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¿Qué es el Tercer Templo de Jerusalén?

El Tercer Templo de Jerusalén es el nombre que se le da a un futuro santuario judío que, según la Biblia y diversas tradiciones religiosas, se levantará de nuevo en Jerusalén. Su importancia no solo es histórica o política, sino también profundamente espiritual, ya que el templo simboliza el deseo de Dios de habitar entre los hombres.

Desde el inicio de la revelación bíblica, Dios no se presenta como una deidad distante. El relato del templo comienza con una idea central: Dios quiere morar entre su pueblo. Por eso, cuando Moisés recibe las instrucciones para construir el tabernáculo en el desierto, se le ordena hacerlo conforme al modelo celestial que se le mostró en el monte. El santuario terrenal debía ser una copia de una realidad celestial, un punto de contacto entre el cielo y la tierra. Este principio se mantendrá a lo largo de toda la historia bíblica del templo.

Templo de Herodes - Jerusalén
Maqueta del Templo de Jerusalén reformado por Herodes

El lugar elegido para esa morada no fue casual. El monte Moriah, donde siglos más tarde se levantaría el Templo de Jerusalén, es identificado por la tradición bíblica como el lugar donde Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac. Allí, Dios proporcionó un sustituto, estableciendo un patrón de obediencia, sacrificio y redención para la humanidad.

Con el paso del tiempo, el tabernáculo dio paso a un deseo más permanente. El rey David, una vez establecido su reino en Jerusalén, anheló construir una casa para el Señor. Aunque Dios no le permitió edificar el templo, David preparó los planos, reunió los materiales y organizó el servicio sacerdotal, dejando todo dispuesto para que su hijo Salomón llevara a cabo esa tarea. El templo que Salomón construyó no fue solo una imponente obra arquitectónica, sino la expresión visible de un pacto: Dios habitando en medio de una nación.

Debido a la desobediencia de los israelitas, el Primer Templo fue destruido por los babilonios en el año 586 a. C., lo que supuso una profunda herida física y espiritual para el pueblo judío. Sin embargo, tras el exilio, los judíos regresaron a Jerusalén y construyeron el Segundo Templo. Aunque más modesto al principio, el santuario fue ampliado siglos después por Herodes el Grande, convirtiéndose en uno de los complejos religiosos más impresionantes del mundo antiguo. Este templo fue el que conocieron Jesús y sus discípulos, y sobre el que él profetizó su destrucción.

En el año 70 d. C., las legiones romanas arrasaron Jerusalén y destruyeron el Segundo Templo, lo que acabó con la esperanza judía durante muchos siglos. Durante la época romana hubo intentos de reconstrucción frustrados. Por ejemplo, el proyecto del emperador Juliano en el siglo IV, que nunca llegó a completarse. A lo largo de los siglos posteriores, el anhelo del templo permaneció vivo en la oración diaria judía, aun cuando las condiciones políticas lo hacían imposible.

En la actualidad, el lugar donde se levantaron los antiguos templos es uno de los puntos más sensibles del planeta. El Monte del Templo, conocido por los musulmanes como Al-Quds, alberga el Domo de la Roca (donde supuestamente Abraham sacrificó a Isaac) y la mezquita de Al-Aqsa. Esta realidad convierte cualquier referencia al Tercer Templo en una cuestión sumamente delicada. Los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023 bajo el nombre de «Operación Inundación de Al-Aqsa» estuvieron motivados en gran parte por la disputa en torno a Jerusalén y la defensa islámica de Al-Quds, lo que deja claro que no se trata solo de un conflicto territorial, sino también espiritual.

En este clima de creciente tensión, el renovado interés judío por las vacas rojas —necesarias, según la Ley de Moisés, para la purificación ritual vinculada al servicio del templo— genera preocupación en el mundo musulmán. Para muchos líderes y movimientos islamistas, cualquier paso que apunte a la restitución del culto judío en el Monte del Templo se percibe como una amenaza directa contra Al-Aqsa. Aunque los ataques del 7 de octubre no pueden atribuirse a una sola causa, este tipo de iniciativas religiosas, asociadas a la posibilidad de reconstruir el Templo, habrían contribuido al clima ideológico y simbólico que motivó la ofensiva, junto con otros factores políticos, territoriales y estratégicos.

Desde una perspectiva bíblica, el tema del templo no termina con su destrucción en el año 70, ya que los profetas hablan de un santuario futuro. El profeta Ezequiel lo describe con extraordinario detalle, presentando un templo asociado al reinado mesiánico en el que la gloria de Dios vuelve a llenar la casa (Ez. 40–48; 43:1–7). Zacarías anuncia que el Señor reinará desde Jerusalén y que las naciones subirán año tras año para adorarle como Rey (Zac. 14:9, 16). En el Nuevo Testamento, tanto el Apocalipsis como las epístolas de Pablo mencionan la existencia de un templo durante los tiempos finales (Ap. 11:1–2; 2 Tes. 2:3–4), lo que ha llevado a muchos intérpretes cristianos a afirmar que la construcción de un tercer templo es necesaria antes del establecimiento del reino milenial de Cristo.


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