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¿Qué o quién es el Hijo de Dios?

Jesús Hijo de Dios Jesús como el Hijo de Dios

Luther Engelbrecht & Ernst Hahn

Los musulmanes creen que Dios es uno, que no hay otros dioses excepto Dios. A pesar de la afirmación cristiana del monoteísmo, los musulmanes sostienen que en realidad los cristianos creen en más de un dios. Dado que los cristianos creen que Jesús es el Hijo de Dios, yerran como otras personas de la antigüedad o de la actualidad que han creído en una pluralidad de dioses o en los hijos e hijas de Dios.

Muy a menudo, la discusión religiosa entre musulmanes y cristianos se centra en la condición de Jesús como Hijo. El cristiano afirma que Jesús es el Hijo de Dios; el musulmán niega que Jesús sea el Hijo de Dios. Simplemente están de acuerdo en estar en desacuerdo, cada uno convencido de su postura, mientras toman caminos separados.

¿Pero hay otra alternativa? Al sugerir que la hay, se proponen las siguientes preguntas: ¿Ha comprendido verdaderamente el cristiano lo que significa «Hijo de Dios» para el musulmán y por que lo rechaza? ¿Ha entendido verdaderamente el musulmán lo que significa para el cristiano «Hijo de Dios» y por que el cristiano lo afirma? Sobre este tema, que durante siglos ha sido notorio por generar más ardor que luz, ¿podrían ambos estar de acuerdo en explicar sus posiciones relativas de manera más completa y escucharse mutuamente con más atención y cortesía?

La intención de este ensayo es ayudar tanto a musulmanes como a cristianos a penetrar un poco más en el concepto bíblico de Jesús como Hijo de Dios y el significado de esta idea para los cristianos. Al mismo tiempo, se espera que este ensayo, a medida que se desarrolla, demuestre al menos cierta sensibilidad hacia una posición verdaderamente musulmana sobre este tema vital. Cuando necesite corrección o amplificación, con mucho gusto permita que los amigos musulmanes se la proporcionen.

El significado Bíblico de «Hijo»

Para entender el significado bíblico de Jesús como «el Hijo de Dios», primero debemos examinar el uso bíblico de la palabra «hijo». En la Biblia, «hijo» es un término que expresa una relación íntima con alguien o algo; indica un origen, pero también se utiliza para expresar una estrecha asociación o identificación con personas o cosas. Incluso cuando indica el origen, este término no se limita al padre y a la madre. Uno puede ser llamado el «hijo» de lo siguiente: su padre y madre, su familia, su tribu, su gente, su lugar de nacimiento (ciudad o país), y el tiempo o circunstancia de su nacimiento. La terminología «padre-hijo» también se usa en relación con reyes y sus vasallos o súbditos, amos y sirvientes, maestros y discípulos, y casi cualquier situación en la que alguien esté subordinado o dependa de otra persona. El requisito básico del «hijo» es honrar y obedecer a su «padre», pero también debe amarlo y emularlo.

El término «hijo» se utiliza de muchas otras formas en la Biblia, algunas de las cuales están relacionadas con el origen, pero otras expresan principalmente algún tipo de asociación o semejanza con personas o cosas. Un grupo grande y más o menos homogéneo puede llamarse «hijos» (especialmente grupos ocupacionales y étnicos). A veces, las características o cualidades en sí mismas se personifican y se considera que tienen «hijos» aquellos que poseen esa misma característica o cualidad.  Además, otros usos del término «hijo» en la Biblia reflejan un uso versátil e imaginativo, especialmente en el idioma hebreo.

Una lista completa de los diversos usos del término «hijo» en la Biblia sería demasiado larga para este ensayo. Algunos de sus usos más idiomáticos se enumeran a continuación, con sus significados literales y las traducciones de la Santa Biblia. [Las traducciones son de la Reina Valera de 1960, al menos que se indique con paréntesis. La RV1960 suele ser más literal que la Nueva Versión Internacional (NVI)]

Antiguo Testamento

Referencia Expresión (literal) con su significado (traducción)
Génesis 5:32 «…hijo de quinientos años» — «…siendo Noé de quinientos años»
Génesis 15:3 «…hijo de mi casa» — «…un esclavo nacido en mi casa»
Deuteronomio 25:2 «…hijo de azotes» — «…mereciere ser azotado»
Jueces 19:22 «…hijos de Belial» — «…hombres perversos»
I Samuel 20:31 «…hijo de la muerte» — «…porque ha de morir»
I Reyes 20:35 «…hijos de los profetas» — «…comunidad de profetas» (NVI)
II Reyes 14:14 «…hijos de rehenes» — «…tomó rehenes» (NVI)
Job 41:28 «…hijo de un arco» — «…las flechas»
Isaias 60:10 «…hijos de una tierra extraña» — «…extranjeros»
Lamentaciones 3:13 «…hijos de la aljaba» — «…las flechas de su aljaba»
Joel 3:6 «…hijos de los griegos» — «…a los griegos» (NVI)
Zacarías 4:14 «…estos son hijos del aceite» — «…estos son los dos ungidos»

Nuevo Testamento

Referencia Expresión (literal) con su significado (traducción)
Mateo 9:15 «…los hijos del novio» — «…los que están de bodas»
Mateo 12:27 «…vuestros hijos» — «…los seguidores de ustedes» (NVI)
Lucas 10:6 «…un hijo de paz» — «…alguien digno de paz» (NVI)
Lucas 16:8 «…hijos de este siglo» — «…los de este mundo» (NVI)
Juan 17:12 «…el hijo de perdición» —«…aquel que nació para perderse» (NVI)
Hechos 13:26 «…hijos de la familia de Abraham» — «…descendientes de Abraham» (NVI)
Galatas 3:7 «…estos son hijos de Abraham» (RV1960,NVI)
Efesios 2:2 «…hijos de desobediencia» — «…los que viven en la desobediencia» (NVI)

La lista anterior muestra algunos de los muchos usos del término «hijo(s)» en la Santa Biblia. Se han omitido los usos más comunes, que suelen traducirse literalmente. Sin embargo, uno de esos grupos podría ilustrarse aquí: relaciones personales, aunque no físicas, de padre-hijo:

Referencia Padre Hijo(s)
I Samuel 3:6 Elí Samuel
I Samuel 24:16 Saul David
I Samuel 25:8 Nabal David
Proverbios 1:8 Salomón El lector
II Reyes 2:12 Elías Eliseo
II Reyes 8:9 Elías Ben-Hadad
II Reyes 5:13 Naaman Los sirvientes
Jueces 18:19 El sacerdote El pueblo
Génesis 4:20 El primer músico Todos los músicos
Mateo 9:2 Jesús El paralítico
I Timoteo 1:2 Pablo Timoteo
Tito 1:4 Pablo Tito
Filemon 10 Pablo Filemón
I Pedro 5:13 Pedro  Marcos

Otros idiomas también utilizan el término «hijo» en una variedad de formas. Por lo tanto, en el árabe del Corán, «hijo» no tiene porque significar solo un descendiente masculino directo. Un ejemplo familiar es el ibnu sabil (‘hijo del camino’), que significa «viajero». Otro ejemplo con el que muchos están familiarizados es «el hijo de Satanás», una vívida descripción de cualquier malhechor (cf. Hechos 13:10). ¡Obviamente Satanás no tuvo una esposa para tener un hijo! El nombre implica que el malhechor es como Satanás, una encarnación de Satanás, un «Satanás con nosotros». Digno de recordar es también el término árabe ummu’l kitab (literalmente «la madre del libro»), la escritura celestial de la que se deriva toda la escritura que está con nosotros en la tierra, como si cada escritura fuese su hija.

A la luz de lo anterior, volvamos a los versos bien conocidos del Corán: «Él es Alá, el Uno… Él no engendra ni fue engendrado…» (Pickthall, The Meaning of the Glorious Corán, sura 112:1-4). Esta sura establece claramente que Dios no tiene hijo y que ningún hijo puede ser Dios. ¿Por qué? «¿Cómo puede tener un hijo si no tiene cónyuge?» (sura 6:102) Como sugieren estos y otros versículos, incluso imaginar que Dios pueda tener una esposa y mantener relaciones sexuales con ella sería una locura absoluta. Pero, ¿abordan realmente el significado bíblico de la divinidad de Jesús estos versículos coránicos? ¿Afirma la Biblia que Dios tiene una esposa que ha procreado un hijo cuyo nombre es Jesús? Nuestras respuestas a estas preguntas se harán más inteligibles después de considerar con mayor profundidad el significado bíblico de «Hijo de Dios».

El significado Bíblico de «Hijo de Dios»

El término «hijo de Dios» se usa de varias formas en la Santa Biblia. Como creador, Dios es el «Padre» de Adán y de toda la humanidad (Lucas 3:38; Isaías 64:8; Malaquías 2:10; etc.). Sin embargo, una relación más específica de «Padre-hijo» se logra con la elección misericordiosa del Padre y la fiel obediencia y servicio del hijo, no con la creación y ciertamente no con la procreación. Los siguientes ejemplos muestran el término «hijo(s) de Dios» en la Biblia:

1. El pueblo escogido por Dios (Éxodo 4:22f.; Jeremías 31:9.20; Oseas 11:1; Romanos 8:14; II Corintios 6:18; Gálatas 3:26; Hebreos 2:10; Apocalipsis 21:7)

2. Seres celestiales (Job 1:6)

3. Reyes y gobernantes (II Samuel 7:14; Salmo 2:7; 82:6; 89:26f.)

4. Individuos piadosos (Mateo 5:9; Lucas 6:35)

Si el significado del término «Hijo de Dios» en el caso de Jesús se limitara al mismo significado que tiene en estos casos anteriores, incluso los musulmanes podrían estar de acuerdo con su uso. De hecho, algunos sufíes hablan de Dios como «Padre» y de la humanidad como «hijos de Dios». Otros musulmanes, por supuesto, podrían cuestionar esta terminología, prefiriendo utilizar «sirviente» en lugar de «hijo». Aún así, el hecho es que Dios siendo Padre y la humanidad siendo sus hijos, aparte de cualquier connotación sexual, es una idea compatible con el pensamiento de algunos musulmanes.

Sin embargo, equiparar la filiación de Jesús con la filiación de los seres antes mencionados sería negar la pura verdad de la Santa Biblia y la esencia misma de la fe cristiana. Jesús es más que un escogido de Dios, más que uno de sus mensajeros celestiales, más que uno que gobierna en nombre de Dios en la tierra, más que uno que agrada a Dios, aunque también es todo eso.

Jesús como Hijo único de Dios

Entonces, ¿cuál es la evidencia de esta tremenda afirmación? ¿Es porque, aunque nacido de una mujer, lo hizo a través de una virgen? Algunos cristianos, es cierto, podrían concluir que debido a que Jesús nació de la virgen María es el Hijo de Dios. Asimismo, algunos musulmanes, aunque niegan que Jesús sea el Hijo de Dios, podrían considerar que el nacimiento virginal de Jesús es la base de la creencia cristiana de que Jesús es el Hijo de Dios. Sin embargo, bíblicamente hablando, la filiación de Jesús no se basa en su nacimiento de la virgen María. Por el contrario, como veremos claramente más adelante, su nacimiento virginal descansa sobre su condición como Hijo de Dios. Antes de que fuese María, el Hijo de Dios es. Jesús no se convierte en el Hijo de Dios, pero el Hijo de Dios se convierte en Jesús. Así Jesús, como el Hijo, habla al Padre acerca de la «gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5; cf. Colosenses 1:13-20), mucho antes de que María existiera. Este Hijo eterno de Dios entró en las limitaciones de tiempo y espacio por el poder de Dios obrando a través de la virgen María, naciendo como hombre, llamado Jesús, en Belén hace unos diecinueve siglos.

De manera similar, Jesús no es el Hijo de Dios debido a sus obras poderosas y palabras maravillosas. Al contrario, Él hace sus obras poderosas y habla sus maravillosas palabras porque Él es el Hijo de Dios.

Es cierto que tanto la forma en que nació Jesús como la naturaleza de sus obras dan evidencia de su condición. Pero ninguna, solo o en conjunto, proporciona el origen o la base de su divinidad. La distinción es importante.

De hecho, sus obras dan testimonio de su condición cómo Hijo de Dios. Un «hijo» debe ser obediente a su «padre», haciendo su voluntad y sus obras, siendo como él (cf. Jn 8, 37-47). Jesús mismo señaló sus obras como evidencia de que Él es el Hijo de Dios: «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.» (Juan 10:37-38.). Jesús hizo las obras de Dios, Su Padre, actuando como Dios.

Además de la evidencia de sus obras, Jesús tenía otra prueba de que Él es el Hijo de Dios. En momentos importantes de su vida, el Padre mismo y otros lo llamaron Hijo de Dios:

1. La Anunciación: El ángel Gabriel le dijo a la virgen María que su hijo sería llamado «Hijo de Dios». (Lucas 1:32,35)

2. El Bautismo: La voz de Dios desde el cielo proclamaba: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.» (Mateo 3:17, etc.)

3. La Transfiguración: La voz de Dios proclamó una vez más: «Este es mi Hijo amado; a él oíd.» (Marcos 9:7, etc.)

4. La Crucifixión: El centurión romano y sus hombres confesaron en el momento de la crucifixión de Jesús: «Verdaderamente este era Hijo de Dios» (Mateo 27:54)

5. La Resurrección: Pablo escribe que la resurrección de Jesús de entre los muertos manifestó que Él era «el Hijo de Dios». (Romanos 1:4)

Otros, además de Dios mismo, su ángel y el soldado romano, proclamaron que Jesús es el Hijo de Dios. Lunaticos e incluso espíritus inmundos confesaron: «Tú eres el Hijo de Dios». (Marcos 3:11; cf. 5:7; Mateo 8:29; Lucas 4:41; 8:28) . Los discípulos de Jesús también confesaron que Él es «el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16; cf. 14:33). Jesús, como verdadero Hijo, prefirió dar gloria a su Padre, pero tampoco quiso negar su condición (Mateo 26:63; Marcos 14:62; Juan 10:36). Lo interesante en los dos primeros pasajes (y otros) es la estrecha asociación entre los términos «Mesías» e «Hijo de Dios».

También es interesante la estrecha relación entre la filiación de Jesús y su sufrimiento (Romanos 5:10; 8:32; Gálatas 2:20; Hebreos 5:8; 6:6). Cuando Jesús estaba hambriento después de un largo ayuno, el tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan» (Mateo 4:3, etc.). Cuando Jesús estaba en agonía en la cruz, los transeúntes se burlaban de Él y decían: «¡Baja de la cruz, si eres el Hijo de Dios!» (Mateo 27:40). Éstos olvidaron que Jesús es el Hijo de Dios, quien busca y sirve e incluso sufre para salvar a los que ama, los pueblos del mundo. No es el hijo de algún rey terrenal, que debe mostrar su poderío y salvar su orgullo aparentando ser victorioso a los ojos del mundo, de acuerdo con las normas del mundo. Fue precisamente porque Él es el Hijo del Dios de amor que Él no usaría su poder para propósitos egoístas, sino que cumplió perfectamente la voluntad de su Padre, quien escogió revelarse a Sí mismo y Su amor a todos los hombres a través de Su Siervo/Hijo sufriente.

Incluso una lectura casual de los versículos citados anteriormente mostraría que el uso del término «Hijo de Dios» con referencia a Jesús es diferente tanto en calidad como en extensión de los otros usos mencionados anteriormente. Algunos fueron escogidos misericordiosamente por Dios como sus hijos adoptivos; el Hijo está en el Padre eternamente. Otros obedecieron al Padre, aunque imperfectamente; Jesús el Hijo le obedeció perfectamente, sin pecado (Hebreos 4:15). Los hijos deben ser como su padre, pero sólo Jesús fue perfecto como Él en su bondad, entregándose completamente por Él y por su pueblo. El Padre ha confiado todo juicio al Hijo, «para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Juan 5:22-23). Sólo el Hijo da vida como el Padre da vida (Juan 5:21). «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo» (Juan 5:26). El Hijo es obediente al Padre, concretándose la voluntad del Padre en el camino del Hijo pero también el Padre escucha y hace caso al Hijo (Juan 11, 41-44), así se comparte el poder, la autoridad, el conocimiento, la gloria y la realeza, lo que indica una relación de igualdad y reciprocidad entre los Dos que son Uno. 

¿De qué pueblo, de qué ángel, de qué rey, de qué hombre piadoso se podría decir: «en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder»? (Hebreos 1:2-3.)

Muchos de los usos del término «hijo» en la Santa Biblia y en varios idiomas pueden dar pistas sobre el significado de «Hijo de Dios» con referencia a Jesús, pero al final su uso, aplicado directamente a Jesús, permanece tan único como la relación que expresa. Jesús dijo: «Yo y el Padre uno somos». (Juan 10:30)

Explicando el Significado de Jesús como Hijo de Dios

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a explicar a los musulmanes (y a los cristianos) quién es Jesús y el verdadero significado de «Hijo de Dios»?

En primer lugar, es significativo que el Injil [aquí equivale a «evangelio»1] no retrata a Jesús proclamando indiscriminadamente que Él es el Hijo de Dios (o que Él es el Mesías, el Cristo). Tampoco lo necesitamos, especialmente cuando sabemos que el término es ofensivo para aquellos con quienes conversamos. Cuando lo usamos, debemos explicarlo.

Los judíos, de hecho, estaban familiarizados con el título «Hijo de Dios», al igual que lo estaban con el término «Mesías». Hay evidencia extrabíblica que habla de la Torá como la «hija de Dios», es decir, «la revelación de Dios», sin sacrificar sus convicciones monoteístas. Sin embargo, los judios objetaron cuando Jesús se llamó a sí mismo «Mesías» e «Hijo de Dios», considerando su confesión como una blasfemia y digna de crucifixión (Juan 5:18; cf. 10:33). Por lo tanto, no sorprende que Jesús utilizara este término discretamente.

En segundo lugar, debe quedar claro que Jesús fue un hombre, un siervo y un profeta, tal como los musulmanes siempre han insistido y tal como el Injil afirma, que se convirtió en el Hijo de Dios. Cuando los discípulos de Jesús lo conocieron por primera vez, lo vieron como un hombre. ¿Cómo podrían haberlo entendido de otra manera? Habían oído cómo Satanás lo tentó. Lo vieron hambriento y cansado. Sabían que Él necesitaba compañía y oración. Lo vieron llorar. Escucharon sus oraciones y lo vieron en acción rindiendo Su voluntad a la voluntad del Padre, proclamando que la voluntad del Padre es Su pan. Sus palabras: «El Padre es más grande que yo» les eran inteligibles. ¿De qué otra manera lo deberían haber entendido (o nosotros, si hubiéramos estado con Él en la tierra)?

Solo después de hacerse más profunda la asociación de los discípulos con Jesús, después de escuchar sus palabras y ser testigos de sus obras, ellos y otros comenzaron a preguntarse y hacer preguntas acerca de Él: «¿Quién es este hombre?» «¿De dónde viene?» Lo vieron alimentar a las multitudes, sanar a los enfermos, controlar la naturaleza, resucitar a los muertos. Le oyeron perdonar pecados, le oyeron hablar de manera extraordinaria sobre el propósito de su venida, sobre su relación con el Templo, la Ley y los profetas, sobre el amor de Dios y su relación personal con Dios. Incluso entonces, hubo quienes lo malinterpretaron a Él y a sus obras, deliberadamente o no.

La comprensión de los discípulos tanto de Jesús como de su ministerio fue un proceso gradual y a veces doloroso. Lo que Él requería de ellos para comprenderlo no era simplemente un intelecto agudo, sino una confianza firme en Dios y obediencia a su voluntad, disposición para el autoexamen, arrepentimiento y un cambio de mente y corazón a la luz de la santidad de Dios y su santa Ley, una apertura para recibir lo que dijo acerca de sí mismo, lo que había hecho, lo que estaba a punto de hacer y el propósito de todo ello. Es cierto que Pedro confesó que Jesús era el Mesías y el Hijo de Dios, pero inmediatamente procedió a contradecir a Jesús al negar que Jesús debía sufrir y morir (Mateo 16:21,22), ¡como si tuviera una percepción más aguda de la voluntad y los caminos de Dios que Jesús! (Juan 12:1-7) Las mujeres parecían entender mejor (Marcos 14:1-9). En resumen, comprender a Jesús no es simplemente confesarle verbalmente, admirarle y aplaudirle; es seguirle y obedecerle.

De hecho, el Injil indica clara y consistentemente que los discípulos de Jesús no comprendieron el significado más profundo de su condición cómo Hijo de Dios o su ministerio hasta que Él resucitó de entre los muertos. Entonces su cambio de mente y de corazón fue dramático. ¿Ofrece esto al cristiano una clave para testificar? Si bien legislar técnicas para presentar a Jesús a los musulmanes o cualquiera puede parecer dudoso, ¿existe aquí un patrón sobre el cual los cristianos pueden meditar, incluso imitar?

En tercer lugar, a menudo es necesario explicar lo que no significa el término «Hijo de Dios» en referencia a Jesús. Como ya se señaló anteriormente, en ninguna parte del Injil se dice que Dios toma a María como esposa, que Él procrea, y que Jesús, por lo tanto, es el Hijo de Dios en virtud de su nacimiento de María. ¡Dios no es una deidad masculina! El Injil, como el Corán, habla de Jesús como el hijo de la virgen María. En árabe, a Jesús se le llama ibnu’llah [hijo espiritual], no waladu’llah [vástago de Alá]. El Injil tampoco elimina la afirmación bíblica fundamental de que Dios es uno. Tampoco sugiere que de alguna manera para los cristianos Jesús, como Hijo de Dios, sea otro dios asociado con Dios, o que de alguna manera Jesús, como Hijo de Dios, sea el segundo o tercero de tres dioses, o que Jesús sea elevado de su posición original de hombre y siervo a la condición de Hijo de Dios para luego suplantar al verdadero Dios. La afirmación del Injil sobre la condición de Jesús cómo Hijo de Dios no transforma de ninguna manera el monoteísmo bíblico en una forma sutil de politeísmo. ¡Dios es uno[2]! ¡Y Jesús, el Hijo de Dios, confirma que Dios es uno! Solo después de que los musulmanes y los cristianos hayan establecido este terreno común, pueden proceder a la discusión sobre quién es el único Dios, qué hace Él por la humanidad, qué espera Él de la humanidad y cómo Dios es uno mientras que Jesús es el Hijo de Dios.

En cuarto lugar, la creencia cristiana en Jesús como el Hijo de Dios simplemente hace eco de la afirmación constante, insistente y consistente a lo largo del Injil de que Él es el Hijo de Dios. Al contrario de lo que sugieren algunos musulmanes, normalmente sin pruebas, los cristianos, incluido Pablo, no inventaron este título. Para los cristianos, negar la divinidad de Jesús significaría borrar todas las referencias de este título en el Injil. Si los cristianos hiciesen esto, entonces serían verdaderamente culpables de corromper sus Escrituras, tal como muchos musulmanes (pero no el Corán) han creído que han hecho los cristianos. El Corán les dice a los cristianos que deben juzgar de acuerdo con el Injil (surah 5:46,47). No contiene ninguna referencia a un Injil corrompido o abrogado.

En quinto lugar, y estrechamente relacionado con los puntos anteriores, los cristianos deberían animar a los musulmanes a leer el Injil con una mente y un corazón abiertos y a comparar las representaciones coránicas y bíblicas de la deidad de Jesús. Incluso si el musulmán rechaza la descripción bíblica de la deidad de Jesús después de haberla estudiado seriamente, al menos debería haber entendido el significado de la condición de Jesús cómo Hijo de Dios tal como la describe la Biblia. Después de comprender el significado bíblico de la filiación de Jesús, ¿consideraría el musulmán la posibilidad de que las representaciones coránicas y bíblicas de Jesús como el Hijo de Dios difieran entre sí, que el Corán rechaca un concepto de la filiación de Jesús que la Biblia nunca afirma y nunca podría afirmar porque es realmente ajena al concepto bíblico? Sin embargo, la Biblia afirma que Jesús es el Hijo de Dios, ¡en el sentido bíblico de este término!

Un marco de referencia más acorde con la representación islámica de Jesús puede ayudar aún más a los musulmanes a comprender a Jesús como el Hijo de Dios. Entre los muchos términos asociados con Jesús en el Corán, hay tres que pueden ayudar a dilucidar la comprensión cristiana de su condición cómo Hijo de Dios:

1. ‘Abdu’llah — «Siervo de Dios» (sura 19:30)

2. Rasulu’llah — «Apóstol (mensajero) de Dios» (surah 4:157)

3. Kalimatu’llah –«Palabra de Dios» (surah 4:171)

1. ‘Abdu’llah. El primer deber de un hijo es honrar y obedecer a su padre, servirlo libre y plenamente. Las ideas de ser siervo e hijo están muy estrechamente relacionadas en la Santa Biblia. La Iglesia cristiana siempre ha considerado que los grandes Cantos del Siervo del libro del profeta Isaías se refieren a Jesús el Mesías (Isaías 42:1-4; 52:13-53:12, etc.). Este Siervo es llamado «mi elegido» por Dios. «El Espíritu de Jehová el Señor» está sobre Él (Isaías 61:1). Sana a los enfermos y ayuda a los oprimidos. Incluso sufre y carga con la culpa de los demás y es reivindicado por Dios. Los primeros cristianos usaron la misma palabra que se encuentra en los Cantos del Siervo y se refirieron a Jesús como el «santo siervo» de Dios (Hechos 4:27,30). Este Hijo, en efecto, sirvió al Padre, no por obligación, sino por su unidad con el Padre y por amor. ¿Qué siervo sirve mejor que un hijo? ¡En Jesús, el hijo y el siervo se funden!

2. Rasulu’llah. Un apóstol o mensajero es «uno enviado» por Dios para proclamar Su mensaje. Jesús también es llamado «apóstol» en el Injil (Hebreos 3:1). En el relato evangélico según Juan, se habla muy a menudo del Hijo como «el enviado», y los dos términos son casi sinónimos. Los otros relatos de los Evangelios también usan esta terminología, y los términos «Padre» y «el que envía» también son virtualmente sinónimos (Mateo 10:40; Marcos 9:37; Lucas 9:48). Ha habido muchos apóstoles que fueron emisarios de Dios. Pero el Apóstol/Hijo no fue sólo un emisario; fue enviado desde Dios. El vino de lo alto, de Dios mismo (Juan 8:23,42) y por eso se le llama «Emanu-el», «Dios con nosotros». (Mateo 1:23)

La parábola de Jesús del propietario ausente es muy instructiva en cuanto a su deidad. Los sirvientes del propietario no pudieron cobrar el alquiler de la viña que él había plantado y equipado completamente y luego alquiló a los arrendatarios. Finalmente, el propietario decidió enviar a su hijo como su representante personal. Los labradores lo mataron, pensando que así lograrían la victoria y podrían tomar posesión de la hacienda, pero al final lo perdieron todo. (Mateo 21:33-43, etc.)

Claramente, el propietario y el hijo del propietario en esta parábola representan al Padre y al Hijo respectivamente. Además de todo lo que enseña, esta parábola distingue claramente entre «los enviados» y «el enviado», los profetas y el Hijo, y el destino final del «enviado». De hecho, ¡esta parábola es extraña e inusual! Sin embargo, no es más extraño o inusual que la Persona y el evento al que apunta la parábola.

Así, queda claro con qué propósito el Hijo ha sido enviado por y desde el Padre: para revelarlo, para llevar a cabo su plan de salvación para la humanidad, para servir como su representante «personal» y para emplearse a sí mismo en el proceso ( Juan 3:16; Romanos 8:3,29; Gálatas 4:4-7). Cumpliendo la voluntad salvífica de Dios, el Hijo único adquirió muchos «hermanos» que, siguiéndolo, se convirtieron también en «hijos» de Dios por su misericordiosa adopción. Aquellos que siguen al Siervo/Hijo obediente enviado por el Padre son también los sirvientes/hijos obedientes de Dios, verdaderos «musulmanes» (así se les llama a los seguidores de Jesús en el Corán, sura 3:52; 5:111). Hijo/Siervo/Enviado/Salvador: todos estos están estrechamente relacionados en la Santa Biblia.

3. Kalimatu’llah. Tanto para los musulmanes, como para los cristianos, la Palabra de Dios es eterna, como Dios es eterno. Es a través de Su Palabra que Dios actúa, creando y sustentando el universo y revelando Su voluntad. Para los musulmanes, la Palabra de Dios es, naturalmente, el Corán. Sin embargo, muchos de ellos saben que a Jesús también se le llama «la palabra (¿Palabra?) de Dios» en el Corán. A pesar de que consideran a Jesús sólo como un profeta, ¿no podría su visión sobre «la palabra de Dios» tener un significado parecido a la expresión bíblica? Algunos dirán: «¡No!» Otros han encontrado que este es un medio muy útil para explicar la relación de Jesús con el Padre y su condición de Hijo de Dios. Como Él es la Palabra eterna de Dios, Él es el Hijo eterno de Dios (Juan 1:14). También puede ayudar a eliminar los malentendidos profundamente arraigados sobre esta relación, llevando a los musulmanes a entender que los cristianos creen en un solo Dios, que no erige al Hijo como otro Dios, ni desplazan a Dios por el Hijo, ni convierten a un hombre en Dios.

Incluso entre las personas dependemos mucho de las palabras para saber lo que una persona quiere y hace, y cómo es. A través de sus palabras el hombre se da a conocer, sacando a relucir lo que lleva dentro. Confiamos en Abdullah porque confiamos en la palabra de Abdullah. Confiamos en la palabra de Abdullah porque confiamos en Abdullah. Distinguimos entre Abdullah y su palabra y equiparamos a Abdullah y su palabra. Ambos son ciertos.

De un modo muy diferente, más elevado y glorioso, la Palabra que procede de Dios expresa la voluntad de Dios y sus actos, y también revela cómo es Él de manera comprensible. Así dice el Injil [el evangelio]:

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad…A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno [a.] del Padre, él le ha dado a conocer [b.].» (Juan 1:1-4,14,18)

«Este es mi Hijo amado; a él oíd.» (Marcos 9:7)

«… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (Hebreos 1:2)

[a.] «En el seno del padre», así de íntima es la relación con el Padre. ¿Se debe recordar que tanto el Corán como la Biblia hablan de «la mano de Dios», «el rostro de Dios», etc.?

[b.] «Él lo ha dado a conocer» El griego original del Injil [Nuevo Testamento] literalmente lee «Él lo ha exegizado (interpretado, explicado)». Es como si Dios hubiera revelado Su corazón oculto a través de Su Palabra encarnada.

Si un musulmán acepta que la Palabra de Dios, que es tan eterna como Dios, puede entrar en las limitaciones de tiempo y espacio y manifestarse en forma de libro, ¿no podría comprender también que esta misma Palabra podría manifestarse como un ser humano? 

¿Si aquí en la tierra la eterna (no creada) Palabra de Dios en la forma de un libro que ha sido creada puede describirse como no creada y creada a la vez, entonces no puede la eterna Palabra de Dios en su forma creada de hombre describirse también como no creada y creada, sí Dios lo quisiese así? El testimonio del Santo Injil manifiesta que Dios lo ha querido así: la autoexpresión eterna de Dios, Su Palabra, Su Hijo, ha tomado forma humana como Jesús el Mesías.

Jesús como el Hijo de Dios: la autorevelación de Dios en la Tierra

Todos sabemos que Dios ha creado todas las cosas. Sabemos que a través de la historia y de su creación da a la humanidad múltiples señales que apuntan a la humanidad hacia el mismo Dios Altísimo, creador y juez de la humanidad. Sabemos que periódicamente ha intervenido en la historia de la creación a través de los profetas y apóstoles y de las Escrituras. Ha mediado a través de ellos, por lo que ha ofrecido a la humanidad un modelo de vida. Probablemente todos también estemos de acuerdo en que Él da testimonio de sí mismo a través de la conciencia humana. De todas estas formas, Dios nos revela algo acerca de sí mismo para que podamos saber algo acerca de él. Pero, ¿se revela Él mismo? ¿Podemos conocerlo?

La respuesta a estas preguntas cruciales se encuentra en las asombrosas afirmaciones de Jesús:

«Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.» (Mateo 11:27)

«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.» (Juan 14:9,10)

Los ángeles, las personas y las cosas pueden revelarnos algo acerca de Dios. ¡Pero sólo Dios puede revelar a Dios! Se requiere que Dios se revele a la humanidad. Se requiere que Dios se revele a Sí mismo a la humanidad bajo circunstancias creadas afines al entendimiento humano. ¡Qué mejor manera para que el eterno revelador se revele a la humanidad en la tierra que revistiendo Su propia expresión en carne humana!

En Jesús, su Hijo eterno, el revelador es también el que ha sido revelado. Por eso la Santa Biblia habla de Jesús como Dios manifestado en la carne. A su vez, el Hijo revelado se convierte en el revelador del Padre entre la humanidad. «Creéis en Dios, creed también en mí» (Juan 14:1). Al invitar a sus oyentes a confiar en Él, Jesús no está desviando sutilmente la confianza en Dios; más bien está afirmando que Dios, por siempre Altísimo, se está revelando a Sí mismo a través de Jesús por Su presencia en Jesús.

Dios, el revelador y lo revelado. Estaríamos de acuerdo en que Dios crea el mundo, nombra profetas, envía las Escrituras y proporciona leyes para guiar a los humanos. Pero, ¿puede Él mismo entrar en su propia creación para estar con nosotros? ¿No sería esto indigno de Él? ¿No se degradaría a sí mismo así? ¿No entraría en conflicto su venida con su soberanía, nublando el brillo de su gloria y empequeñeciendo su poder?

Dios en verdad es más grande. Sólo a Él pertenecen el reino, el poder y la gloria. Él solo es soberano. Pero, debemos preguntar, ¿cuál es la naturaleza de la soberanía de Dios? ¿Cómo manifiesta Dios la naturaleza de su soberanía para que la humanidad también pueda comenzar a comprender la naturaleza de su soberanía? Dicho de otro modo, ¿debemos entender la soberanía de Dios simplemente como la soberanía de cualquier potentado terrenal magnificada hasta su último grado? ¿Manifiesta Dios mismo su soberanía sobre Su creación manteniéndose apartado de ella? ¿Salvaguarda Él su soberanía apartándose en la serenidad celestial, lejos del sufrimiento y el pecado de este mundo decadente? ¿O es posible que nuestra comprensión de la soberanía de Dios entre en conflicto con su propia comprensión de su soberanía; que sus pensamientos no son nuestros pensamientos y nuestros caminos no son sus caminos, tal como Dios lo ha declarado a través del profeta Isaías (Isaías 55:8)? ¿Es posible que Dios no sólo responda sino que incluso anticipe el anhelo de este profeta: «¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras!»? (Isaías 64:1)

Según la Biblia, Dios es amor. En la perspectiva bíblica, al entrar en este mundo, Dios no se degrada a sí mismo; más bien se exalta a sí mismo. Él no enturbia su gloria por visitar la tierra; más bien, lo magnifica entre la humanidad. Por su presencia entre nosotros, Él no se hace menor; más bien, Él se vuelve más grande para nuestra mayor alabanza. Al estar no sólo por encima de nosotros, sino con nosotros en Jesús Emanuel, Él no sólo actúa en conformidad consigo mismo; más aún, está siendo Él mismo y está siendo lo que será.

Finalmente, resumamos brevemente el significado bíblico de Jesús como Hijo de Dios, teniendo en cuenta que (1) «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» (Deuteronomio 6:4) y (2) que debemos leer el mismo Injil para captar el significado de «Hijo de Dios» a través de su obra como sirviente:

1. El Hijo único de Dios es del Padre por la eternidad; por Él Dios creó y sustenta el universo. Como la autoexpresión de Dios, Él es verdaderamente Dios.

2. Porque Dios nos amó, el único Hijo de Dios entró en el tiempo y en el espacio, nació de la Virgen María y se llamó Jesús el Mesías. Como la autoexpresión de Dios en la tierra en forma de hombre, también es verdaderamente humano.

3. El Hijo comparte los atributos del Padre; es como Él en sus obras poderosas y su entrega amorosa.

4. El Hijo ha sido enviado por y del Padre como su representante para llevar a cabo Su obra de revelación y salvación.

5. El Hijo es el mensaje personal del Padre, Dios expresándose a Sí mismo y a su amor de una manera que puede ser vista, escuchada y comprendida por la humanidad.

6. El Hijo sirve perfectamente al Padre; el Padre también responde a la voluntad del Hijo.

7. El Padre y el Hijo son Uno en una relación única de completa reciprocidad entre el Maestro y el Siervo, en que envía y el enviado, el revelado y revelador.

8. Quienes creen en el único Siervo/Hijo enviado por Dios, la «Buena Noticia» personal de Dios («Evangelio» o «Injil»), y lo siguen, pueden llegar a ser Sus «hermanos»; pueden convertirse en hijos adoptivos y obedientes de Dios.

La bendición y la gloria y la sabiduría 
y la acción de gracias y la honra y el poder 
y la fortaleza, sean a nuestro Dios 
por los siglos de los siglos.
Amén.

(Ap. 7:12)


Nota del traductor: [1] El Injil, según el Corán es la revelación de Alá a Isa (Jesús). El Injil no equivale al Nuevo Testamento; más bien a los evangelios. No obstante, se debería recalcar que hay una gran diferencia entre los dos. En este ensayo los autores han decidido utilizar la palabra «Injil» como sustituto del Evangelio; quizá para acercar a los lectores musulmanes. El verdadero Injil no es una revelación de Dios a Jesús, más bien Jesús es la revelación que Dios ha enviado. [2] «Dios es Uno» Debemos tener cuidado en intentar equiparar el monoteísmo islámico con el cristiano. El Corán sostiene una teología más cercana al unitarismo que cualquier otra cosa. Por supuesto, se aleja mucho de la teología cristiana trinitaria.


Fuente: https://answering-islam.org/Hahn/son.html

 

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