolicismo y el islam: lazos que unen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[McMahon, T.A.]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Jul 2022 06:51:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Religiones]]></category>
		<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[catolicismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El catolicismo y el Islam superan cada uno los mil millones, casi todos los cuales se hacen miembros de su religión cuando son bebés. Más de 16 millones de niños son bautizados en la Iglesia Católica Romana cada año.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-2025" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/07/Cathlic-islam_no-title.jpg" alt="Catolicismo-islam" width="1280" height="960" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/07/Cathlic-islam_no-title.jpg 1280w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/07/Cathlic-islam_no-title-300x225.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/07/Cathlic-islam_no-title-1024x768.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/07/Cathlic-islam_no-title-768x576.jpg 768w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></p>
<p>—<strong>McMahon, T.A. - </strong><a href="https://www.thebereancall.org/content/catholicism-islam-ties-bind" target="_blank" rel="noopener">The Berean Call</a></p>
<p><span class="firstcharacter">E</span>l título que aparece más arriba tuvo una gran controversia cuando lo usé recientemente en una conferencia sobre profecía. Lo curioso fue que la conmoción provino de algunos católicos (y evangélicos) que aún no habían escuchado mi presentación. Además, el título refleja la esperanza y la oración del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Roma ha estado labrando este “terreno común” con el Islam durante décadas, como lo demuestra la publicación del Vaticano de 1994, <i>Reconocer los lazos espirituales que nos unen: 16 años de diálogo cristiano-musulmán.</i> ¿Por qué, entonces, les molesta que repita lo que la Iglesia Católica Romana desea tanto?</p>
<p>En realidad, la verdadera controversia surge de la confusión creada por la misma Iglesia de Roma, que en su celo por ser la voz espiritual de las religiones del mundo, habla contradictoriamente con su boca ecuménica. Con respecto a su relación con el Islam, no solo ha hecho a los de la fe musulmana algunas propuestas teológicas que contradicen la ortodoxia cristiana, sino que, lo que es peor, existen vínculos entre las dos religiones que son mucho más profundos de lo que la mayoría de la gente cree. Consideremos primero algunos puntos en común entre las dos religiones.</p>
<h2><b>El bautismo y María: la confirmación y Maryam</b></h2>
<p>Comenzando con el número de adherentes, e<span data-offset-key="f7uj3-0-0">l catolicismo y el Islam superan cada uno los mil millones de fieles, casi todos los cuales son añadidos como miembros de su religión cuando son bebés.</span> Más de 16 millones de niños son bautizados en la Iglesia Católica Romana cada año. Es una cosa de familia. Mis hermanas y yo fuimos bautizados como católicos porque nuestros padres eran católicos, y ellos y sus hermanos fueron bautizados en la iglesia católica porque sus padres eran católicos. Esa es la forma principal en que se propaga la fe.</p>
<p>En términos prácticos, aunque el bautismo no es parte del Islam, todos los niños nacidos en una familia musulmana son musulmanes. Su “confirmación” oficial sigue tan pronto como pueden confesar la <i>shahada</i> (“No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su mensajero”). Este proceso utilizado para aumentar los miembros ha sido un factor motivador en el lobby patrocinado por el Vaticano y Arabia Saudita contra los esfuerzos de la ONU de introducir los métodos anticonceptivos y de control de población, especialmente en los países del tercer mundo.</p>
<p>El Islam es la religión que más está creciendo en el mundo; El catolicismo es el grupo religioso más grande entre los que profesan ser cristianos. Si el número de seguidores fuera una buena medida para escoger una religión, entonces el Islam y el catolicismo serían definitivamente la mejor elección. Sin embargo, la Biblia no mide con esa vara. Más bien, Jesús dijo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mt. 7:13-14)</p>
<p>La mayoría de la gente es consciente de la veneración e incluso del culto a María que se encuentra entre los católicos romanos, pero no muchos saben que la misma devoción existe entre los musulmanes. Un capítulo del Corán lleva el nombre de María (“Surah Maryam”). Desde las afueras de El Cairo hasta Bombay y Medjugorje en Bosnia-Herzegovina, cientos de miles de creyentes islámicos se congregan para llevar sus estatuas allá dónde, supuestamente, hubo alguna aparición. María es reverenciada más que cualquier otra mujer de la fe musulmana, incluso más que las dos esposas favoritas de Mahoma, Khadija y Aisha, y su hija Fátima. Los hdices enseña que Mahoma seleccionó a María como su primera esposa al entrar al Paraíso (para obtener más información sobre María y el Islam, consulte <a href="https://www.thebereancall.org/node/5700" target="_blank" rel="noopener"><i>Mary Who?</i></a>). Una de las apariciones católicas más populares de María se conoce como Nuestra Señora de Fátima.</p>
<h2><b>Los rezos, el rosario y la peregrinación</b></h2>
<p>Las oraciones católicas e islámicas tienen muchas similitudes. Para el musulmán, rezar a Alá cinco veces al día es un acto de obediencia, y las oraciones son siempre repetitivas. Como dice un exmusulmán: “Realmente no es una comunicación íntima con Alá;... se hace sobre todo para escapar del castigo debido a aquellos que descuidan la oración”. La mayoría de las oraciones rezadas por los católicos también son memorizadas y repetidas, siendo el rosario el mejor ejemplo. Repetir 16 Padrenuestros y 153 Avemarías está lejos de ser una comunicación personal. Además, cuando un católico se confiesa, el sacerdote asigna rosarios como castigo severo o penitencia por sus pecados.</p>
<p>El rosario formaba parte de la devoción islámica a Alá mucho antes de que la Santísima Virgen le enseñara a Santo Domingo a rezar el rosario en el siglo XIII. Los rezos repetitivos, por cierto, son un elemento común en el paganismo antiguo y moderno. Irónicamente, los historiadores de la Iglesia Católica dan crédito a las oraciones de los miembros de la Cofradía del Rosario por una importante victoria naval sobre los turcos que “salvó a Europa del peligro mahometano”.</p>
<p>Tanto los católicos como los musulmanes consideran las peregrinaciones como un medio para obtener el favor de Dios. El hadj, uno de los cinco pilares del Islam, es un viaje obligatorio (único) a la Meca. Para los católicos, las peregrinaciones han sido actos de purificación religiosa, muchas veces inducidos por la promesa de las indulgencias. Millones de católicos viajan cada año a cientos de santuarios (casi todos dedicados a María) ubicados por todo el mundo. Las cruzadas, estimuladas por las indulgencias, se realizaron para recuperar a Jerusalén de los musulmanes infieles con el fin de restablecer las peregrinaciones católicas. Por cierto, la Iglesia de Roma ofreció a los cruzados el perdón total del purgatorio si morían tratando de liberar la Tierra Santa. De manera similar, el Islam ofrece recompensas y seguridad en el Paraíso a aquellos que mueren en batallas religiosas (<i>yihad</i>), incluidos los atentados suicidas.</p>
<p>El catolicismo romano reconoce a Alá como el Dios de la Biblia. En 1985, el Papa Juan Pablo II declaró ante una cautivada joven audiencia de musulmanes:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Los cristianos y musulmanes tenemos muchas cosas en común como creyentes y como seres humanos... Creemos en el mismo Dios, el único Dios, el Dios vivo…”</p>
<p>Pero, ¿cómo es posible?</p>
<h2><b>Los dioses y rituales de la Meca<br /></b></h2>
<p>Históricamente, Alá fue un ídolo pagano, el mayor de todos los ídolos adorados por la tribu Quraish de Mahoma, mucho antes de su nacimiento. Will Durant en su clásico, <i>The Story of Civilization</i>, escribe:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Dentro de la Kaaba, en la época premusulmana, había varios ídolos que representaban a dioses. Uno se llamaba Alá; otros tres eran las hijas de Alá, al-Uzza, al-Lat y al-Manat. Podemos juzgar la antigüedad de este panteón árabe por la mención de Al-il-Lat (Al-Lat) por Herodoto [historiador griego del siglo V a.C.] como una deidad árabe importante. Los Quraish allanaron el camino para el monoteísmo al adorar a Alá como dios principal…”</p>
<p>La evidencia arqueológica descubierta en Arabia demuestra abrumadoramente que la religión preislámica dominante era la que adoraba al dios de la luna, Alá. Mahoma simplemente eliminó a las otras trescientas deidades, incluyendo las hijas de Alá. Esto lo convirtió en el dios supremo y retuvo muchos de los rituales y símbolos paganos asociados con él. Por ejemplo, la luna creciente fue el símbolo del dios de la luna desde la época de los sumerios y los babilonios hasta la época de Cristo y la llegada de Mahoma. Difícilmente es una coincidencia que el Ramadán, el tiempo musulmán del ayuno, comience y termine con la luna creciente. Casi todos los rituales del dios de la luna y otras prácticas idólatras, como la de besar la Piedra Negra, rezar hacia la Meca, correr alrededor del templo y entre las dos colinas de Safa y Marwa, eran rituales preislámicos.</p>
<h2><b>¿Yahvé o Alá?</b></h2>
<p>El celo del catolicismo por relacionarse con el Islam hace que uno se pregunte quan honesto es acerca de su propia perspectiva de Dios, basada en la “Sagradas Escrituras”. La Biblia hace referencia a Dios como Yahvé o Jehová unas 9.000 veces. El Corán nunca lo menciona así. Se revela a sí mismo en las Escrituras como “El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob/Israel”. Él es el Padre de los judíos, “el Dios de Israel”. En el Corán, Alá nunca se refiere a sí mismo de esa manera. Dios llama a los judíos su “pueblo elegido”. Les dio la tierra de Israel como herencia “para siempre”:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. (Ez.37:25).</p>
<p>El pacto de Dios fue con Isaac (Gen. 17:19-21), pero los musulmanes creen que el pacto de Alá fue con Ismael.</p>
<p>Alá tiene una actitud completamente diferente hacia los judíos que el Dios de la Biblia. Alá ordena a sus seguidores a que “no tomen a los judíos... por amigos” (Sura 5:51). Si bien en el Corán se hace referencia a los judíos como “el pueblo del libro” (es decir, la Biblia), si se niegan a convertirse al Islam, deben pagar un tributo a sus señores y convertirse en sus sirvientes:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Combatid contra aquéllos, de los que recibieron el Libro, que no crean en Allah ni en el Último Día, no hagan ilícito lo que Allah y Su mensajero han hecho ilícito y no sigan la verdadera práctica de Adoración, hasta que paguen la <i>yizia</i> (tributo) con sumisión y aceptando estar por debajo.” (Sura 9:29)</p>
<p>Los hadices, los cuales la mayoría de los musulmanes consideran casi tan sagrados como el Corán, citan a Mahoma diciendo: “La última hora no llegará antes de que los musulmanes luchen contra los judíos y los musulmanes los maten”. Otro hadiz dice que, en relación con el Día del Juicio, los musulmanes pelearán y matarán a los judíos, quienes se esconderán detrás de los árboles diciendo: “Oh musulmán, Oh siervo de Alá, aquí hay un judío escondido detrás de mí. Ven aquí y mátalo.” El catolicismo tiene su propia dolorosa y bien documentada historia de masacre de judíos.</p>
<p>Otras comparaciones entre Jehová y Alá demuestran claramente que no pueden ser los mismos. Jehová tiene un Hijo:  “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”(1 Jn. 4:14). Alá no tiene hijo: "Y di: Alabado sea Allah, Quien no ha tomado para Sí un hijo, y Quien no tiene socio en la Soberanía…” (Sura 17:111); “Allah no ha elegido a ningún hijo, ni hay Dios junto con él” (Sura 23:91). Mientras que Dios Padre declaró desde el cielo acerca de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). El Alá del Corán condena tal creencia:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y dicen los judíos: Uzayr es el hijo de Allah.Y dicen los cristianos: El Ungido es el hijo de Allah.Eso es lo que dicen con sus bocas repitiendo las palabras de los que anteriormente cayeron en la incredulidad.¡Que Allah los destruya! ¡Cómo falsean!” (Sura 9:30 - <em>El Noble Corán</em>)</p>
<h2><b>La salvación por obras en el islam y el catolicismo</b></h2>
<p>Si bien existen diferencias claras y críticas entre el Dios bíblico y Alá, la Iglesia Católica Romana los acepta como el mismo Dios. La siguiente cita es del Vaticano II:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“La Iglesia también tiene un gran respeto por los musulmanes. Adoran a Dios, que es uno, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que también ha hablado a los hombres. Se esfuerzan por someterse sin reservas a los decretos ocultos de Dios, tal como Abraham se sometió al plan de Dios, a cuya fe los musulmanes vinculan ansiosamente con la suya.</p>
<p style="padding-left: 40px;">Aunque no lo reconocen como Dios, veneran a Jesús como profeta, a su Virgen Madre también la honran, e incluso a veces la invocan con devoción. Además, esperan el día del juicio y la recompensa de Dios después de la resurrección de los muertos. Por eso estiman mucho la vida recta y adoran a Dios, especialmente por medio de la oración, las limosnas y el ayuno.” (<i>Nostra Aetate</i>, Vaticano II)</p>
<p>Considere cuidadosamente la cita anterior (tomada de lo que la Iglesia Católica Romana afirma ser un concilio infalible) y se dará cuenta de lo que realmente une al catolicismo y al Islam: ambos tienen un Jesús que no puede salvar sus almas. El Corán enseña que Jesús no murió en la cruz:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Y por haber dicho: Nosotros matamos al Ungido [Mesias], hijo de Maryam, mensajero de Allah.Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron.Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, sólo siguen conjeturas.Pues con toda certeza que no lo mataron.” (Sura 4:157).</p>
<p> El Vaticano II puede dar crédito a los musulmanes por “venerar” a Jesús, pero de hecho, es un Jesús falso. Lamentablemente, el catolicismo también tiene un falso Cristo. Enseña que su muerte en la cruz no fue suficiente para nuestra salvación. Su sacrificio (que, según las Escrituras, ofreció una sola vez para quitar completamente nuestros pecados [Heb:9:28]) no solo debe ser “<i>re-presentado</i>” como un sacrificio diario en los altares de todo el mundo, sino que además los católicos deben expiar sus propios pecados mediante sacrificios aquí en la tierra y en el purgatorio.</p>
<p>Finalmente, el Concilio Vaticano II explica claramente lo que el Islam y el catolicismo consideran como su esperanza de salvación: “... tienen en gran estima la vida recta y adoran a Dios, especialmente por medio de la oración, las limosnas y el ayuno”. Esta es la salvación por obras [lean<a href="https://enguardia.org/el-islam-en-obras/"> <i>El islam en obras</i></a>] . En el Islam, una persona es responsable de cada pensamiento, palabra y acción. Su vida debe ser vivida de acuerdo con lo que agrada a Alá como se encuentra en el Corán y el hadiz. Además, está la sharia, que son las reglas que intentan cubrir todos los aspectos de la vida religiosa, política, social y doméstica del islam. Romper tales leyes implica varias formas de castigo temporal. En el Juicio Final, Alá determinará el destino eterno de cada uno al colocar las obras buenas y malas en la balanza divina: “Aquellos cuyas obras pesen en la balanza... Esos serán los afortunados. Y aquellos cuyas obras no tengan peso en la balanza... Esos serán los que se habrán perdido a sí mismos y serán inmortales en Yahannam [el infierno]. (Sura 23:102-103). Los hadices describen vívidamente las torturas del infierno.</p>
<p>Un amigo mío, James McCarthy, produjo un video titulado <i>Catolicismo: Crisis de fe</i>, en el cual entrevista a una docena de personas saliendo de la Misa en la Catedral de San Patricio en Nueva York. James simplemente les pregunta sobre qué base esperan llegar al cielo. Sólo uno hizo alguna referencia a Jesús. La respuesta más común fue que sentían que eran muy buenas personas y estaban bastante seguros de que sus buenas acciones superaban a las malas. Aunque la Iglesia Católica declara que es solo por la gracia de Dios que uno puede entrar al cielo, queda muy claro que lo que quiere decir es que se requiere la gracia para permitirle a uno hacer las obras que lo califican para el cielo. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, “obtienen el gozo del cielo, como recompensa eterna de Dios por las buenas obras realizadas con la gracia de Cristo” (párr. 1821) y pueden “merecer para sí y para los demás toda la gracia necesaria para alcanzar la vida eterna” (párr. 2027).</p>
<p>El Papa Juan Pablo II se dirigió a una comunidad católica en Turquía con estas palabras: “Me pregunto si es urgente, precisamente hoy cuando cristianos y musulmanes han entrado en un nuevo período de la historia, reconocer y desarrollar los lazos espirituales que nos unen”. ¡No! Lo que es “urgente” es que los católicos y los musulmanes sean liberados de esa esclavitud espiritual que les insta a intentar calificar para el cielo con sus buenas obras. Ore para que sus corazones se abran para recibir el regalo de la vida eterna (Rom 6:23).</p>
<p>TBC</p>
<p><strong>Nota:</strong> Los encabezados han sido añadidos por el traductor para mayor claridad.</p>
<hr />
<p>Videos relacionados:</p>


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		<title>¿Qué o quién es el Hijo de Dios?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luther Engelbrecht &amp; Ernst Hahn]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2022 12:46:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[teología]]></category>
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					<description><![CDATA[Para entender el significado bíblico de Jesús como «el Hijo de Dios», primero debemos examinar el uso bíblico de la palabra «hijo». En la Biblia, «hijo» es un término que expresa una relación íntima con alguien o algo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-1565" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/JESUS2.jpg" alt="Jesús Hijo de Dios" width="1000" height="643" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/JESUS2.jpg 1000w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/JESUS2-300x193.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/JESUS2-768x494.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /> <strong>Jesús como el Hijo de Dios</strong></h2>
<p>—<strong>Luther Engelbrecht &amp; Ernst Hahn</strong></p>



<p class="has-drop-cap">Los musulmanes creen que Dios es uno, que no hay otros dioses excepto Dios. A pesar de la afirmación cristiana del monoteísmo, los musulmanes sostienen que en realidad los cristianos creen en más de un dios. Dado que los cristianos creen que Jesús es el Hijo de Dios, yerran como otras personas de la antigüedad o de la actualidad que han creído en una pluralidad de dioses o en los hijos e hijas de Dios.</p>



<p>Muy a menudo, la discusión religiosa entre musulmanes y cristianos se centra en la condición de Jesús como Hijo. El cristiano afirma que Jesús es el Hijo de Dios; el musulmán niega que Jesús sea el Hijo de Dios. Simplemente están de acuerdo en estar en desacuerdo, cada uno convencido de su postura, mientras toman caminos separados.</p>



<p>¿Pero hay otra alternativa? Al sugerir que la hay, se proponen las siguientes preguntas: ¿Ha comprendido verdaderamente el cristiano lo que significa «Hijo de Dios» para el musulmán y por que lo rechaza? ¿Ha entendido verdaderamente el musulmán lo que significa para el cristiano «Hijo de Dios» y por que el cristiano lo afirma? Sobre este tema, que durante siglos ha sido notorio por generar más ardor que luz, ¿podrían ambos estar de acuerdo en explicar sus posiciones relativas de manera más completa y escucharse mutuamente con más atención y cortesía?</p>



<p>La intención de este ensayo es ayudar tanto a musulmanes como a cristianos a penetrar un poco más en el concepto bíblico de Jesús como Hijo de Dios y el significado de esta idea para los cristianos. Al mismo tiempo, se espera que este ensayo, a medida que se desarrolla, demuestre al menos cierta sensibilidad hacia una posición verdaderamente musulmana sobre este tema vital. Cuando necesite corrección o amplificación, con mucho gusto permita que los amigos musulmanes se la proporcionen.</p>



<h2><strong>El significado Bíblico de «Hijo»</strong></h2>



<p>Para entender el significado bíblico de Jesús como «el Hijo de Dios», primero debemos examinar el uso bíblico de la palabra «hijo». En la Biblia, «hijo» es un término que expresa una relación íntima con alguien o algo; indica un origen, pero también se utiliza para expresar una estrecha asociación o identificación con personas o cosas. Incluso cuando indica el origen, este término no se limita al padre y a la madre. Uno puede ser llamado el «hijo» de lo siguiente: su padre y madre, su familia, su tribu, su gente, su lugar de nacimiento (ciudad o país), y el tiempo o circunstancia de su nacimiento. La terminología «padre-hijo» también se usa en relación con reyes y sus vasallos o súbditos, amos y sirvientes, maestros y discípulos, y casi cualquier situación en la que alguien esté subordinado o dependa de otra persona. El requisito básico del «hijo» es honrar y obedecer a su «padre», pero también debe amarlo y emularlo.</p>



<p>El término «hijo» se utiliza de muchas otras formas en la Biblia, algunas de las cuales están relacionadas con el origen, pero otras expresan principalmente algún tipo de asociación o semejanza con personas o cosas. Un grupo grande y más o menos homogéneo puede llamarse «hijos» (especialmente grupos ocupacionales y étnicos). A veces, las características o cualidades en sí mismas se personifican y se considera que tienen «hijos» aquellos que poseen esa misma característica o cualidad.  Además, otros usos del término «hijo» en la Biblia reflejan un uso versátil e imaginativo, especialmente en el idioma hebreo.</p>



<p>Una lista completa de los diversos usos del término «hijo» en la Biblia sería demasiado larga para este ensayo. Algunos de sus usos más idiomáticos se enumeran a continuación, con sus significados literales y las traducciones de la Santa Biblia. [Las traducciones son de la Reina Valera de 1960, al menos que se indique con paréntesis. La RV1960 suele ser más literal que la Nueva Versión Internacional (NVI)]
<p><strong>Antiguo Testamento</strong></p>



<figure class="wp-block-table">
<table>
<tbody>
<tr>
<td><strong>Referencia</strong></td>
<td><strong>Expresión (literal) con su significado (traducción)</strong></td>
</tr>
<tr>
<td>Génesis 5:32</td>
<td>«…<em>hijo</em> de quinientos años» — «…siendo Noé de quinientos años»</td>
</tr>
<tr>
<td>Génesis 15:3</td>
<td>«…<em>hijo</em> de mi casa» — «…un esclavo nacido en mi casa»</td>
</tr>
<tr>
<td>Deuteronomio 25:2</td>
<td>«…<em>hijo</em> de azotes» — «…mereciere ser azotado»</td>
</tr>
<tr>
<td>Jueces 19:22</td>
<td>«…<em>hijos</em> de Belial» — «…hombres perversos»</td>
</tr>
<tr>
<td>I Samuel 20:31</td>
<td>«…<em>hijo</em> de la muerte» — «…porque ha de morir»</td>
</tr>
<tr>
<td>I Reyes 20:35</td>
<td>«…<em>hijos</em> de los profetas» — «…comunidad de profetas» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>II Reyes 14:14</td>
<td>«…<em>hijos </em>de rehenes» — «…tomó rehenes» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Job 41:28</td>
<td>«…<em>hijo</em> de un arco» — «…las flechas»</td>
</tr>
<tr>
<td>Isaias 60:10</td>
<td>«…<em>hijos</em> de una tierra extraña» — «…extranjeros»</td>
</tr>
<tr>
<td>Lamentaciones 3:13</td>
<td>«…<em>hijos</em> de la aljaba» — «…las flechas de su aljaba»</td>
</tr>
<tr>
<td>Joel 3:6</td>
<td>«…hijos de los griegos» — «…a los griegos» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Zacarías 4:14</td>
<td>«…estos son <em>hijos</em> del aceite» — «…estos son los dos ungidos»</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</figure>



<p><strong>Nuevo Testamento</strong></p>



<figure class="wp-block-table">
<table>
<tbody>
<tr>
<td><strong>Referencia</strong></td>
<td><strong>Expresión (literal) con su significado (traducción)</strong></td>
</tr>
<tr>
<td>Mateo 9:15</td>
<td>«…los <em>hijos</em> del novio» — «…los que están de bodas»</td>
</tr>
<tr>
<td>Mateo 12:27</td>
<td>«…vuestros <em>hijos</em>» — «…los seguidores de ustedes» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Lucas 10:6</td>
<td>«…un<em> hijo </em>de paz» — «…alguien digno de paz» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Lucas 16:8</td>
<td>«…<em>hijos</em> de este siglo» — «…los de este mundo» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Juan 17:12</td>
<td>«…el <em>hijo </em>de perdición» —«…aquel que nació para perderse» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Hechos 13:26</td>
<td>«…<em>hijos</em> de la familia de Abraham» — «...descendientes de Abraham» (NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Galatas 3:7</td>
<td>«…estos son <em>hijos</em> de Abraham» (RV1960,NVI)</td>
</tr>
<tr>
<td>Efesios 2:2</td>
<td>«…hijos de desobediencia» — «…los que viven en la desobediencia» (NVI)</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</figure>



<p>La lista anterior muestra algunos de los muchos usos del término «hijo(s)» en la Santa Biblia. Se han omitido los usos más comunes, que suelen traducirse literalmente. Sin embargo, uno de esos grupos podría ilustrarse aquí: relaciones personales, aunque no físicas, de padre-hijo:</p>



<figure class="wp-block-table">
<table>
<tbody>
<tr>
<td><strong>Referencia</strong></td>
<td><strong>Padre</strong></td>
<td><strong>Hijo(s)</strong></td>
</tr>
<tr>
<td>I Samuel 3:6</td>
<td>Elí</td>
<td>Samuel</td>
</tr>
<tr>
<td>I Samuel 24:16</td>
<td>Saul</td>
<td>David</td>
</tr>
<tr>
<td>I Samuel 25:8</td>
<td>Nabal</td>
<td>David</td>
</tr>
<tr>
<td>Proverbios 1:8</td>
<td>Salomón</td>
<td>El lector</td>
</tr>
<tr>
<td>II Reyes 2:12</td>
<td>Elías</td>
<td>Eliseo</td>
</tr>
<tr>
<td>II Reyes 8:9</td>
<td>Elías</td>
<td>Ben-Hadad</td>
</tr>
<tr>
<td>II Reyes 5:13</td>
<td>Naaman</td>
<td>Los sirvientes</td>
</tr>
<tr>
<td>Jueces 18:19</td>
<td>El sacerdote</td>
<td>El pueblo</td>
</tr>
<tr>
<td>Génesis 4:20</td>
<td>El primer músico</td>
<td>Todos los músicos</td>
</tr>
<tr>
<td>Mateo 9:2</td>
<td>Jesús</td>
<td>El paralítico</td>
</tr>
<tr>
<td>I Timoteo 1:2</td>
<td>Pablo</td>
<td>Timoteo</td>
</tr>
<tr>
<td>Tito 1:4</td>
<td>Pablo</td>
<td>Tito</td>
</tr>
<tr>
<td>Filemon 10</td>
<td>Pablo</td>
<td>Filemón</td>
</tr>
<tr>
<td>I Pedro 5:13</td>
<td>Pedro </td>
<td>Marcos</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</figure>



<p>Otros idiomas también utilizan el término «hijo» en una variedad de formas. Por lo tanto, en el árabe del Corán, «hijo» no tiene porque significar solo un descendiente masculino directo. Un ejemplo familiar es el <em>ibnu sabil</em> (‘hijo del camino’), que significa «viajero». Otro ejemplo con el que muchos están familiarizados es «el hijo de Satanás», una vívida descripción de cualquier malhechor (cf. Hechos 13:10). ¡Obviamente Satanás no tuvo una esposa para tener un hijo! El nombre implica que el malhechor es como Satanás, una encarnación de Satanás, un «Satanás con nosotros». Digno de recordar es también el término árabe <em>ummu'l kitab</em> (literalmente «la madre del libro»), la escritura celestial de la que se deriva toda la escritura que está con nosotros en la tierra, como si cada escritura fuese su hija.</p>



<p>A la luz de lo anterior, volvamos a los versos bien conocidos del Corán: «Él es Alá, el Uno... Él no engendra ni fue engendrado...» (Pickthall, <em>The Meaning of the Glorious Corán</em>, sura 112:1-4). Esta sura establece claramente que Dios no tiene hijo y que ningún hijo puede ser Dios. ¿Por qué? «¿Cómo puede tener un hijo si no tiene cónyuge?» (sura 6:102) Como sugieren estos y otros versículos, incluso imaginar que Dios pueda tener una esposa y mantener relaciones sexuales con ella sería una locura absoluta. Pero, ¿abordan realmente el significado bíblico de la divinidad de Jesús estos versículos coránicos? ¿Afirma la Biblia que Dios tiene una esposa que ha procreado un hijo cuyo nombre es Jesús? Nuestras respuestas a estas preguntas se harán más inteligibles después de considerar con mayor profundidad el significado bíblico de «Hijo de Dios».</p>



<h2><strong>El significado Bíblico de «Hijo de Dios»</strong></h2>



<p>El término «hijo de Dios» se usa de varias formas en la Santa Biblia. Como creador, Dios es el «Padre» de Adán y de toda la humanidad (Lucas 3:38; Isaías 64:8; Malaquías 2:10; etc.). Sin embargo, una relación más específica de «Padre-hijo» se logra con la elección misericordiosa del Padre y la fiel obediencia y servicio del hijo, no con la creación y ciertamente no con la procreación. Los siguientes ejemplos muestran el término «hijo(s) de Dios» en la Biblia:</p>



<p style="padding-left: 40px;">1.<strong> El pueblo escogido por Dios</strong> (Éxodo 4:22f.; Jeremías 31:9.20; Oseas 11:1; Romanos 8:14; II Corintios 6:18; Gálatas 3:26; Hebreos 2:10; Apocalipsis 21:7)</p>



<p style="padding-left: 40px;">2.<strong> Seres celestiales</strong> (Job 1:6)</p>



<p style="padding-left: 40px;">3. <strong>Reyes y gobernantes</strong> (II Samuel 7:14; Salmo 2:7; 82:6; 89:26f.)</p>



<p style="padding-left: 40px;">4. <strong>Individuos piadosos</strong> (Mateo 5:9; Lucas 6:35)</p>



<p>Si el significado del término «Hijo de Dios» en el caso de Jesús se limitara al mismo significado que tiene en estos casos anteriores, incluso los musulmanes podrían estar de acuerdo con su uso. De hecho, algunos sufíes hablan de Dios como «Padre» y de la humanidad como «hijos de Dios». Otros musulmanes, por supuesto, podrían cuestionar esta terminología, prefiriendo utilizar «sirviente» en lugar de «hijo». Aún así, el hecho es que Dios siendo Padre y la humanidad siendo sus hijos, aparte de cualquier connotación sexual, es una idea compatible con el pensamiento de algunos musulmanes.</p>



<p>Sin embargo, equiparar la filiación de Jesús con la filiación de los seres antes mencionados sería negar la pura verdad de la Santa Biblia y la esencia misma de la fe cristiana.<strong> Jesús es más que un escogido de Dios, más que uno de sus mensajeros celestiales</strong>, más que uno que gobierna en nombre de Dios en la tierra, más que uno que agrada a Dios, aunque también es todo eso.</p>



<h2><strong>Jesús como Hijo único de Dios</strong></h2>



<p>Entonces, ¿cuál es la evidencia de esta tremenda afirmación? ¿Es porque, aunque nacido de una mujer, lo hizo a través de una virgen? Algunos cristianos, es cierto, podrían concluir que debido a que Jesús nació de la virgen María es el Hijo de Dios. Asimismo, algunos musulmanes, aunque niegan que Jesús sea el Hijo de Dios, podrían considerar que el nacimiento virginal de Jesús es la base de la creencia cristiana de que Jesús es el Hijo de Dios. Sin embargo, <strong>bíblicamente hablando, la filiación de Jesús no se basa en su nacimiento de la virgen María</strong>. Por el contrario, como veremos claramente más adelante, su nacimiento virginal descansa sobre su condición como Hijo de Dios. Antes de que<em> fuese</em> María, el Hijo de Dios <em>es</em>. <strong>Jesús no se convierte en el Hijo de Dios, pero el Hijo de Dios se convierte en Jesús</strong>. Así Jesús, como el Hijo, habla al Padre acerca de la «gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5; cf. Colosenses 1:13-20), mucho antes de que María existiera. Este Hijo eterno de Dios entró en las limitaciones de tiempo y espacio por el poder de Dios obrando a través de la virgen María, naciendo como hombre, llamado Jesús, en Belén hace unos diecinueve siglos.</p>



<p>De manera similar, Jesús no es el Hijo de Dios debido a sus obras poderosas y palabras maravillosas. Al contrario, Él hace sus obras poderosas y habla sus maravillosas palabras porque Él es el Hijo de Dios.</p>



<p>Es cierto que tanto la forma en que nació Jesús como la naturaleza de sus obras dan evidencia de su condición. Pero ninguna, solo o en conjunto, proporciona el origen o la base de su divinidad. La distinción es importante.</p>



<p>De hecho, sus obras dan testimonio de su condición cómo Hijo de Dios. Un «hijo» debe ser obediente a su «padre», haciendo su voluntad y sus obras, siendo como él (cf. Jn 8, 37-47). Jesús mismo señaló sus obras como evidencia de que Él es el Hijo de Dios: «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.» (Juan 10:37-38.). Jesús hizo las obras de Dios, Su Padre, actuando como Dios.</p>



<p>Además de la evidencia de sus obras, Jesús tenía otra prueba de que Él es el Hijo de Dios. En momentos importantes de su vida, el Padre mismo y otros lo llamaron Hijo de Dios:</p>



<p style="padding-left: 40px;">1. <strong>La Anunciación</strong>: El ángel Gabriel le dijo a la virgen María que su hijo sería llamado «Hijo de Dios». (Lucas 1:32,35)</p>



<p style="padding-left: 40px;">2. <strong>El Bautismo</strong>: La voz de Dios desde el cielo proclamaba: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.» (Mateo 3:17, etc.)</p>



<p style="padding-left: 40px;">3. <strong>La Transfiguración</strong>: La voz de Dios proclamó una vez más: «Este es mi Hijo amado; a él oíd.» (Marcos 9:7, etc.)</p>



<p style="padding-left: 40px;">4. <strong>La Crucifixión</strong>: El centurión romano y sus hombres confesaron en el momento de la crucifixión de Jesús: «Verdaderamente este era Hijo de Dios» (Mateo 27:54)</p>



<p style="padding-left: 40px;">5. <strong>La Resurrección</strong>: Pablo escribe que la resurrección de Jesús de entre los muertos manifestó que Él era «el Hijo de Dios». (Romanos 1:4)</p>



<p>Otros, además de Dios mismo, su ángel y el soldado romano, proclamaron que Jesús es el Hijo de Dios. Lunaticos e incluso espíritus inmundos confesaron: «Tú eres el Hijo de Dios». (Marcos 3:11; cf. 5:7; Mateo 8:29; Lucas 4:41; 8:28) . Los discípulos de Jesús también confesaron que Él es «el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16; cf. 14:33). Jesús, como verdadero Hijo, prefirió dar gloria a su Padre, pero tampoco quiso negar su condición (Mateo 26:63; Marcos 14:62; Juan 10:36). Lo interesante en los dos primeros pasajes (y otros) es la estrecha asociación entre los términos «Mesías» e «Hijo de Dios».</p>



<p>También es interesante la estrecha relación entre la filiación de Jesús y su sufrimiento (Romanos 5:10; 8:32; Gálatas 2:20; Hebreos 5:8; 6:6). Cuando Jesús estaba hambriento después de un largo ayuno, el tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan» (Mateo 4:3, etc.). Cuando Jesús estaba en agonía en la cruz, los transeúntes se burlaban de Él y decían: «¡Baja de la cruz, si eres el Hijo de Dios!» (Mateo 27:40). Éstos olvidaron que Jesús es el Hijo de Dios, quien busca y sirve e incluso sufre para salvar a los que ama, los pueblos del mundo. No es el hijo de algún rey terrenal, que debe mostrar su poderío y salvar su orgullo aparentando ser victorioso a los ojos del mundo, de acuerdo con las normas del mundo. Fue precisamente porque Él es el Hijo del Dios de amor que Él no usaría su poder para propósitos egoístas, sino que cumplió perfectamente la voluntad de su Padre, quien escogió revelarse a Sí mismo y Su amor a todos los hombres a través de Su Siervo/Hijo sufriente.</p>



<p>Incluso una lectura casual de los versículos citados anteriormente mostraría que el uso del término «Hijo de Dios» con referencia a Jesús es diferente tanto en calidad como en extensión de los otros usos mencionados anteriormente. Algunos fueron escogidos misericordiosamente por Dios como sus hijos adoptivos; el Hijo está en el Padre eternamente. Otros obedecieron al Padre, aunque imperfectamente; Jesús el Hijo le obedeció perfectamente, sin pecado (Hebreos 4:15). Los hijos deben ser como su padre, pero sólo Jesús fue perfecto como Él en su bondad, entregándose completamente por Él y por su pueblo. El Padre ha confiado todo juicio al Hijo, «para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Juan 5:22-23). Sólo el Hijo da vida como el Padre da vida (Juan 5:21). «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo» (Juan 5:26). El Hijo es obediente al Padre, concretándose la voluntad del Padre en el camino del Hijo pero también el Padre escucha y hace caso al Hijo (Juan 11, 41-44), así se comparte el poder, la autoridad, el conocimiento, la gloria y la realeza, lo que indica una relación de igualdad y reciprocidad entre los Dos que son Uno. </p>



<p>¿De qué pueblo, de qué ángel, de qué rey, de qué hombre piadoso se podría decir: «en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder»? (Hebreos 1:2-3.)</p>



<p>Muchos de los usos del término «hijo» en la Santa Biblia y en varios idiomas pueden dar pistas sobre el significado de «Hijo de Dios» con referencia a Jesús, pero al final su uso, aplicado directamente a Jesús, permanece tan único como la relación que expresa. Jesús dijo: «Yo y el Padre uno somos». (Juan 10:30)</p>



<p><strong>Explicando el Significado de Jesús como Hijo de Dios</strong></p>



<p>Entonces, ¿cómo podemos ayudar a explicar a los musulmanes (y a los cristianos) quién es Jesús y el verdadero significado de «Hijo de Dios»?</p>



<p>En primer lugar, es significativo que el <em>Injil</em> [aquí equivale a «evangelio»<span style="color: #3366ff;">1</span>] no retrata a Jesús proclamando indiscriminadamente que Él es el Hijo de Dios (o que Él es el Mesías, el Cristo). Tampoco lo necesitamos, especialmente cuando sabemos que el término es ofensivo para aquellos con quienes conversamos. Cuando lo usamos, debemos explicarlo.</p>



<p>Los judíos, de hecho, estaban familiarizados con el título «Hijo de Dios», al igual que lo estaban con el término «Mesías». Hay evidencia extrabíblica que habla de la Torá como la «hija de Dios», es decir, «la revelación de Dios», sin sacrificar sus convicciones monoteístas. Sin embargo, los judios objetaron cuando Jesús se llamó a sí mismo «Mesías» e «Hijo de Dios», considerando su confesión como una blasfemia y digna de crucifixión (Juan 5:18; cf. 10:33). Por lo tanto, no sorprende que Jesús utilizara este término discretamente.</p>



<p>En segundo lugar, debe quedar claro que Jesús fue un hombre, un siervo y un profeta, tal como los musulmanes siempre han insistido y tal como el <em>Injil </em>afirma, que se convirtió en el Hijo de Dios. Cuando los discípulos de Jesús lo conocieron por primera vez, lo vieron como un hombre. ¿Cómo podrían haberlo entendido de otra manera? Habían oído cómo Satanás lo tentó. Lo vieron hambriento y cansado. Sabían que Él necesitaba compañía y oración. Lo vieron llorar. Escucharon sus oraciones y lo vieron en acción rindiendo Su voluntad a la voluntad del Padre, proclamando que la voluntad del Padre es Su pan. Sus palabras: «El Padre es más grande que yo» les eran inteligibles. ¿De qué otra manera lo deberían haber entendido (o nosotros, si hubiéramos estado con Él en la tierra)?</p>



<p>Solo después de hacerse más profunda la asociación de los discípulos con Jesús, después de escuchar sus palabras y ser testigos de sus obras, ellos y otros comenzaron a preguntarse y hacer preguntas acerca de Él: «¿Quién es este hombre?» «¿De dónde viene?» Lo vieron alimentar a las multitudes, sanar a los enfermos, controlar la naturaleza, resucitar a los muertos. Le oyeron perdonar pecados, le oyeron hablar de manera extraordinaria sobre el propósito de su venida, sobre su relación con el Templo, la Ley y los profetas, sobre el amor de Dios y su relación personal con Dios. Incluso entonces, hubo quienes lo malinterpretaron a Él y a sus obras, deliberadamente o no.</p>



<p>La comprensión de los discípulos tanto de Jesús como de su ministerio fue un proceso gradual y a veces doloroso. Lo que Él requería de ellos para comprenderlo no era simplemente un intelecto agudo, sino una confianza firme en Dios y obediencia a su voluntad, disposición para el autoexamen, arrepentimiento y un cambio de mente y corazón a la luz de la santidad de Dios y su santa Ley, una apertura para recibir lo que dijo acerca de sí mismo, lo que había hecho, lo que estaba a punto de hacer y el propósito de todo ello. Es cierto que Pedro confesó que Jesús era el Mesías y el Hijo de Dios, pero inmediatamente procedió a contradecir a Jesús al negar que Jesús debía sufrir y morir (Mateo 16:21,22), ¡como si tuviera una percepción más aguda de la voluntad y los caminos de Dios que Jesús! (Juan 12:1-7) Las mujeres parecían entender mejor (Marcos 14:1-9). En resumen, comprender a Jesús no es simplemente confesarle verbalmente, admirarle y aplaudirle; es seguirle y obedecerle.</p>



<p>De hecho, el <em>Injil </em>indica clara y consistentemente que los discípulos de Jesús no comprendieron el significado más profundo de su condición cómo Hijo de Dios o su ministerio hasta que Él resucitó de entre los muertos. Entonces su cambio de mente y de corazón fue dramático. ¿Ofrece esto al cristiano una clave para testificar? Si bien legislar técnicas para presentar a Jesús a los musulmanes o cualquiera puede parecer dudoso, ¿existe aquí un patrón sobre el cual los cristianos pueden meditar, incluso imitar?</p>



<p>En tercer lugar, a menudo es necesario explicar lo que <em>no</em> significa el término «Hijo de Dios» en referencia a Jesús. Como ya se señaló anteriormente, en ninguna parte del <em>Injil </em>se dice que Dios toma a María como esposa, que Él procrea, y que Jesús, por lo tanto, es el Hijo de Dios en virtud de su nacimiento de María. ¡Dios no es una deidad masculina! El <em>Injil</em>, como el Corán, habla de Jesús como el hijo de la virgen María. En árabe, a Jesús se le llama <em>ibnu'llah </em>[hijo espiritual], no <em>waladu'llah </em>[vástago de Alá]. El <em>Injil</em> tampoco elimina la afirmación bíblica fundamental de que Dios es uno. Tampoco sugiere que de alguna manera para los cristianos Jesús, como Hijo de Dios, sea otro dios asociado con Dios, o que de alguna manera Jesús, como Hijo de Dios, sea el segundo o tercero de tres dioses, o que Jesús sea elevado de su posición original de hombre y siervo a la condición de Hijo de Dios para luego suplantar al verdadero Dios. La afirmación del <em>Injil</em> sobre la condición de Jesús cómo Hijo de Dios no transforma de ninguna manera el monoteísmo bíblico en una forma sutil de politeísmo. ¡Dios es uno[<span style="color: #3366ff;">2</span>]! ¡Y Jesús, el Hijo de Dios, confirma que Dios es uno! Solo después de que los musulmanes y los cristianos hayan establecido este terreno común, pueden proceder a la discusión sobre quién es el único Dios, qué hace Él por la humanidad, qué espera Él de la humanidad y cómo Dios es uno mientras que Jesús es el Hijo de Dios.</p>



<p>En cuarto lugar, la creencia cristiana en Jesús como el Hijo de Dios simplemente hace eco de la afirmación constante, insistente y consistente a lo largo del <em>Injil </em>de que Él es el Hijo de Dios. Al contrario de lo que sugieren algunos musulmanes, normalmente sin pruebas, los cristianos, incluido Pablo, no inventaron este título. Para los cristianos, negar la divinidad de Jesús significaría borrar todas las referencias de este título en el <em>Injil</em>. Si los cristianos hiciesen esto, entonces serían verdaderamente culpables de corromper sus Escrituras, tal como muchos musulmanes (pero no el Corán) han creído que han hecho los cristianos. El Corán les dice a los cristianos que deben juzgar de acuerdo con el <em>Injil</em> (surah 5:46,47). No contiene ninguna referencia a un <em>Injil</em> corrompido o abrogado.</p>



<p>En quinto lugar, y estrechamente relacionado con los puntos anteriores, los cristianos deberían animar a los musulmanes a leer el <em>Injil</em> con una mente y un corazón abiertos y a comparar las representaciones coránicas y bíblicas de la deidad de Jesús. Incluso si el musulmán rechaza la descripción bíblica de la deidad de Jesús después de haberla estudiado seriamente, al menos debería haber entendido el significado de la condición de Jesús cómo Hijo de Dios tal como la describe la Biblia. Después de comprender el significado bíblico de la filiación de Jesús, ¿consideraría el musulmán la posibilidad de que las representaciones coránicas y bíblicas de Jesús como el Hijo de Dios difieran entre sí, que el Corán rechaca un concepto de la filiación de Jesús que la Biblia nunca afirma y nunca podría afirmar porque es realmente ajena al concepto bíblico? Sin embargo, la Biblia afirma que Jesús es el Hijo de Dios, ¡en el sentido bíblico de este término!</p>



<p>Un marco de referencia más acorde con la representación islámica de Jesús puede ayudar aún más a los musulmanes a comprender a Jesús como el Hijo de Dios. Entre los muchos términos asociados con Jesús en el Corán, hay tres que pueden ayudar a dilucidar la comprensión cristiana de su condición cómo Hijo de Dios:</p>



<p style="padding-left: 40px;">1. <strong>'Abdu'llah</strong> -- "Siervo de Dios" (sura 19:30)</p>



<p style="padding-left: 40px;">2. <strong>Rasulu'llah </strong>-- "Apóstol (mensajero) de Dios" (surah 4:157)</p>



<p style="padding-left: 40px;">3. <strong>Kalimatu'llah</strong> --"Palabra de Dios" (surah 4:171)</p>



<p><strong>1. 'Abdu'llah. </strong>El primer deber de un hijo es honrar y obedecer a su padre, servirlo libre y plenamente. Las ideas de ser siervo e hijo están muy estrechamente relacionadas en la Santa Biblia. La Iglesia cristiana siempre ha considerado que los grandes Cantos del Siervo del libro del profeta Isaías se refieren a Jesús el Mesías (Isaías 42:1-4; 52:13-53:12, etc.). Este Siervo es llamado «mi elegido» por Dios. «El Espíritu de Jehová el Señor» está sobre Él (Isaías 61:1). Sana a los enfermos y ayuda a los oprimidos. Incluso sufre y carga con la culpa de los demás y es reivindicado por Dios. Los primeros cristianos usaron la misma palabra que se encuentra en los Cantos del Siervo y se refirieron a Jesús como el «santo siervo» de Dios (Hechos 4:27,30). Este Hijo, en efecto, sirvió al Padre, no por obligación, sino por su unidad con el Padre y por amor. ¿Qué siervo sirve mejor que un hijo? ¡En Jesús, el hijo y el siervo se funden!</p>



<p><strong>2.</strong> <strong>Rasulu'llah. </strong>Un apóstol o mensajero es «uno enviado» por Dios para proclamar Su mensaje. Jesús también es llamado «apóstol» en el <em>Injil </em>(Hebreos 3:1). En el relato evangélico según Juan, se habla muy a menudo del Hijo como «el enviado», y los dos términos son casi sinónimos. Los otros relatos de los Evangelios también usan esta terminología, y los términos «Padre» y «el que envía» también son virtualmente sinónimos (Mateo 10:40; Marcos 9:37; Lucas 9:48). Ha habido muchos apóstoles que fueron emisarios de Dios. Pero el Apóstol/Hijo no fue sólo un emisario; fue enviado <em>desde</em> Dios. El vino de lo alto, de Dios mismo (Juan 8:23,42) y por eso se le llama «Emanu-el», «Dios con nosotros». (Mateo 1:23)</p>



<p>La parábola de Jesús del propietario ausente es muy instructiva en cuanto a su deidad. Los sirvientes del propietario no pudieron cobrar el alquiler de la viña que él había plantado y equipado completamente y luego alquiló a los arrendatarios. Finalmente, el propietario decidió enviar a su hijo como su representante personal. Los labradores lo mataron, pensando que así lograrían la victoria y podrían tomar posesión de la hacienda, pero al final lo perdieron todo. (Mateo 21:33-43, etc.)</p>



<p>Claramente, el propietario y el hijo del propietario en esta parábola representan al Padre y al Hijo respectivamente. Además de todo lo que enseña, esta parábola distingue claramente entre «los enviados» y «el enviado», los profetas y el Hijo, y el destino final del «enviado». De hecho, ¡esta parábola es extraña e inusual! Sin embargo, no es más extraño o inusual que la Persona y el evento al que apunta la parábola.</p>



<p>Así, queda claro con qué propósito el Hijo ha sido enviado por y desde el Padre: para revelarlo, para llevar a cabo su plan de salvación para la humanidad, para servir como su representante «personal» y para emplearse a sí mismo en el proceso ( Juan 3:16; Romanos 8:3,29; Gálatas 4:4-7). Cumpliendo la voluntad salvífica de Dios, el Hijo único adquirió muchos «hermanos» que, siguiéndolo, se convirtieron también en «hijos» de Dios por su misericordiosa adopción. Aquellos que siguen al Siervo/Hijo obediente enviado por el Padre son también los sirvientes/hijos obedientes de Dios, verdaderos «musulmanes» (así se les llama a los seguidores de Jesús en el Corán, sura 3:52; 5:111). Hijo/Siervo/Enviado/Salvador: todos estos están estrechamente relacionados en la Santa Biblia.</p>



<p><strong>3. Kalimatu'llah.</strong> Tanto para los musulmanes, como para los cristianos, la Palabra de Dios es eterna, como Dios es eterno. Es a través de Su Palabra que Dios actúa, creando y sustentando el universo y revelando Su voluntad. Para los musulmanes, la Palabra de Dios es, naturalmente, el Corán. Sin embargo, muchos de ellos saben que a Jesús también se le llama «la palabra (¿Palabra?) de Dios» en el Corán. A pesar de que consideran a Jesús sólo como un profeta, ¿no podría su visión sobre «la palabra de Dios» tener un significado parecido a la expresión bíblica? Algunos dirán: «¡No!» Otros han encontrado que este es un medio muy útil para explicar la relación de Jesús con el Padre y su condición de Hijo de Dios. Como Él es la Palabra eterna de Dios, Él es el Hijo eterno de Dios (Juan 1:14). También puede ayudar a eliminar los malentendidos profundamente arraigados sobre esta relación, llevando a los musulmanes a entender que los cristianos creen en un solo Dios, que no erige al Hijo como otro Dios, ni desplazan a Dios por el Hijo, ni convierten a un hombre en Dios.</p>



<p>Incluso entre las personas dependemos mucho de las palabras para saber lo que una persona quiere y hace, y cómo es. A través de sus palabras el hombre se da a conocer, sacando a relucir lo que lleva dentro. Confiamos en Abdullah porque confiamos en la palabra de Abdullah. Confiamos en la palabra de Abdullah porque confiamos en Abdullah. Distinguimos entre Abdullah y su palabra y equiparamos a Abdullah y su palabra. Ambos son ciertos.</p>



<p>De un modo muy diferente, más elevado y glorioso, la Palabra que procede de Dios expresa la voluntad de Dios y sus actos, y también revela cómo es Él de manera comprensible. Así dice el <em>Injil [el evangelio]</em>:</p>



<p style="padding-left: 40px;">«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad…A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno [a.] del Padre, él le ha dado a conocer [b.].» (Juan 1:1-4,14,18)</p>



<p style="padding-left: 40px;">«Este es mi Hijo amado; <strong>a él oíd</strong>.» (Marcos 9:7)</p>



<p style="padding-left: 40px;">«... en estos postreros días nos <strong>ha hablado por el Hijo</strong>» (Hebreos 1:2)</p>



[a.] «En el seno del padre», así de íntima es la relación con el Padre. ¿Se debe recordar que tanto el Corán como la Biblia hablan de «la mano de Dios», «el rostro de Dios», etc.?</p>



[b.] «Él lo ha dado a conocer» El griego original del <em>Injil [Nuevo Testamento] literalmente lee </em>«Él lo ha exegizado (interpretado, explicado)». Es como si Dios hubiera revelado Su corazón oculto a través de Su Palabra encarnada.</p>



<p>Si un musulmán acepta que la Palabra de Dios, que es tan eterna como Dios, puede entrar en las limitaciones de tiempo y espacio y manifestarse en forma de libro, ¿no podría comprender también que esta misma Palabra podría manifestarse como un ser humano? </p>



<p>¿Si aquí en la tierra la eterna (no creada) Palabra de Dios en la forma de un libro que ha sido creada puede describirse como no creada y creada a la vez, entonces no puede la eterna Palabra de Dios en su forma creada de hombre describirse también como no creada y creada, sí Dios lo quisiese así? El testimonio del <em>Santo Injil </em>manifiesta que Dios lo ha querido así: la autoexpresión eterna de Dios, Su Palabra, Su Hijo, ha tomado forma humana como Jesús el Mesías.</p>



<p><strong>Jesús como el Hijo de Dios: la autorevelación de Dios en la Tierra</strong></p>



<p>Todos sabemos que Dios ha creado todas las cosas. Sabemos que a través de la historia y de su creación da a la humanidad múltiples señales que apuntan a la humanidad hacia el mismo Dios Altísimo, creador y juez de la humanidad. Sabemos que periódicamente ha intervenido en la historia de la creación a través de los profetas y apóstoles y de las Escrituras. Ha mediado a través de ellos, por lo que ha ofrecido a la humanidad un modelo de vida. Probablemente todos también estemos de acuerdo en que Él da testimonio de sí mismo a través de la conciencia humana. De todas estas formas, Dios nos revela algo acerca de sí mismo para que podamos saber algo acerca de él. Pero, ¿se revela Él mismo? ¿Podemos conocerlo?</p>



<p>La respuesta a estas preguntas cruciales se encuentra en las asombrosas afirmaciones de Jesús:</p>



<p style="padding-left: 40px;">«Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.» (Mateo 11:27)</p>



<p style="padding-left: 40px;">«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.» (Juan 14:9,10)</p>



<p>Los ángeles, las personas y las cosas pueden revelarnos algo acerca de Dios. ¡Pero sólo Dios puede revelar a Dios! Se requiere que Dios se revele a la humanidad. Se requiere que Dios se revele a Sí mismo a la humanidad bajo circunstancias creadas afines al entendimiento humano. ¡Qué mejor manera para que el eterno revelador se revele a la humanidad en la tierra que revistiendo Su propia expresión en carne humana!</p>



<p>En Jesús, su Hijo eterno, el revelador es también el que ha sido revelado. Por eso la Santa Biblia habla de Jesús como Dios manifestado en la carne. A su vez, el Hijo revelado se convierte en el revelador del Padre entre la humanidad. «Creéis en Dios, creed también en mí» (Juan 14:1). Al invitar a sus oyentes a confiar en Él, Jesús no está desviando sutilmente la confianza en Dios; más bien está afirmando que Dios, por siempre Altísimo, se está revelando a Sí mismo a través de Jesús por Su presencia en Jesús.</p>



<p>Dios, el revelador y lo revelado. Estaríamos de acuerdo en que Dios crea el mundo, nombra profetas, envía las Escrituras y proporciona leyes para guiar a los humanos. Pero, ¿puede Él mismo entrar en su propia creación para estar con nosotros? ¿No sería esto indigno de Él? ¿No se degradaría a sí mismo así? ¿No entraría en conflicto su venida con su soberanía, nublando el brillo de su gloria y empequeñeciendo su poder?</p>



<p>Dios en verdad es más grande. Sólo a Él pertenecen el reino, el poder y la gloria. Él solo es soberano. Pero, debemos preguntar, ¿cuál es la naturaleza de la soberanía de Dios? ¿Cómo manifiesta Dios la naturaleza de su soberanía para que la humanidad también pueda comenzar a comprender la naturaleza de su soberanía? Dicho de otro modo, ¿debemos entender la soberanía de Dios simplemente como la soberanía de cualquier potentado terrenal magnificada hasta su último grado? ¿Manifiesta Dios mismo su soberanía sobre Su creación manteniéndose apartado de ella? ¿Salvaguarda Él su soberanía apartándose en la serenidad celestial, lejos del sufrimiento y el pecado de este mundo decadente? ¿O es posible que nuestra comprensión de la soberanía de Dios entre en conflicto con su propia comprensión de su soberanía; que sus pensamientos no son nuestros pensamientos y nuestros caminos no son sus caminos, tal como Dios lo ha declarado a través del profeta Isaías (Isaías 55:8)? ¿Es posible que Dios no sólo responda sino que incluso anticipe el anhelo de este profeta: «¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras!»? (Isaías 64:1)</p>



<p>Según la Biblia, Dios es amor. En la perspectiva bíblica, al entrar en este mundo, Dios no se degrada a sí mismo; más bien se exalta a sí mismo. Él no enturbia su gloria por visitar la tierra; más bien, lo magnifica entre la humanidad. Por su presencia entre nosotros, Él no se hace menor; más bien, Él se vuelve más grande para nuestra mayor alabanza. Al estar no sólo por encima de nosotros, sino con nosotros en Jesús Emanuel, Él no sólo actúa en conformidad consigo mismo; más aún, está siendo Él mismo y está siendo lo que será.</p>



<p>Finalmente, resumamos brevemente el significado bíblico de Jesús como Hijo de Dios, teniendo en cuenta que (1) «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» (Deuteronomio 6:4) y (2) que debemos leer el mismo <em>Injil</em> para captar el significado de «Hijo de Dios» a través de su obra como sirviente:</p>



<p style="padding-left: 40px;">1. El Hijo único de Dios <strong>es del Padre por la eternidad</strong>; por Él Dios creó y sustenta el universo. Como la autoexpresión de Dios, Él es verdaderamente Dios.</p>



<p style="padding-left: 40px;">2. Porque Dios nos amó, el único Hijo de Dios <strong>entró en el tiempo y en el espacio, nació de la Virgen María</strong> y se llamó Jesús el Mesías. Como la autoexpresión de Dios en la tierra en forma de hombre, también es verdaderamente humano.</p>



<p style="padding-left: 40px;">3. El Hijo <strong>comparte los atributos del Padre</strong>; es como Él en sus obras poderosas y su entrega amorosa.</p>



<p style="padding-left: 40px;">4. El Hijo <strong>ha sido enviado por y del Padre</strong> como su representante para llevar a cabo Su obra de revelación y salvación.</p>



<p style="padding-left: 40px;">5. El Hijo es el <strong>mensaje personal</strong> del Padre, Dios expresándose a Sí mismo y a su amor de una manera que puede ser vista, escuchada y comprendida por la humanidad.</p>



<p style="padding-left: 40px;">6. El Hijo <strong>sirve perfectamente al Padre</strong>; el Padre también responde a la voluntad del Hijo.</p>



<p style="padding-left: 40px;">7. <strong>El Padre y el Hijo son Uno</strong> en una relación única de completa reciprocidad entre el Maestro y el Siervo, en que envía y el enviado, el revelado y revelador.</p>
<p style="padding-left: 40px;">8. Quienes creen en el único Siervo/Hijo enviado por Dios, la «<strong>Buena Noticia</strong>» personal de Dios («Evangelio» o «Injil»), y lo siguen, pueden llegar a ser Sus «hermanos»; pueden convertirse en hijos adoptivos y obedientes de Dios.</p>
<p style="text-align: center;">La bendición y la gloria y la sabiduría <br />y la acción de gracias y la honra y el poder <br />y la fortaleza, sean a nuestro Dios <br />por los siglos de los siglos. <br />Amén.</p>
<p style="text-align: center;">(Ap. 7:12)<br /><br /></p>
<hr />
<p><strong>Nota del traductor:</strong> [1] El Injil, según el Corán es la revelación de Alá a Isa (Jesús). El Injil no equivale al Nuevo Testamento; más bien a los evangelios. No obstante, se debería recalcar que hay una gran diferencia entre los dos. En este ensayo los autores han decidido utilizar la palabra «Injil» como sustituto del Evangelio; quizá para acercar a los lectores musulmanes. El verdadero Injil no es una revelación de Dios a Jesús, más bien Jesús es la revelación que Dios ha enviado. [2] «Dios es Uno» Debemos tener cuidado en intentar equiparar el monoteísmo islámico con el cristiano. El Corán sostiene una teología más cercana al unitarismo que cualquier otra cosa. Por supuesto, se aleja mucho de la teología cristiana trinitaria.</p>
<hr />
<p>Fuente: https://answering-islam.org/Hahn/son.html</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>La violencia domestica en el Islam</title>
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		<dc:creator><![CDATA[James M. Arlandson]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 May 2022 11:37:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
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					<description><![CDATA[Para demostrar cómo la violencia doméstica está incrustada en el Corán, este artículo sigue un método específico de exégesis (análisis detallado de un texto) en cuatro etapas. Primero, se ofrecen traducciones de eruditos musulmanes...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-1542" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/violence.jpg" alt="Violencia domestica Islam" width="1000" height="620" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/violence.jpg 1000w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/violence-300x186.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2022/05/violence-768x476.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<h2><b>Lo que dice el Corán sobre golpear a las mujeres</b></h2>
<p>—<strong>James M. Arlanson (<a href="https://answering-islam.org/Authors/Arlandson/beating.htm" target="_blank" rel="noopener">anwering-islam.org</a>)</strong></p>
<table style="border-collapse: collapse; width: 100%; height: 105px;">
<tbody>
<tr>
<td style="width: 100%;">«Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden. ¡<b>Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas en el lecho, pegadles</b>! Sí os obedecen, no os metáis más con ellas. Dios es excelso, grande.» (Sura 4:34, ed. Julio Cortés)</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>¿Permite el Corán que los maridos golpeen a sus esposas?</p>
<p>Summer Hathout es fiscal en Los Ángeles, activista por los derechos de la mujer y musulmana. Ella niega que el Islam promueve la violencia doméstica y concluye en un breve artículo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Para aquellos de nosotros que conocemos el Islam y el Corán, la violencia contra las mujeres es tan antitética a las enseñanzas del Islam que pensamos que aquellos que usan nuestra religión contra nosotros están equivocados, mal informados o son malévolos».</p>
<p>Por otro lado, la televisión saudita emitió <a href="https://www.memri.org/reports/muslim-clerics-religious-rulings-regarding-wife-beating" target="_blank" rel="noopener">un programa</a> de entrevistas discutiendo este tema. En el enlace los lectores pueden ver a un erudito islámico sosteniendo una varas de muestra que los esposos pueden usar para golpear a sus esposas.</p>
<p>¿Dónde está la verdad entre los dos extremos?</p>
<p>Desafortunadamente, el hombre saudita está mucho más cerca de la verdad que la activista y apologista (defensora) musulmana estadounidense, ya que la Sura 4:34 en el Corán permite que los esposos golpeen a sus esposas; aunque el versículo no dice nada sobre las varas.</p>
<p>Es cierto, como señala Hathout, que todas las sociedades tienen violencia doméstica; sin embargo, las sociedades islámicas lo tienen consagrado en su eterna palabra de Alá, a diferencia, digamos, del Nuevo Testamento, que no tiene ni el más mínimo indicio de ello. Con tal respaldo divino de Alá, ¿puede el Islam reformarse en este asunto?</p>
<p>Para demostrar cómo la violencia doméstica está incrustada en el Corán, este artículo sigue un método específico de exégesis (análisis detallado de un texto) en cuatro etapas. Primero, se ofrecen traducciones de eruditos musulmanes, para que ellos, y no los occidentales, nos hablen de su propio texto sagrado. En segundo lugar, se explican el contexto histórico y el contexto literario del texto en cuestión, de modo que la vida de Mahoma y la comunidad musulmana primitiva puedan arrojar algo de luz sobre la dudosa práctica. Además de aclarar el verso, esta etapa también está diseñada para prevenir la típica respuesta reflexiva «fuera de contexto» de los apologistas musulmanes. Tercero, permitimos que los propios musulmanes interpreten el contenido del versículo coránico. Esta etapa se subdivide entre las tradiciones tempranas y los cuatro comentaristas modernos, incluido Hathout. Finalmente, hacemos algunas preguntas sobre el Islam y la posibilidad de reforma, señalando que a los cristianos se les debe permitir dudar que Dios enviara tal versículo, especialmente cuando el Islam afirma ser el cumplimiento del cristianismo.</p>
<p><b>Las traducciones de la Sura 4:34</b></p>
<p>La primera etapa ofrece tres traducciones musulmanas de la Sura 4:34, que deben leerse cuidadosamente para comprender la interpretación de los musulmanes en la cuarta etapa.</p>
<p>El egipcio M.A.S. Abdel Haleem, educado en la Universidad Al-Azhar, El Cairo, y en la Universidad de Cambridge, y ahora profesor de Estudios Islámicos en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, traduce para Oxford University Press (2004) lo siguiente:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Los esposos deben cuidar plenamente de sus esposas, con [las bondades] que Dios ha dado a unos más que a otros y con lo que gastan de su propio dinero. Las esposas justas son devotas y guardan lo que Dios quiere que guarden en la ausencia de los maridos. Si temes la prepotencia de tus esposas, recuérdales [las enseñanzas de Dios], luego ignóralas cuando te acuestes y l<b>uego golpéalas</b>. Si te obedecen, no tienes derecho a actuar contra ellas. Dios es altísimo y grande.» (Sura 4.34) [1]<br />
Abdullah Yusuf Ali, un erudito que trabajó en Lahore, Punjab (Pakistán), comenzó su traducción en 1934 y la revisó por tercera vez en 1938. Señala entre paréntesis la secuencia de pasos, que no aparecen en el árabe original, y el significado implícito suavizado de «golpéales (ligeramente)»:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«En cuanto a aquellas mujeres de cuya parte temas la deslealtad y la mala conducta, amonestadlas (primero), (después) rechazad compartir sus lechos, (y por último) golpeadlas (ligeramente).» (Sura 4:34)</p>
<p>La secuencia que vemos en la traducción de Yusuf Ali es importante para la interpretación de los musulmanes que vemos a continuación, por lo que los lectores deben concentrarse en ello ahora.</p>
<p>Ahmed Ali fue un autor de ficción y tradujo este texto para Princeton University Press (1984, rev. 1986), agregando glosas entre paréntesis que no se encuentran originalmente en árabe:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«En cuanto a las mujeres que sientes que son adversas, háblales con persuasión; luego déjalas solas en la cama (sin molestarlas) y acuéstate con ellas (cuando estén dispuestas).» (Sura 4.34)</p>
<p>Esta traducción contradice rotundamente las otras dos citadas aquí y muchas otras: «golpear» (Fakhry); «flagelar» (Pickthall); «golpear» (Dawood); «golpear (ligeramente)» (Hilali y Khan); «castigar» (Maulana); «castigar» (Khan); «golpear» (Maududi); «golpear» (Salahi y Shamis, traductores musulmanes de Sayyid Qutb); «golpear» (Comité de traductores musulmanes de Ibn Kathir); «golpear» (Shakir); «castigar» (Khalifa); «golpear» (Sher Ali); y «golpear» (Asad, a quien Hathout cita en su artículo).*</p>
<p>En contraste, la redacción de Ali, a la que la activista y abogada Hathout se aferra a pesar de los numerosos traductores que no están de acuerdo con Ali y ella, invierte el significado simple de las palabras mediante un hábil truco lingüístico. Más adelante, permitimos que eruditos musulmanes de renombre desafíen esta mala interpretación. Pero por ahora esto muestra cuán lejos llegarán algunos apologistas musulmanes (defensores del Islam) para suavizar las duras palabras del Corán.</p>
<p><b>Contextos históricos y literarios de la Sura 4:34</b></p>
<p>La segunda etapa en nuestro método exegético es establecer los contextos históricos y literarios de Sura 4:34.</p>
<p>Sayyid A&#8217;La Abul Maududi (m. 1979) fue un indo-pakistaní que trabajó duro para establecer una teocracia en Pakistán a través de Jamaat-i-Islami. Es un comentarista tradicional muy respetado que dice que esta sura, titulada «Mujeres», fue revelada en diferentes momentos, aunque en el período del 625 al 626 d.C. En aquel entonces Mahoma intentaba establecer una comunidad musulmana en Medina en circunstancias muy adversas; aunque el Islam logró superarlas. El versículo 34 encaja en el contexto de los versículos 1-35, los cuales establecen las reglas específicas para la familia. Por ejemplo, después de la Batalla de Uhud en el año 625, en la que los musulmanes perdieron muchos hombres, Mahoma dice que se les debe dar su propiedad a los huérfanos y no reemplazar sus cosas buenas por malas, lo que significa tratar de manera justa y sabia con sus bienes (vers. 1-6). Además, discute las reglas para heredar bienes, como que un hijo tenga la parte igual a dos hijas o que un esposo debe heredar la mitad de los bienes de su esposa, a menos que tengan hijos, en cuyo caso hereda una cuarta parte (vers. 11-14). Después, si las mujeres o los hombres de alguna parte de la sociedad musulmana cometen actos lascivos, deben ser castigados, a menos que se arrepientan (vers. 15-18). A continuación, una gran sección trata sobre las reglas del matrimonio, como no casarse con madres, hijas, hermanas, etc. (vers. 19-28). Finalmente, establece reglas contra la codicia y el asesinato, y nuevamente vuelve a una ley sobre la herencia (vers. 29-33).</p>
<p>Por lo tanto, es en este entorno familiar donde se ubica el objetivo del v. 34, y Mahoma establece una regla más en este: cómo tratar con una esposa indisciplinada o rebelde (<i>The Meaning of the Qur’an</i>, vol. 1, págs. 297-303).</p>
<p><b>Interpretaciones de la Sura 4:34</b></p>
<p>La tercera etapa es interpretar la Sura 4:34, pero debemos dejar que los musulmanes hablen por sí mismos sobre el verso problemático, comenzando con las tradiciones más antiguas y terminando con la era moderna.</p>
<p><b>Las primeras tradiciones</b></p>
<p>Las primeras tradiciones confirman que golpear a las esposas realmente ocurría y estaba sancionado en la época de Mahoma y en su comunidad. La violencia doméstica es profunda y temprana en el Islam, contrario a la apología (defensa) de Hathout.</p>
<p>Ibn Ishaq (c. 704-768), un biógrafo de Mahoma, a quien los historiadores modernos consideran en gran parte fiable (excepto por los milagros y alguna cronología), resume esta parte del sermón de Mahoma, pronunciado durante su última peregrinación a la Meca y escuchado por miles de personas:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Tienes derechos sobre tus esposas y ellas tienen derechos sobre ti. Tienes derecho a que no profanen tu lecho y a que no se comporten con abierta indecorosidad. Si lo hacen, <b>Dios te permite ponerlas en habitaciones separadas y golpearlas</b>, pero no con severidad. Si se abstienen de estas cosas, tienen derecho a su comida y vestimenta con bondad. Impón amonestación a las mujeres con amabilidad, porque ellas son prisioneras contigo sin tener control de sus propias personas.»(<i>traducción de Guillaume, p. 651</i>)</p>
<p>Este pasaje revela que Mahoma creía que era lícito golpear a las esposas sólo en circunstancias ofensivas, como por «abierta indecorosidad». También repite el consejo de que los maridos deberían al principio separarse de tales esposas y sólo después aplicar la fuerza física. Por lo tanto, la secuencia en el relato de Ibn Ishaq y la Sura 4:34 se superponen un poco.</p>
<p>Bukhari (810-870) y Muslim (817-875) son dos recopiladores y editores de hadices (dichos y hechos de Mahoma fuera del Corán) y se consideran completamente fiables. Ellos registran este preocupante pronunciamiento:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Narró Abdallah b. Zama: “Ninguno de ustedes debe azotar a su esposa como azota a un esclavo, y luego tener relaciones sexuales con ella en la última parte del día”. Una versión dice: “Uno de ustedes recurre a azotar a su esposa como a una esclava y tal vez se acueste con ella al final del día.”» (<i>Mishkat</i>, James Robson, vol. 1, p. 688 o <i>Matrimonio</i>, capítulo XI)</p>
<p>¿Da permiso este hadiz? ¿Puede el esposo azotarla, excepto que no tan severamente como se azota a un esclavo, porque la esposa de un hombre vive y tiene relaciones sexuales con él? ¿O prohíbe los azotes por completo? En todo caso, no desmiente que se permita golpear, o incluso azotar.</p>
<p>Bukhari informa de este incidente sobre las esposas de la primera comunidad musulmana en el contexto de la confusión marital y una extraña ley sobre el matrimonio después del divorcio:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Rifa&#8217;a se divorció de su esposa con lo cual &#8216;AbdurRahman bin Az-Zubair Al-Qurazi se casó con ella. &#8216;Aisha dijo que la dama (llegó) con un velo verde (y se quejó (a Aisha) de su esposo y le mostró una mancha verde en la piel causada por los golpes). Era costumbre de las damas apoyarse mutuamente, así que cuando llegó el Apóstol de Alá, &#8216;Aisha dijo: “No he visto a ninguna mujer sufrir tanto como las mujeres creyentes. ¡Mira! ¡Su piel es más verde que su ropa!”»</p>
<p>Nadie debe dudar que esto refleja la vida de muchas mujeres en esta comunidad religiosa fundacional. ¿Cómo podría ser de otra manera cuando Alá permite que los maridos golpeen a sus esposas? ¿Permitiría el verdadero Dios tal cosa incluso cuando el Antiguo Testamento no lo permite?</p>
<p>Otro recopilador y editor de hadices, Tirmidhi (821-894), un estudiante de Bukhari, aunque no tiene un estatus tan alto como su maestro, registra esta tradición:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Tenéis derecho en lo tocante a vuestras mujeres a que no dejen entrar en vuestras casas a nadie que no os guste; si lo hacen, castíguenlas de tal manera que no dejen ninguna marca.»</p>
<p>El siguiente informe está narrado por Aisha, la joven esposa favorita de Muhammad, con quien se casó cuando él tenía cincuenta y tantos años y ella unos nueve o diez (se comprometieron cuando ella tenía seis años). El contexto muestra a Mahoma saliendo a escondidas de la casa, para visitar un cementerio y rezar por los muertos. Aisha lo siguió, regresando justo antes que él, pero notó que estaba sin aliento y le preguntó por qué. Ella le contó, y aparentemente temiendo por su vida al verla en las sombras, la castigó. Dice Aisha: «Me golpeó en el pecho y me causó dolor» (<i>Muslim, vol. 2, no. 2127</i>). Así pues, Muhammad cometió violencia doméstica contra su joven esposa.</p>
<p>La colección de hadices de Sunan Abu Dawud también se considera fiable. Este pasaje registra a Mahoma diciendo por primera vez que los esposos no deben golpear a sus esposas (vol. 2, núms. 2139 y 2141), pero Umar, uno de sus principales compañeros, le informó que las esposas se estaban «envalentonando hacia sus esposos». Así que Mahoma cambió de opinión:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«“(El Profeta) dio permiso para golpearlas”. Sin embargo, las mujeres se quejaron con la familia de Mahoma, pero él replicó: “Muchas mujeres se han acercado a la familia de Mahoma para quejarse de sus maridos. No son los mejores entre vosotros” (vol. 2, no. 2141).</p>
<p>Este pasaje es muy revelador. Primero, muestra que Mahoma eligió un mal camino a instancias de uno de sus compañeros. Para ser franco, ¿qué clase de líder es este? En segundo lugar, las mujeres se quejaron, y esto solo puede significar que las estaban golpeando. Pero en lugar de cambiar su política a una más misericordiosa, simplemente dijo que estos hombres no eran «los mejores entre vosotros». En tercer lugar, debería haber reconsiderado su nuevo fallo. Pero no importa, porque Alá le reveló la Sura 4:34. Esto triunfa sobre todo. Sin embargo, ¿haría descender el Dios verdadero tal práctica?</p>
<p>Antes de dejar Sunan Abu Dawud, debemos mirar un breve hadiz, el cual dice:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Umar b. al-Kattab informó que el Profeta &#8230; dijo: “A un hombre no se le preguntará por qué golpea a su esposa.”» (vol. 2, no. 2142).</p>
<p>Se haga en el Día del Juicio o aquí en la tierra, la pregunta sigue siendo preocupante. Este es el tipo de pasaje que sorprende a muchos occidentales. Si los musulmanes afirmaran que golpear a la esposa fue relevante sólo para el siglo VII, entonces eso estaría bien, aunque uno tendría el derecho de preguntarse si el Dios verdadero diría tal cosa en primer lugar. Pero los musulmanes creen que esta política expresa la voluntad divina de Alá para todos los tiempos y lugares y es necesaria para corregir la naturaleza humana (aunque no se ordenó a las esposas que golpearan a sus maridos para corregir su naturaleza humana).</p>
<p>Finalmente, Ibn Kathir, un comentarista medieval muy respetado, hace referencia a otro pasaje de Muslim, el editor de hadices. Mahoma dice esto en su peregrinaje de despedida:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Teme a Alá con respecto a las mujeres, porque ellas son tus asistentes. Tienes derecho sobre ellas a que no permitan que ninguna persona que no te guste pise tu esterilla. Sin embargo, si hacen eso, puedes disciplinarlas ligeramente&#8230; (<i>Tafsir Ibn Kathir, vol. 3, p. 446, ed. Safiur-Rahman al Mubarakpuri, Riyadh: Darussalam</i>)</p>
<p>Ibn Kathir nos informa que la «disciplina» implica lo físico. Además, no permitir que alguien que no le guste a un esposo se suba a su esterilla es similar al hadiz anterior que dice que ningún hombre puede entrar a la casa del esposo sin su permiso (ver Tirmidhi, arriba). La cultura árabe difiere de la nuestra, por lo que en el mundo de hoy la invitación a un hombre que no le gusta al esposo puede equivaler a un contacto sexual inapropiado, incluso si el acto no se comete.</p>
<p>Con todo, las tradiciones más antiguas, que representan a otras, permiten que los esposos golpeen a sus esposas, por lo que la Sura 4:34 encuentra más dificultades en su contexto histórico y no puede explicarse desde ese punto de vista. La violencia doméstica se encuentra en el corazón del Islam, no en su periferia, contrariamente a los argumentos de Hathout.</p>
<p><b>Cuatro interpretaciones modernas</b></p>
<p>Ahora podemos pasar a los cuatro comentaristas modernos, que parecen incómodos con la Sura 4:34, por lo que reaccionan de diversas maneras para explicarlo. No son capaces de negar que vino de Dios (Alá). A veces, esta sección puede volverse un poco técnica, pero es preciso que el lector lo supere, pues los últimos tres intérpretes revelan una agenda hacia los occidentales desprevenidos que no conocen los detalles del Islam.</p>
<p>Después de dar un esbozo de los dos primeros pasos de esta sura (advertencia y no sexo) y recordar a los maridos que administren los pasos en proporción a la ofensa y que lo hagan  renuentemente, Maududi llega al tercer paso, golpeando:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«En cuanto a una paliza, el Santo Profeta (Mahoma) lo permitió a regañadientes e incluso entonces no le gustó. <b>Pero el hecho es que hay ciertas mujeres que no enderezan sus caminos sin una paliza.</b> En tal caso, el Santo Profeta ha instruido que ella no sea golpeada en la cara, ni cruelmente, ni con nada que pueda dejar una marca en el cuerpo.» (vol. 1, pág. 333, nota 59)</p>
<p>Por lo tanto, las dudas y calificaciones de Maududi en torno a la frase en negrita hacen que parezca avergonzado de aplicar esta enseñanza coránica. Sin embargo, evalúa los hechos tal como los ve: algunas mujeres no se arreglan sin una paliza. Así que no es del todo reacio, después de todo. Seguramente es esta idea arcaica sobre la mujer la que impregna el mundo musulmán. Sin embargo, incluso si los musulmanes devotos de hoy no van tan lejos como Maududi, ¿cómo pueden negar este versículo tal como está escrito, especialmente creyendo que Dios trajo el Corán a través de Gabriel?</p>
<p style="padding-left: 40px;">¿Qué piensan los siguientes intérpretes musulmanas sobre este versículo? Amina Wadud, profesora de estudios islámicos en el Departamento de Filosofía y Estudios Religiosos de la Virginia Commonwealth University, en su libro <i>Qur’an and Woman: Reading the Sacred Text from a Woman’s Perspective </i>(Oxford UP, 1999), ofrece su punto de vista.</p>
<p>No dispuesta a negar la validez de una revelación tan dudosa como la Sura 4:34, estira al máximo la credulidad para sortear las dificultades. Simplemente busca en un léxico árabe la palabra <i>Daraba</i>* utilizada en el verso, que significa «golpear», y encuentra un contexto que le conviene. Así que «golpear» no siempre significa un golpe físico, sino que también puede significar «salir» de viaje (p. 76). Sin embargo, esto es un mal uso del lenguaje, porque el contexto y la intención, cuando son tan sencillos como los de Sura 4:34, deben determinar el significado de una palabra. Por lo tanto, cuando el contexto dice claramente que los esposos pueden «golpear» a las esposas, no significa que los esposos puedan «salir de viaje». La navaja de Ockham, que dice que la explicación más simple y clara es mejor que una enrevesada, se aplica a Sura 4:34, y es por eso que los numerosos traductores citados anteriormente no están de acuerdo con Wadud.</p>
<p>Por lo tanto, la dudosa interpretación de Wadud indica que ella también, más que Maududi, fluctúa entre aferrarse a la Sura 4:34 y prescindir de ella. Su agenda la guía, en lugar de quedarse con el significado claro y simple cuando el contexto y la intención son sencillos.</p>
<p>Hathout es la segunda comentarista femenina, pero primero debemos cuestionar la extraña traducción de Ahmed Ali, ya que sirve como trasfondo de su mala interpretación. Él basa su cláusula «y vete a la cama con ellas (si están dispuestas)» en lugar del término más preciso «golpéalas» con el mismo razonamiento inconsistente que usa Wadud. Hathout también va al diccionario para escoger el contexto que le conviene, notando que <i>Daraba</i> metafóricamente significa tener relaciones sexuales, como en su ejemplo «el semental cubrió [<i>darab</i>] a la camella». Para respaldar esta interpretación, cita el hadiz ambiguo de Bukhari y Muslim (ver arriba) que cuestiona si un esposo debe golpear a su esposa, pero no cita otros hadices claros, como los de Muslim y Abu Dawud (ver arriba). Por lo tanto, los hadices más fiables de hecho apoyan golpear a las esposas, contrario a la afirmación de Ali en sus notas.</p>
<p>Además, la traducción de Ali no se ajusta al significado claro del resto del versículo, y es por eso que debe proporcionar una adición falsa entre paréntesis: «si están dispuestas». Pero esto confunde la secuencia en 4:34: amonestación, nada de sexo, golpes. En la secuencia de Ali, por el contrario, un esposo pasa de ignorar a su esposa en la cama en un momento, a tener relaciones sexuales sin que ella se arrepienta (advertencia, no sexo, sexo). Más bien, las relaciones sexuales suceden solo después del exitoso proceso de tres pasos de tratar con una esposa rebelde y su arrepentimiento: amonestación, nada de sexo, golpes, arrepentimiento, sexo. Ningún erudito respetable niega esta secuencia y el propósito reparador detrás de ella; por lo tanto, los muchos traductores citados anteriormente no están de acuerdo con Ali, cuya traducción confunde el orden. Por lo tanto, al igual que Wadud, Ali retuerce la verdad, ya que el significado claro y no metafórico de <i>daraba</i> en este verso, no en otros versos del Corán ni en los escritos sobre los hábitos sexuales de los camellos en la Arabia del siglo VII, es «golpear». o «pegar» a las esposas. Por lo tanto, es su agenda quien le guía.</p>
<p>Con la mala traducción de Ali como trasfondo, Hathout se aferra a sus argumentos porque se ajustan a su ideología, aunque muchos traductores no están de acuerdo ni con Ali ni con Hathout. De manera reveladora, ella lo cita sin el paréntesis que encierran las palabras añadidas «si están dispuestas». Su omisión engaña al lector desprevenido de que la cláusula es original, mientras que en realidad, Ali la proporciona para suavizar su discordante mala traducción. Como se señaló, de acuerdo con el proceso claro y directo de los tres pasos de la Sura 4:34, <i>daraba</i> no significa metafóricamente «tener relaciones sexuales», sino literalmente «golpear» o «pegar». La navaja de Ockham elimina nuevamente estas malas e intrincadas interpretaciones.</p>
<p>Hathout presenta el Islam a los estadounidenses de la mejor manera posible, aunque esto implica corromper la interpretación natural de la Sura, a pesa de que muchas otras traducciones de eruditos, hadices y comentaristas musulmanes contradicen la mala interpretación de Ali y Hathout. Su agenda los guía. Contrariamente a su tesis de que la violencia doméstica surgió fuera del Islam como una lucha de las élites por controlar las cosas, las semillas de la violencia se han plantado en el corazón mismo del Corán y del propio Mahoma. Estas semillas han crecido dentro del Islam; no han sido trasplantados a ella.</p>
<p>Haleem, cuya traducción usamos anteriormente en nuestra primera etapa, es el último de nuestros eruditos musulmanes modernos en interpretar la Sura 4:34 en su <i>Comprensión del Corán</i> (2001), pp. 46-55. A diferencia de Wadud, Ali y Hathout, Haleem analiza el verso directamente sin forzar el significado natural a uno artificial o enrevesado. Después de profundizar en el proceso de los tres pasos que se encuentra en Sura 4:34 (advertencia, no sexo, golpear), concluye que los esposos no deben golpear a sus esposas por ningún motivo <i>ad hoc</i>, de acuerdo con el capricho de los esposos o el estallido de ira, pero sólo por el comportamiento francamente indecoroso y lascivo de las esposas (la primera parte del v. 34). Y los golpes deben usarse sólo después de que se hayan probado los dos primeros pasos correctivos y solo una vez, a la ligera.</p>
<p>A pesar del excelente método exegético de Haleem que llega a una conclusión honesta pero inquietante (a diferencia de la exégesis débil y la conclusión blanqueada de Hathout), podemos hacernos la misma pregunta (la cual cita Haleem) que muchos eruditos musulmanes hacen retóricamente: «si la enseñanza coránica en este asunto no es justa y sensata, entonces ¿cuáles son las alternativas?» (pág. 55). De hecho, esta es la pregunta correcta, pero la respuesta de Haleem se queda corta:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Sin duda, es mejor recordarle a la esposa su deber, o enfurruñarse por un tiempo, o incluso golpearla a la ligera, y luego traer árbitros que puedan, si fallan todos los intentos de reconciliación, recomendar el divorcio [Sura 4:35 ].» (pág. 55)</p>
<p>Sin embargo, una alternativa más aceptable es la siguiente: el primer paso (advertencia) es sensato; el segundo paso (sin sexo) puede ser sensato, si las esposas de hecho están cometiendo actos sexuales fuera del matrimonio; sin embargo, el tercer paso (golpear) es completamente erróneo e inmoral en todos los casos, no importa cuán ligeramente se administre, por lo que puede omitirse; y el cuarto y quinto paso del v. 35 (arbitraje y tal vez el divorcio como último recurso) son correctos, aunque el divorcio sería triste. Esta es la alternativa que buscan Haleem y los eruditos musulmanes: los esposos nunca deberían golpear a sus esposas por ningún motivo; deberían eliminar el tercer paso.</p>
<p>La omisión del paso de golpear es muy importante, teniendo en cuenta que la Sura 4:34 declara que los esposos pueden golpear a sus esposas si temen «indecencia» y «desprestigio», si realmente los dos defectos de carácter están en sus esposas. Esto coloca la interpretación de los defectos de las esposas en manos de sus maridos, incluso si un observador objetivo puede aclarar que él o ella no ve ningún defecto en las esposa. Sura 4:34, entonces, abre la puerta a los peores abusos.</p>
<p><b>Aplicación</b></p>
<p>Llegamos ahora a la cuarta y última etapa de nuestro método exegético, aplicando el tema de la violencia doméstica en el Islam a la actualidad.</p>
<p>¿Están dispuestos los musulmanes a eliminar el tercer paso (golpear) cuando se ve claramente en el Corán?</p>
<p>Haleem y los eruditos que cita, como Maududi, Wadud, Ali y Hathout, son reacios a cuestionar la validez de esta revelación coránica. Como señala Hathout en su artículo, los musulmanes creen que Alá, a través de Gabriel, trajo el Corán eterno a Mahoma; es una bendición para todas las sociedades de hoy, porque sus muchos versos reflejan las verdades universales de Alá. Por lo tanto, los eruditos musulmanes no están dispuestos no solo a negar la inspiración de versículos como el 4:34, sino también a interpretarlos como apropiados solo para la Arabia del siglo VII y, por lo tanto, como irrelevantes para la actualidad. Aparentemente, una visión demasiado rígida, absolutista y poco realista de la inspiración coránica, crearía demasiada disonancia cognitiva o conmoción mental a los musulmanes con una agenda.</p>
<p>Sin embargo, para reformar, uno debe enfrentar los problemas de frente, no fingir que no existen, o dar malas explicaciones. Pero si estos eruditos son reacios e incluso defienden o explican los versos sagrados mediante contorsiones lingüísticas antinaturales, ¿qué pasa con los musulmanes comunes y especialmente con los fanáticos? Seguramente ellos también dudarían. La teología retorcida del erudito islámico que sostiene varas es el resultado inevitable para los fanáticos, y la violencia doméstica respaldada por Dios (Alá) es el resultado inevitable en el hogar promedio.</p>
<p>Sin embargo, si los musulmanes son reacios a reformar o negar pasajes del Corán, deben evitar un enfoque dudoso para los occidentales desinformados: nunca deben vender o encubrir la violencia doméstica y otra violencia que se encuentra en los orígenes y el núcleo de su religión, no en la periferia de su religión, como afirman o insinúan incorrectamente Hathout y Ahmed Ali. Una agenda que hace al Islam, con defectos y todo, parecer aceptable para los occidentales está mal.</p>
<p>Los musulmanes no deberían sorprenderse si los cristianos cuestionan la afirmación de que el Islam y el Corán completan y cumplen el cristianismo y el Nuevo Testamento. A los cristianos se les debería permitir cuestionar, sin ser acusados de estar «equivocados, mal informados o de ser malévolos» (palabras de Hathout), si Dios enviaría una revelación que promueve la violencia doméstica en un texto sagrado posterior, cuando su Nuevo Testamento omite correcta y justamente este.</p>
<p>Por lo tanto, la práctica de golpear o pegar a las esposas de la Sura 4:34 es un gigantesco paso social y cultural hacia atrás y cuestiona si Dios envió el Corán a través de Gabriel tan tarde en la historia, después de que el amor de Dios se mostró a través de Cristo. Él nunca dijo que los maridos deben golpear a sus esposas, y tampoco lo hicieron los autores del Nuevo Testamento.</p>
<p>Jesús salva. Mahoma dice que golpees.</p>
<p>* Tres versiones occidentales traducen de la siguiente manera la palabra de tres consonantes D-r-b (daraba) en Sura 4:34: «azotar» (Rodwell); «golpear» (Arberry); y «golpear en las nalgas» (!) (Cleary).</p>
<hr />
<ol>
<li aria-level="1"><i>«If you fear high-handedness from your wives, remind them [of the teaching of God], then ignore them when you go to bed, </i><b><i>then hit them</i></b><i>. If they obey you, you have no right to act against them.»</i></li>
</ol>
<hr />
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		<title>Muhammad: el profeta que traicionó a sus compañeros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enguardia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Dec 2020 00:00:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[Corán]]></category>
		<category><![CDATA[Mahoma]]></category>
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					<description><![CDATA[En el año 628 d.C., Muhammad (Mahoma), después de haberse apoderado de Medina, se dirigió hacia la Meca con la intención de realizar los ritos musulmanes, los cuales eran casi idénticos a los rituales celebrados por los paganos de la Meca.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-607 size-full" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/12/Muhammad.jpg" alt="Profeta Muhammad" width="1200" height="675" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/12/Muhammad.jpg 1200w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/12/Muhammad-300x169.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/12/Muhammad-1024x576.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/12/Muhammad-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></p>
<p>–<strong>Enguardia</strong></p>
<p>En el año 628 d.C., Muhammad (Mahoma), después de haberse apoderado de Medina, se dirigió hacia la Meca con la intención de realizar los ritos musulmanes, los cuales eran casi idénticos a los rituales celebrados por los paganos de la Meca. Pero este no fue cualquier viaje. Durante mucho tiempo, Muhammad había estado soñando con entrar en la Meca y convertir, ya fuera con la palabra o con la espada, a los paganos de aquella ciudad.  Alá le había prometido que entraría en la Meca ese mismo año:</p>
<blockquote><p>«Dios ha realizado, ciertamente, la visión de su Enviado: “En verdad, qué habéis de entrar en la Mezquita Sagrada, si Dios quiere, en seguridad, con la cabeza afeitada y el pelo corto». (Sura 48:27)</p></blockquote>
<p>No obstante, de camino a la Meca, Muhammad se encontró con la contingencia pagana liderada por Suhail b. Amr, quienes le prohibieron el paso. El encuentro eventualmente acaba con el tratado de Hudaybiyya. En este pacto Muhammad concede varias cosas a cambio de poner sus pies en la Meca. En primer lugar, el profeta musulman concede cambiar su título honorífico «Muhammad, Mensajero de Alá» a, simplemente, «Muhammad, hijo de Abdullah». En segundo lugar, Muhammad debía entregar a los conversos musulmanes que se habían escapado de la Meca y que estaban con él, tal cómo nos relata este hadiz:</p>
<blockquote><p>«Entonces Suhail dijo: “También estipulamos que debes devolvernos a quienquiera que venga de nosotros, incluso si abrazó tu religión”. Los musulmanes dijeron: “¡Glorificado sea Alá! <b>¿Cómo se devolverá a los paganos una persona así después de hacerse musulmán?</b>”» (Sahih al-Bukhari, Volumen 3, Libro 50, Número 891)</p></blockquote>
<p>A pesar de las quejas de los musulmanes, Muhammad acabó por entregar a sus amigos a la tribu Quraysh de la Meca. Uno de estos era Abu-Jandal. Suhail, el representante de los mecanos, al ver a Abu-Jandal dijo:</p>
<blockquote><p>«Muhammad, el acuerdo entre nosotros se concluyó antes de que este hombre viniera a verte. Él respondió: “tienes razón”. Comenzó [Suhail] a tirar de él bruscamente por el cuello y a arrastrarlo para devolverlo a Quraysh, mientras Abu Jandal gritaba con todas sus fuerzas: “¿Vo y a ser devuelto a los politeístas para que puedan alejarme de mi religión, oh musulmanes! <b>Y eso desanimó todavía más a la gente</b>.”» (Ibn Ishaq, Sirat Rasullah) [1]</p></blockquote>
<p>No es de extrañar que estos musulmanes estuvieran desanimados y avergonzados [2]; después de todo, ¿qué profeta haría tal cosa? ¿Podemos imaginarnos a Jesús, o incluso a Abraham o Moisés, hacer algo así? ¿Es posible, sí quiera, ver a Abraham y Moisés traicionando a su propia gente, o a Jesús entregando sus discípulos a los fariseos para cumplir sus deseos? Al contrario. Más bien, vemos a Abraham luchando contra cuatro reyes para salvar a los suyos. Vemos a Moisés sufriendo para llevar al pueblo de Israel a la tierra prometida. Y en especial, vemos a Jesús dando su vida, no solo por sus discípulos, sino por todo el mundo. Veamos lo que dice Jesús cuando es traicionado por su propio discípulo:</p>
<blockquote><p>«Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho:<b> De los que me diste, no perdí ninguno</b>.» (Juan 18:3-9)</p></blockquote>
<p>¡Que gran diferencia entre Muhammad y Jesús! Mientras Muhammad entrega sin escrúpulos a sus seguidores, Jesús guarda cómo a polluelos a sus propios discípulos. Además, sabemos que Muhammad acabó por romper el tratado con los mecanos. Jesús, no ha roto ninguna de sus promesas.</p>
<p>Por otro lado, ¿podemos imaginarnos a Jesús cambiando uno de sus títulos para firmar un tratado con los fariseos o con los romanos? Imaginemos el siguiente escenario. Un día vienen los fariseos a Jesús rogándole: «Te pedimos que no digas más que eres el <i>Hijo del Hombre</i> o el <i>Hijo de Dios</i>, no, más bien di que eres Jesús hijo de José. Sí haces así te dejaremos tranquilo a tí y a tus discípulos.» ¿Qué pensáis qué hubiese dicho Jesús? ¿No parece incluso algo ridículo pensar algo así?</p>
<p>Pero aquí no acaba el asunto, pues Muhammad no pudo entrar a la Meca aquel mismo año, sinó que tuvo que esperar hasta el próximo. Así, la visión profética de Muhammad no se cumplió.</p>
<blockquote><p>«En un sueño, el Mensajero de Allah se vio a sí mismo entrando en la Meca y realizando Tawaf alrededor de la Casa. Les contó a sus Compañeros sobre este sueño cuando todavía estaba en Al-Madinah. Cuando fueron a La Meca en el año de Al-Hudaybiyyah,<b> ninguno de ellos dudó que la visión del Profeta se haría realidad ese año.</b> Cuando se llevó a cabo el tratado de paz y tuvieron que regresar a Madina ese año, y se les permitió regresar a La Meca el año siguiente, <b>a algunos de sus compañeros no les gustó lo que sucedió</b>. &#8216;Umar bin Al-Khattab preguntó sobre esto, diciendo: “<b>¿No nos has dicho que iremos a la Casa y realizaremos Tawaf alrededor de ella?</b>”»(Tafsir Ibn Kathir) [3]</p></blockquote>
<p>Cualquiera puede comprender el disgusto de la promesa incumplida de Muhammad. Tanto es así que el «profeta» tuvo que inventarse una excusa para justificar la fallida profecía. Muhammad les respondió: «Os dije que iríamos a la Caaba este año?» [4] La excusa no cuela. Cómo hemos visto en la cita anterior, los compañeros de Muhammad no dudaron en qué «la visión del Profeta se haría realidad ese año»</p>
<p><b>Conclusión</b></p>
<p>Sí es usted musulmán, considera bien lo dicho en este ensayo. ¿Cuál es la verdadera cara de este hombre tan reverenciado por todos los musulmanes? ¿Puede un hombre que traicionó a sus propios compañeros ser un enviado de Dios? ¿Podemos fiarnos de una persona que dice ser profeta cuando las mismas profecías que anuncia no se cumplen? ¿Es fiable un profeta que rompe sus mismos pactos? Si empezáis a tener alguna duda sobre Muhammad, bien hacéis. Os recomiendo que busquéis a aquel quién nunca os traicionará ni dejará (sí creéis en él cómo único y suficiente salvador), a Jesús de Nazaret.</p>
<hr />
<ol>
<li aria-level="1"><i>Sirat Rasullah (La vida de Muhammad</i>, traducido por Alfred Guillaume, Oxford University Press), p. 505.</li>
<li aria-level="1">«Umar bin al-Khattab dijo: “Fui al Profeta y le dije: ‘¿No eres realmente el mensajero de Allah?’”  El Profeta dijo: “Sí, ciertamente”. Dije: “¿No es nuestra causa justa y la causa del enemigo injusta?” El dijo que sí. Dije: “Entonces, ¿por qué debemos ser humildes en nuestra religión?” Él dijo: “Soy el mensajero de Allah y no lo desobedezco, y Él me hará victorioso”». (<i>Sahih al-Bukhari</i>, Volumen 3, Libro 50, Número 891)</li>
<li aria-level="1">Tafsir Ibn Kathir. Volumen 9, p. 171. Surat Al-Jathiyah hasta el final de Surat Al-Munafiqun. Resumido por un grupo de eruditos bajo la supervisión de Shaykh Safiur-Rahman Al-Mubarakpuri [Darussalam Publishers &amp; Distributors]</li>
<li><i>Sahih al-Bukhari</i>, Volumen 3, Libro 50, Número 891</li>
</ol>
<p>Fuente: <a href="https://www.answering-islam.org/Shamoun/false_prophecies.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.answering-islam.org/Shamoun/false_prophecies.htm</a><br />
<a href="https://www.answering-islam.org/Shamoun/false_prophecies.htm" target="_blank" rel="noopener">Muhammad&#8217;s False Prophecies (answering-islam.org)</a><br />
<a href="https://www.bible.ca/islam/islam-myths-hajj-pagan-origin.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.bible.ca/islam/islam-myths-hajj-pagan-origin.htm</a></p>
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		<title>Armenia: rodeada y recortada hacia la inexistencia por el islam</title>
		<link>https://enguardia.org/armenia-recortada-hacia-la-inexistencia-por-el-islam/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Raymond Ibrahim]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Nov 2020 00:00:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[Corán]]></category>
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					<description><![CDATA[Tras más de dos meses de lucha, Armenia y Azerbaiyán finalmente han logrado la “paz”; después de que la nación cristiana acordara ceder sus tierras ancestrales en Artsaj a su vecino musulmán.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-701" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/11/armenia.jpg" alt="" width="1280" height="720" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/11/armenia.jpg 1280w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/11/armenia-300x169.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/11/armenia-1024x576.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/11/armenia-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></p>
<p>–<strong>Raymond Ibrahim</strong></p>
<p id="viewer-60c1i">Tras más de dos meses de lucha, Armenia y Azerbaiyán finalmente han logrado la “paz”; después de que la nación cristiana acordara ceder sus tierras ancestrales en Artsaj a su vecino musulmán.</p>
<p id="viewer-a7abt">Desde un punto de vista temporal y miope, tal arreglo puede parecer progresivo; a largo plazo, es regresivo y refleja las continuas relaciones históricas armenio-islámicas: a cambio de la paz, los cristianos siempre se han visto obligados a ceder territorio a los musulmanes. De hecho, el corazón del mundo musulmán (Oriente Medio, el norte de África y Asia Menor) era cristiano antes de ser invadido por la espada [cimitarra] del islam.</p>
<p id="viewer-dusg5">Así, antes de que el islam conquistara violentamente el este de Anatolia (Asia Menor) en el siglo XI, Armenia era significativamente más grande que hoy. Mil años atrás, los turcos empezaron la destrucción y absorción del territorio étnicamente armenio. Lo que está sucediendo hoy es simplemente parte de ese proceso.</p>
<p id="viewer-ea20q">La Crónica de Mateo de Edesa (m. 1144), escrito por un historiador armenio que vivió poco después de las conquistas iniciales, nos corrobora lo mencionado anteriormente. Según este valioso documento histórico, en 1019, «la primera aparición de las bestias sedientas de sangre&#8230; la nación salvaje de infieles llamados turcos, entró en Armenia&#8230; y masacró sin piedad a los fieles cristianos con la espada». Tres décadas después, las redadas fueron prácticamente ininterrumpidas. En 1049, el propio fundador del Imperio selyúcida turco, el sultán Tughril Bey (r. 1037-1063), llegó a la ciudad armenia de Arzden, al oeste del lago Van, y “sometió a espada a toda la ciudad, provocando una masacre que acabó con la vida de unas ciento cincuenta mil personas».</p>
<p id="viewer-28cr2">Otros contemporáneos confirman la devastación que sufrió Arzden. «Como perros hambrientos», escribe el testigo ocular Aristakes (1002 &#8211; 1080), los turcos «se lanzaron sobre nuestra ciudad, la rodearon y entraron, masacrando a los hombres y arrasando todo como segadores en los campos, convirtiendo la ciudad en un desierto. Sin piedad, incineraron a los que se habían escondido en casas e iglesias”.</p>
<p id="viewer-86hft">Once años después, en el año 1060, los turcos sitiaron a Sebastia [Sivas], una ciudad que había pertenecido a Armenia por al menos unos cuatrocientos años. Seiscientas iglesias fueron destruidas, “muchas e innumerables personas fueron quemadas” e innumerables mujeres y niños “fueron llevados cautivos a Persia”.</p>
<p id="viewer-amuq9">Entre 1064 y 1065, el sucesor de Tughril, el sultán Muhammad bin Dawud Chaghri, conocido posteriormente como Alp Arslan. Este héroe desagradable pero nacional de Turquía, sitió Ani, la capital fortificada de Armenia, entonces una gran y populosa ciudad. El atronador bombardeo de las máquinas de asedio de Muhammad hizo que toda la ciudad se estremeciera, y Mateo de Edesa describe a innumerables familias aterrorizadas, llorando acurrucadas. Una vez dentro, los turcos musulmanes “comenzaron a masacrar sin piedad a los habitantes de toda la ciudad&#8230; y amontonando sus cuerpos uno encima del otro… Innumerables niños de caras brillantes y niñas bonitas fueron secuestrados junto con sus madres ”.</p>
<p id="viewer-5ou0b">Varias fuentes cristianas no solo documentan el saqueo de la capital de Armenia (un contemporáneo señala sucintamente que Muhammad «convirtió a Ani en un desierto mediante masacres y fuego»), sino que también lo hacen las fuentes musulmanas, a menudo en términos apocalípticos: «Quería entrar en la ciudad y verlo con mis propios ojos,” explicó un árabe. “Traté de encontrar una calle sin tener que caminar sobre los cadáveres, pero fue imposible.“</p>
<p id="viewer-9kibj">Para que os hagáis una idea, esto es lo que los turcos musulmanes hicieron a los armenios cristianos, no durante el genocidio armenio del siglo pasado, sino a partir del año 1019, cuando comenzó la conquista islámica de Armenia.</p>
<p id="viewer-cal7u">“Ese fue el comienzo de las desgracias de Armenia”. Mateo de Edesa concluye: “Entonces, presta atención a este melancólico recital”. Este ha resultado ser un comentario ominoso, porque la historia de sangre y lágrimas antes mencionada, fue tan solo «el comienzo de las desgracias de Armenia», cuyo «recital melancólico» continúa hasta el día de hoy; más recientemente con las concesiones de la nación, que a la larga posiblemente resulten en vano.</p>
<p id="viewer-2bbeg">No es de extrañar que muchos armenios estén descontentos con la entrega de aún más tierras por su gobierno; hasta tal punto que han asaltado el parlamento y han «dejado inconsciente al presidente del Parlamento Ararat Mirzoyan frente a su familia». Quizás sean conscientes de que, como sugiere la historia, la paz verdadera y permanente entre Armenia y sus vecinos musulmanes sólo se logrará cuando la nación cristiana se haya entregado a sí misma a su propia disolución.</p>
<p id="viewer-21c59">Nota: <em>Las citas de Mateo de Edesa fueron extraídas del libro de Raymond Ibrahim , Espada y cimitarra: catorce siglos de guerra entre el Islam y Occidente. Raymond es miembro de Shillman en el David Horowitz Freedom Center, miembro de Judith Rosen Friedman en el Foro de Oriente Medio y miembro distinguido del Gatestone Institute.</em></p>
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		<title>Isa (Jesús) fue más grande que Mahoma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enguardia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2020 00:00:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[Corán]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
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					<description><![CDATA[Para todo musulmán no hay profeta más grande que Muhammad (Mahoma). El «amor» por este hombre es tan grande que incluso algunos de sus seguidores son capaces de morir y/o matar por él. Alegar que alguien es más grande que él constituye un verdadero sacrilegio. Sin embargo, el Corán, por muy sorprendente que pueda parecer, afirma contundentemente que existe un profeta más grande que Muhammad: Isa, el Jesús musulmán.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1180 size-full" src="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/06/Jesus-Escena-Pelicula.jpg" alt="Jesús de Nazaret" width="1200" height="630" srcset="https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/06/Jesus-Escena-Pelicula.jpg 1200w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/06/Jesus-Escena-Pelicula-300x158.jpg 300w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/06/Jesus-Escena-Pelicula-1024x538.jpg 1024w, https://enguardia.org/wp-content/uploads/2020/06/Jesus-Escena-Pelicula-768x403.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></h2>
<p>—<strong>Enguardia</strong></p>
<p id="viewer-dn0rt">Para todo musulmán no hay profeta más grande que Muhammad (Mahoma). El «amor» por este hombre es tan grande que incluso algunos de sus seguidores son capaces de morir y/o matar por él. Alegar que alguien es más grande que él constituye un verdadero sacrilegio. Sin embargo, el Corán, por muy sorprendente que pueda parecer, afirma contundentemente que existe un profeta más grande que Muhammad: Isa, el Jesús musulmán.</p>
<p id="viewer-bnlu1">A continuación veremos seis razones o argumentos que contradicen la visión ortodoxa musulmana sobre la supremacía de Muhammad. En todo caso, me gustaría recalcar, o mejor dicho, disuadir a los lectores de cualquier equiparación entre Isa y Jesús. Es decir, Isa tiene poco o nada en común con el verdadero Jesús histórico que encontramos en la Biblia. Mi intención no es mostrar a los musulmanes que deben honrar más a Isa o reemplazarlo por Muhammad, más bien espero que los siguientes argumentos les lleven a investigar quién es el verdadero Jesús, y sí es posible, que puedan llegar a conocerlo.</p>
<h2 id="viewer-a6lga">1) El nacimiento milagroso de Isa</h2>
<p id="viewer-3i5hg">Según el Corán, Isa (Jesús) nació de una manera milagrosa. María fue escogida «entre todas las mujeres del universo» para tener un hijo muy especial. Esto sucedería sin haberla «tocado mortal»:</p>
<blockquote id="viewer-1ctot"><p>«Y cuando los ángeles dijeron: “¡María! Alá te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo. [&#8230;] ¡María! Alá te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él. Su nombre es el Ungido, Jesús, hijo de María, considerado en la vida de acá y en la otra y será de los allegados. Hablará a la gente en la cuna y de adulto, y será de los justos”. Dijo ella: “¡Señor! ¿Cómo puedo tener un hijo, si no me ha tocado mortal?” Dijo: “Así será. Alá crea lo que Él quiere. Cuando decide algo, le dice tan sólo: ‘¡Sé!’ y es. Él le enseñara la Escritura, la Sabiduría, la Torá y el Evangelio”». (Sura 3:42-47)</p></blockquote>
<p id="viewer-8ogov">Así pues, según el Corán, Jesús fue el único mortal que nació sin padre. Sin duda, esto nos hace recordar el texto bíblico del encuentro del ángel Gabriel con María cuando el ángel le anuncia las buenas nuevas, a lo que la joven virgen responde: «¿Cómo será esto? Pues no conozco varón.» (Lucas 1:34) Claro está, el Corán omite que “este será grande, y será llamado hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32-33)</p>
<p id="viewer-ftb18">No obstante, el nacimiento milagroso de Jesús se acentúa aún más al examinar varios de los atributos que otorga el Corán a Jesús.</p>
<p id="viewer-a0c1f"><strong>a) La Palabra.</strong></p>
<blockquote id="viewer-f8nrt"><p>«Entonces, Zacarías invocó a su Señor diciendo: “¡Señor! ¡Regálame, de Ti, una descendencia buena! Tú escuchas a quien Te invoca”. 39. Los ángeles le llamaron cuando, de pie, oraba en el Templo: “Alá te anuncia la buena nueva de Juan, en confirmación de una Palabra que procede de Alá, y que será jefe, abstinente, profeta, de los justos”&#8230; los ángeles dijeron: “¡María! Alá te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él.”» (Sura 3:38-39)</p></blockquote>
<p id="viewer-d9nvn">Sin embargo, en la Biblia, en el evangelio de Juan encontramos una de las descripciones más bellas sobre la naturaleza de Jesús: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Este Verbo (o «Palabra», <em>logos</em>), dice Juan, era en el principio con Dios y todo fue hecho a través de él. Curiosamente en el Corán encontramos varias alusiones al «<em>logos</em>»<em>.</em></p>
<p id="viewer-fpbs0"><strong>b) El Ungido.</strong></p>
<p id="viewer-9h2q1">En la Biblia, el título más característico de Jesús es el de «Mesías», el ungido (en griego <em>Christós</em><em>). </em>Este título hebreo, bien conocido por los judíos (mesiánicos o no), también aparece en el Corán cómo <em>al-Masih </em>(el Ungido).</p>
<blockquote id="viewer-1l93e"><p>«Su nombre es el Ungido, Jesús, hijo de María, considerado en la vida de acá y en la otra y será de los allegados. 46. Hablará a la gente en la cuna y de adulto, y será de los justos» (Sura 3:45-46)</p></blockquote>
<p id="viewer-4o3vr">Y en otro sura, negando la divinidad de Jesús&#8230;</p>
<blockquote id="viewer-dt361"><p>«¡Gente de la Escritura! ¡No exagereis en vuestra religión! ¡No digáis de Alá sino la verdad: que el Ungido, Jesús, hijo de María&#8230;» (Sura 4:171)</p></blockquote>
<p id="viewer-6hko9"><strong>c) Un Signo.</strong></p>
<p id="viewer-64lov">En términos bíblicos, tanto el nacimiento milagroso de Jesús cómo sus milagros son señales (signos) que verifican su autenticidad (como verdadero Mesías). Curiosamente, el Corán afirma que Jesús fue una «señal».</p>
<blockquote id="viewer-5hf47"><p>«Tu Señor dice: “Es cosa fácil para Mí. Para hacer de él signo para la gente y muestra de Nuestra misericordia&#8217;. Es cosa decidida”». (Sura 19:21)</p></blockquote>
<blockquote id="viewer-5j1s1"><p>«Y a la que conservó su virginidad. Infundimos en ella de Nuestro Espíritu e hicimos de ella y de su hijo signo para todo el mundo.» (Sura 21:91)</p></blockquote>
<p id="viewer-2bbeg"><strong>d) Nacido por el Espíritu (¿Gabriel?)</strong></p>
<p id="viewer-7cig8">Si bien es cierto que la visión coránica sobre el «Espíritu» (algunos afirman que se trata del ángel Gabriel) es muy diferente a la bíblica, el hecho de que Isa naciera a través del Espíritu, lleva a pensar que Jesús tuvo que ser una persona muy especial para ellos.</p>
<blockquote id="viewer-cqrp6"><p>«Y a María, hija de Imran, que conservó su virginidad y en la que infundimos de Nuestro Espíritu. Tuvo por auténticas las palabras y Escritura de su Señor y fue de las devotas.» (Sura 66:12)</p></blockquote>
<h2 id="viewer-d00sd">2) Los milagros de Jesús.</h2>
<p id="viewer-92a2m">Los milagros de Jesús son unos de los eventos más importantes que encontramos en los evangelios. De los registrados, ¡podemos calcular hasta treinta y siete milagros! Y éstos no son solo referencias, sino milagros narrados al detalle. De hecho, los milagros son una de las señales (signos) que apuntan a su divinidad (“¿Quién es éste, que también perdona pecados?”1). Resulta irónico que el Corán, el cual hace de Jesús un simple profeta, narra, precisamente, algunos de sus milagros. Cómo veremos a continuación, algunos de estos no encuentran homólogo en la Biblia y son de dudosa procedencia 2 , pero aún así atestiguan de que Jesús no fue un simple profeta.</p>
<blockquote id="viewer-ecupk"><p>«Y como enviado a los Hijos de Israel: Os he traído un signo que viene de vuestro Señor. Voy a crear para vosotros, de la arcilla, a modo de pájaros. Entonces, soplaré en ellos y, con permiso de Alá, se convertirán en pájaros. Con permiso de Alá, curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos. Os informaré de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas. Ciertamente, tenéis en ello un signo, si es que sois creyentes.» (Sura 3:49)</p></blockquote>
<p id="viewer-e0ndl">Jesús habla cuando todavía es un bebé:</p>
<blockquote id="viewer-2coo6"><p>«Y vino con él [Jesús] a los suyos, llevándolo. Dijeron: “¡María! ¡Has hecho algo inaudito Hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre malo, ni tu madre una ramera”. Entonces ella se lo indicó. Dijeron: “¿Cómo vamos a hablar a uno que aún está en la cuna, a un niño?” Dijo él: “Soy el siervo de Dios. Él me ha dado la Escritura y ha hecho de mí un profeta. [&#8230;] La paz sobre mí el día que nací, el día que muera y el día que sea resucitado a la vida.»» (Sura 19:27-33)</p></blockquote>
<p id="viewer-e0p66">Jesús hace descender del cielo «una mesa servida».</p>
<blockquote id="viewer-dp51s"><p>«112. Cuando dijeron los apóstoles: “¡Jesús, hijo de María! ¿Puede tu Señor hacer que nos baje del cielo una mesa servida?”. Dijo: “¡Temed a Alá, si sois creyentes!”. 113. Dijeron: “Queremos comer de ella. Así, nuestros corazones se tranquilizarán, sabremos que nos has hablado verdad y podremos ser testigos de ella”. 114. Dijo Jesús, hijo de María: “¡Alá, Señor nuestro! Haz que nos baje del cielo una mesa servida, que sea para nosotros, el primero como el último, motivo de regocijo y signo venido de Ti. ¡Provéenos del sustento necesario, Tú, Que eres el Mejor de los proveedores!”. 115. Dijo Alá: “Sí, voy a hacer que os baje. Pero, si uno de vosotros, después de eso, no cree, le castigaré como no he castigado a nadie en el mundo”». (Sura 5:112-115)</p></blockquote>
<p id="viewer-dda9o">A parte de estos eventos sobrenaturales detallados en el Corán, podemos encontrar otros milagros muy interesantes en los hadices. Por ejemplo, Al-Tabari describe cómo Jesús curó al hijo de un rey (quizá una alusión a la sanación del «hijo de un noble» descrita en Juan 4:43-54) y cómo predijo la traición de Judas.</p>
<h2 id="viewer-eu0qn">3) Sin pecado.</h2>
<p id="viewer-2po68">Existen numerosos pasajes o referencias bíblicas que atestiguan la pureza o santidad de Jesús. Por ejemplo, Pedro nos dice que «Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca.» (1 Pedro 2:21-22) Contra todo pronóstico, el Corán también apunta a la pureza de Jesús:</p>
<blockquote id="viewer-dfdmn"><p>«Y recuerda a María en la Escritura, cuando dejó a su familia para retirarse a un lugar de Oriente. 17. Y tendió un velo para ocultarse de ellos. Le enviamos Nuestro Espíritu y éste se le presentó como un mortal acabado. 18. Dijo ella: “Me refugio de ti en el Compasivo. Si es que temes a Alá…” 19. Dijo él: “Yo soy sólo el enviado de tu Señor para regalarte un muchacho puro.”» (Sura 19:16-19)</p></blockquote>
<p id="viewer-46q3o">La palabra <em>zakiyya </em>quiere decir “santo, puro, sin mancha”. Ni Muhammad ni ningún otro profeta es descrito con esta palabra. Existe además un hadiz que atestigua que Jesús nació «sin mancha».</p>
<blockquote id="viewer-ebrj6"><p>«El Profeta [Muhammad] dijo: “Cuando nace cualquier ser humano. Satanás lo toca a ambos lados del cuerpo con sus dos dedos, excepto Jesús, el hijo de María, a quien Satanás intentó tocar pero falló, porque tocó la cubierta de la placenta en su lugar”». (Sahih Al-Bujari, Vol. 4, Libro 54, Hadiz 506)</p></blockquote>
<p id="viewer-4elf8">Según Abu Hureira, la «maldición» de las personas empieza cuando Satanás los hace llorar al nacer. Por otro lado, el Corán relata cómo Alá pone a María bajo «protección contra el maldito Demonio, y también a su descendencia». (Sura 3:36) A parte de la rareza de la intervención de Satanás en los nacimientos de las personas, estos hadices y suras muestran cómo Alá libró a Jesús de las artimañas de Satanás, apuntando, así, a su naturaleza <em>no</em> pecaminosa.</p>
<p id="viewer-8s3u9">Lo cierto es que no hay ninguna referencia en el Corán que aluda a la naturaleza pecaminosa de Jesús. Sin embargo, Muhammad, el profeta más grande del islam, si aparece cómo una persona con pecado:</p>
<blockquote id="viewer-2u5vs"><p>«Sabe, pues, que no hay más dios que Alá y pide perdón por tu pecado, así como por los creyentes y las creyentes.» (Sura 47:19)</p></blockquote>
<h2 id="viewer-fucmu">4) La ascensión de Jesús.</h2>
<p id="viewer-4a5ed">Según el islam, Jesús no murió «sino qué Alá lo elevó a Si». (Sura 4:158) Cómo ya hemos mencionado en un artículo anterior (<a href="https://www.altoconcept.com/post/2019/03/15/el-islam-el-gnosticismo-y-la-muerte-de-jes-c3-bas" target="_blank" rel="noopener noreferrer">“<em>El islam, el gnosticismo y la muerte de Jesús”</em></a><em>) </em>la <em>negación </em>de la muerte de Jesús en la cruz es un argumento con poca o ninguna credibilidad (puesto que existen manuscritos antiguos que atestiguan su crucifixión), no obstante, parece interesante que la negación de su muerte conlleva a aceptar su ascensión a Alá.</p>
<blockquote id="viewer-nine"><p>«Cuando Alá dijo: “¡Jesús! Voy a llamarte a Mí, voy a elevarte a Mí, voy a librarte de los que no creen y poner, hasta el día de la Resurrección, a los que te siguen por encima de los que no creen. Luego, volveréis a Mí y decidiré entre vosotros sobre aquello en que discrepabais.”» (Sura 3:55)</p></blockquote>
<p id="viewer-6qlak">Según Mahmoud Ayoub, un erudito religioso, «la proximidad o cercanía a Dios es confirmada en la insistencia de que Jesús no murió, sino que fue llevado a Dios y permanece con él»3.</p>
<h2 id="viewer-1p6rg">5) Jesús volverá para juzgar al mundo (a la manera musulmana).</h2>
<p id="viewer-b7k3v">La visión predominante entre los musulmanes es que Jesús no murió y que fue llevado con Alá. (Sura 4:157-158) El siguiente versículo también parece indicar que Jesús volverá a la tierra:</p>
<blockquote id="viewer-7gvec"><p>«La paz sobre mí el día que nací, el día que muera y el día que sea resucitado a la vida.» (Sura 19:33)</p></blockquote>
<p id="viewer-fs43t">Si Jesús no murió y fue elevado a Alá, ¿por qué habla este sura sobre su muerte y resurrección? A diferencia de la escatología bíblica, la «escatología» coránica es muy pobre. No obstante, los suras mencionados anteriormente parecen confirmar lo que los hadices nos cuenta acerca del retorno de Jesús. Por ejemplo, Al-Bujari nos dice lo siguiente:</p>
<blockquote id="viewer-89t7q"><p>«Sin duda alguna, Jesús, el hijo de María, pronto descenderá entre ustedes y juzgará a la humanidad con justicia; Romperá la cruz y matará a los cerdos y no habrá Jizya.»(Sahih Al-Bujari 4.55.657)</p></blockquote>
<p id="viewer-ep5n0">Por otro lado, Sahih al-Muslim, relata que Jesús volverá en la Última Hora a derrotar al Anticristo y «entonces Alá los matará con su mano y les mostrará su sangre en la lanza [de Jesús]». (Sahih al-Muslim 2897) Según los musulmanes este Jesús reinará por unos cuarenta años, luego morirá y resucitará en el «Día de la Resurrección».</p>
<h2 id="viewer-aa6d7">6) María, la mujer más especial del Corán.</h2>
<p id="viewer-65mht">Los cinco puntos anteriores serían suficientes para desmantelar la idea de la supremacía de Muhammad, pero he creído conveniente (y lícito) añadir el sexto. A primera vista parecerá algo raro poner a María cómo uno de los argumentos a favor de la supremacía de Isa, pero enseguida veremos la conveniencia de este punto.</p>
<p id="viewer-18h2r">Si bien es cierto que en la Biblia los hombres suelen tener un papel prominente, las mujeres son mencionadas con frecuencia y algunas de ellas incluso juegan un papel importante (p. ej., Sara, Debora, Ester, Rut, María… ). De hecho, ¡alrededor de unas doscientas mujeres son mencionadas por nombre en la Biblia (algunas incluso tienen su propio libro)! Teniendo en cuenta que el Corán ha tomado prestado muchas cosas de la Biblia, deberíamos esperar que el libro sagrado de los musulmanes también mencionase a unas cuantas mujeres. Pero éste no es el caso. En realidad, solo <em>trece</em> mujeres aparecen en el Corán, ¡y tan solo <em>una </em>es mencionada por nombre! No, no hablamos de la madre de Muhammad o una de las mujeres del profeta, hablamos de María, la madre de Jesús.</p>
<p id="viewer-arir7">El hecho de que sólo María es mencionado por nombre nos lleva a pensar que Jesús tuvo que ser una persona muy importante, puesto que María no saldría mencionada en el Corán sí no fuese por Jesús. Es más, teniendo en cuenta que ninguna de las mujeres cercanas a Muhammad son mencionadas por sus nombres, nos lleva a concluir (o por lo menos, a pensar) que Jesús tuvo que ser más que un simple profeta. Y en todo caso, uno más grande que Muhammad.</p>
<h2 id="viewer-544lm">Conclusión</h2>
<p id="viewer-9s1oh">En este ensayo hemos podido ver las características principales del Jesús musulmán. Hemos visto que: 1) Jesús nació de manera milagrosa y a través del «Espíritu», fue el Ungido, la Palabra y un Signo, 2) Hizo milagros (incluso desde la cuna), 3) Fue Santo (sin pecado), 4) Ascendió al cielo 5) Juzgará y reinará en la Tierra, 6) tuvo una madre cuyo nombre es el único mencionado en el Corán.</p>
<p id="viewer-8bokm">Contrastemos esto con las características de Muhammad: 1) Nació como cualquier otro mortal (no fue ungido, ni una Palabra, ni un Signo), 2) No hizo un solo milagro (ni tampoco profetizó), 3) Fue pecaminoso (¡oh, sí lo fue!) como cualquier otra persona, 4) Murió cómo cualquier otro mortal (no ascendió al cielo de manera milagrosa), 5) No juzgará a la Tierra ni reinará en ella, 6) Ninguna mujer relacionada con Muhammad es mencionado en el Corán.</p>
<p id="viewer-etma7">Cualquier análisis lógico debe, indudablemente, llevarnos a concluir que Isa tuvo que ser más grande que Muhammad. Desgraciadamente, muchos musulmanes no estarán dispuestos a aceptar tal evidencia. La razón es obvia: si Jesús fue más grande que Muhammad, éste tuvo que ser muy especial, incluso divino.</p>
<p id="viewer-6q2ub"><strong>Referencias</strong></p>
<ol>
<li id="viewer-7gutg">Lucas 7:49</li>
<li id="viewer-5n48g">Algunos de los milagros de Isa (Jesús) mencionados en el Corán han sido sacados de libros apócrifos; p. ej. el <em>Evangelio del Pseudo-Tomás</em></li>
<li id="viewer-84rbo">Ayoub, Mahmoud (2007). <em>A Muslim View of Christianity: Essays on Dialogue</em>. Maryknoll, NY: Orbis Books. p. 115.</li>
</ol>
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