Un nuevo descubrimiento que cambia nuestra visión del tiempo
—Enguardia
A mediados del siglo XIX, el fraile dominicano Roland de Vaux lideró las excavaciones de un yacimiento cercano al Mar Muerto que había sido descubierto recientemente. En 1954, el arqueólogo francés desenterró en aquel lugar conocido como Qumrán un extraño disco de piedra de unos quince centímetros de diámetro. Aunque el hallazgo fue algo llamativo, el descubrimiento de otros artículos arqueológicos y decenas de manuscritos de gran importancia hizo que el disco quedara relegado a un segundo plano y cayera en el olvido durante más de cuarenta años.
Sin embargo, a mediados de los noventa, el disco volvió a salir a la luz debido al creciente interés por el sistema calendárico de los esenios. Está claro que los habitantes de Qumrán estaban obsesionados con las fechas. Se descubrió que aquel disco polvoriento no era un simple reloj, sino un calendario solar de gran precisión.
Gracias a algunos estudios recientes basados en el disco y los Rollos del Mar Muerto, se ha conseguido descifrar el calendario de los esenios. Si se ha interpretado correctamente, este nuevo hallazgo podría cambiar nuestra concepción del tiempo. Es más, podría ayudarnos a comprender mejor las diferentes épocas del mundo desde una perspectiva profética y bíblica.
El calendario de los esenios: un sistema de implicaciones proféticas
El descubrimiento y la decodificación del calendario esenio han permitido a los expertos comprender mejor la forma en que esta comunidad percibía el tiempo. Para los esenios, la historia del mundo estaba dividida en grandes ciclos que conducían inevitablemente a un desenlace apocalíptico.
Los esenios creían que su época (la era de la Torá) estaba llegando a su fin y que pronto empezaría la era de la Gracia: la llegada del Mesías estaba a las puertas (vean 11QMelquisedec: Jesús en los Rollos del Mar Muerto). Es posible que el calendario no solo sirviera para organizar la vida cotidiana, sino también para observar los tiempos proféticos de las Sagradas Escrituras. Su concepción del tiempo indica que los esenios no solo buscaban medir los días y las estaciones, sino también identificar señales celestiales que marcaran el inicio del juicio final y la restauración del orden divino.
En sus escritos también se hace referencia a la «Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas», una batalla final que supondría el fin de los tiempos y la instauración del reinado divino en la Tierra. Los esenios creían que tanto los fariseos como los saduceos habían pervertido el calendario bíblico y habían introducido doctrinas demoníacas. Por tanto, los hijos de las tinieblas iban a ser juzgados severamente por Dios en la pronta llegada del Mesías.
Conexiones con otras culturas antiguas
El descubrimiento de este calendario ha llevado a los investigadores a comparar su estructura con otros sistemas calendáricos antiguos. Algunas similitudes han surgido con el calendario egipcio, también basado en el ciclo solar, y con el calendario maya, que también dividía el tiempo en ciclos precisos.
Esta conexión sugiere que existió un interés compartido en las civilizaciones antiguas por medir el tiempo de manera precisa, no solo para organizar la vida diaria, sino también para comprender los patrones cósmicos y sus implicaciones en la historia de la humanidad.
No obstante, el calendario de Qumrán es único porque sus creadores se basaban en unos textos proféticos muy precisos, a diferencia de los mayas o los egipcios. Una de las grandes diferencias entre el texto bíblico y los escritos de otras religiones es que el primero nos detalla con gran precisión los eventos proféticos, algunos de los cuales ya han sucedido y pueden verificarse. Los esenios basaron este calendario en las festividades judías, que apuntaban a eventos futuros.
Un hallazgo que reescribe la historia
El redescubrimiento y la interpretación del calendario esenio nos obligan a replantearnos muchas de nuestras concepciones sobre el tiempo en la antigüedad, ya que este nos muestra cómo los esenios entendían el tiempo de una manera muy distinta a la nuestra. No solo evidencia la sofisticación astronómica de los esenios, sino que también refuerza la idea de que su forma de ver la historia y el futuro estaba profundamente influenciada por eras que habían sido predestinadas.
Este descubrimiento continúa siendo objeto de estudio y es posible que aún queden muchos secretos por desvelar en los manuscritos de Qumrán. Lo que está claro es que esta comunidad del desierto nos ha legado una visión del tiempo tan precisa como enigmática, que podría cambiar nuestra forma de entender la historia y el futuro.
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