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Los griegos, el paganismo y la evolución

Heráclito con Demócrito
Heráclito con Demócrito. Por Pickenoy, Amsterdam.

Enguardia

Aunque la mayoría de la gente siga creyendo lo contrario, Darwin no descubrió la evolución. Hoy, este privilegio se atribuye a los filósofos griegos antiguos. Como veremos, esto tampoco es del todo correcto. Es importante recordar que los griegos no fueron las únicas personas cultas de su tiempo; los babilonios tenían sus magos, los egipcios sus sabios y los indios sus filósofos. Todos estos influenciaron, de una manera u otra, al desarrollo de las diferentes filosofías griegas.

La edad de oro de la filosofía griega comenzó alrededor de la época de la invasión babilónica de Israel (o de Judá, más precisamente) y terminó alrededor de la caída de Persia bajo Alejandro Magno. Es interesante observar que mientras los primeros filósofos apenas comenzaban a pronunciar sus dichos, Dios estaba terminando su revelación del Antiguo Testamento, y mucho antes Salomón había escrito sus profundos proverbios, David sus hermosos Salmos, Moisés establecido el Pentateuco, donde podemos encontrar un relato escrito de los orígenes del mundo, y Job, incluso antes, nos había dejado con su profunda historia (con muchos pasajes detallados que describen el mundo natural). Así pues, recordemos este hecho, no sea que caigamos en la tentación y terminemos dando demasiado crédito a la ciencia de los griegos.

Tales de Mileto (620 – 546 aC) y Anaximandro (610-546 aC) son considerados dos de los primeros filósofos griegos. Ambos eran de la misma ciudad, Mileto, y se cree que Anaximandro había sido discípulo de Tales. La mayoría de sus escritos se han perdido, por lo que la mayoría de la información nos llega de segunda mano; especialmente a través del trabajo del historiador griego Diógenes Laercio (siglo III d. C.).

Tales de Mileto
Tales de Mileto

A Tales se le conoce especialmente por el progreso realizado en las matemáticas y la astronomía (supuestamente por predecir un eclipse), así como también por su tesis cosmológica, en la que algunos ven el comienzo de la teoría de la evolución. Según este pensador griego, el agua era la fuente principal, el arche (principio, origen) de todas las cosas. Así, esta sustancia con movimiento y cambio sería el responsable de la creación de nuestro universo.

Anaximandro, sin embargo, llevó esta idea un poco más lejos y postuló que el agua, el ingrediente principal para la vida, no podía ser el arche (porque el agua nunca podría llegar a producir su opuesto, el fuego) y propuso que el la primera causa se encontraba en el apeiron, (lo indeterminado o infinito). Anaximandro nunca llegaría a esclarecer lo qué era este apeiron, más que considerarlo como un tipo de elemento o fuerza (con atributos divinos) causante de la génesis del universo. También creía que los primeros animales que habían aparecido en el agua (o humedad, según él) eran criaturas parecidas a peces «encerradas en una corteza espinosa y que a medida que crecían salían a la parte más seca y que por poco tiempo, cuando la corteza se rompía, vivían un tipo de vida diferente a la anterior.»(1) Anaximandro fue más allá, postulando que una vez el agua se había secado, “dentro de estos animales [semejantes a los peces], los hombres iban tomando forma, llevando prisioneros a los embriones hasta su pubertad; solo entonces, después de que estos animales fueran abiertos, habrían salido los hombres y las mujeres con capacidad de alimentarse por sí mismos«. (2)

Las hipótesis de Anaximandro y Tales parece estar muy lejos de la teoría moderna de la evolución, sin embargo, existen unos claros principios en común: 1) todo ser vivo se originó en el agua gradualmente, y 2) los hombres procedemos de los peces. Por esta razón no pocas personas dan crédito tanto a Tales como a Anaximandro por ser las primeras personas con una explicación racional del origen de las especies. La cuestión es: ¿eran sus teoría nuevas y racionales? No exactamente. Anaximandro había adquirido su conocimiento -o al menos parte de su conocimiento- de Tales. Pero, ¿de quién tomó Tales sus ideas?

Los jonios fueron una de las cuatro tribus griegas que se establecieron en lo que hoy es el oeste de Turquía. Ahí los jonios fundarían 12 ciudades, que pasarían a formar una confederación. Una de las ciudades más importantes era Mileto (donde Tales había nacido y vivido por largo tiempo), una ciudad rica que había establecido muchas colonias alrededor del Mediterráneo. Una de estas colonias estaba en Náucratis, Egipto (aliada de los egipcios durante la vida de Tales). Está bien documentado que Tales había viajado a Oriente Medio para aprender de los sabios. Uno de estos sitios sería Egipto. Además, se cree que viajó hasta Babilonia.



Tanto los egipcios como los babilonios eran muy buenos matemáticos y astrónomos (o astrólogos), por lo que es muy probable que Tales aprendiera mucho de ellos. Sin embargo, al igual que los griegos, éstos también estaban impregnados de paganismo y Tales parece haber tomado de sus mitologías. Por ejemplo, en la cosmogonía egipcia, a Nun se le conoce como el abismo del agua primordial de donde surgen todas las cosas (aparentemente la tierra seca surge de esta sustancia). A Nun no se le adoró, ni tampoco se le construyeron templos; aunque esto parece haber cambiado en una época posterior. Sea como sea, se nos cuenta que de esta misma agua el dios creador Atum se auto-creó a sí mismo (curiosamente, una versión cuenta que éste se levantó en la forma de serpiente). De esta forma, el agua parece tener una conexión clara con la hipótesis de Tales y Anaximandro. Pero ¿qué hay de Atum? Que se sepa, ni Tales ni Anaximandro hacen referencia a éste, pero es importante que comprendamos el concepto subyacente: la autocreación. Después de todo, si alguien puede concebir a un dios que se crea a sí mismo a partir de agua primordial, ¿no es posible concebir un pez que surge espontáneamente de alguna sustancia húmeda o, como diríamos hoy día, de una sopa orgánica?

Empédocles (492-432 a.C.) es, sin duda, otro de los filósofos que deben ser examinados. Nació en Acragante, una colonia griega en lo que hoy es Sicilia. Empédocles creía en la reencarnación y era vegetariano. Según él, a consecuencia del derramamiento de sangre y consumo de carne, había sido castigado a un sinfín de reencarnaciones. No obstante, este largo ciclo de reencarnaciones había concluido y tras su muerte Empédocles se reencarnaría como un daimôn, es decir, un dios inmortal. También creía que tenía poderes mágicos y que podía curar a los enfermos.

No menos importante de mencionar, Empédocles parece haber sido un seguidor de Pitágoras, un filósofo jónico que probablemente había conocido a Anaximandro. Al igual que Empédocles, Pitágoras viajó extensamente (Egipto, Persia, y tal vez incluso la India) y adquirió un amor por los números, a los que atribuyó propiedades místicas. Además, al igual que Empédocles, también creía en la reencarnación y era vegetariano.

A pesar de haber sido postulado anteriormente, el concepto de los cuatro elementos (o cinco, según otras creencias) es atribuido generalmente a Empédocles. Según este filósofo, estas cuatro «raíces» o elementos (agua, fuego, tierra, aire) se mezclaban en diferentes combinaciones produciendo todo lo que vemos. Estos, sin embargo, actuaban a través de la agencia de dos fuerzas (el Amor y el Odio) que se enzarzaban en una eterna batalla por el dominio. De esta forma, cuando el Amor era dominante, todos los elementos eran atraídos, impidiendo la aparición de la vida. Pero cuando el Odio superaba al amor, los elementos se separaban, siendo libres para producir la vida. Tomando estos dos principios en cuenta, Empédocles presentaría un «nuevo» concepto de los orígenes de la vida. De esta forma, los cuatro elementos se mezclaron al azar, haciendo aparecer de la tierra todo tipo de órganos, los cuales vagaban por separado hasta ser unidos por el amor, momento en el cual producían todo tipo de extrañas criaturas: hermafroditas, hombres con cara de buey, bueyes con rostro de hombre, etc. Las criaturas, incapaces de sobrevivir, eventualmente morian, perdurando solo los preparados para sobrevivir. No es de extrañar, por lo tanto, que muchas personas hayan visto aquí un precursor de la selección natural postulada por Darwin. Empédocles, sin embargo, tenía una teoría bastante distinta para el desarrollo de los hombres:

fuego separador trajo los brotes nocturnos de hombres y mujeres…

Primero surgieron de la tierra formas naturales completas

teniendo una porción de agua y calor;

el fuego los encendió, queriendo que fueran como él;

no mostrando aún ningún tipo de extremidad,

ni voz, ni un miembro específico para el hombre. (3)

Así, un tipo de hombre deforme y sin voz se formaría ‘espontáneamente’ de la tierra, a través de ciertos elementos. Pero, ¿cómo se había formado un hombre completamente funcional? No se sabe.

Entonces, ¿Presentó Empédocles esta idea usando únicamente el razonamiento y la observación? Muy posiblemente, no. Tanto el concepto de los cuatro elementos como la idea del Amor y el Odio, o dualismo, estaban (y todavía están) profundamente enraizados en el paganismo. Egipto, Persia e India fueron algunos de los países donde se podía encontrar este tipo de creencia. Egipto tenía el principio dualista de los dioses Set (desorden / muerte) y Osiris (orden / vida). El zoroastrismo, en Persia, postulaba una especie de dualismo y rendía culto a los cuatro elementos. El budismo tenía (y tiene) los cuatro elementos, y del mismo modo en el hinduismo, se encuentra el concepto de los cinco elementos (el éter siendo el quinto).

Curiosamente, los asirios y los babilonios adoraban a dioses quiméricos (una mezcla entre home y animal) parecidos a las criaturas descritas por Empédocles, creadas a partir de una «selección natural» defectuosa. Uno de estos dioses era Lamasu, la criatura asiria con cuerpo de buey y con rostro de hombre. Por otro lado, estaba el dios babilónico Oannes, probablemente uno de los primeros tritones. Luego está la sirena asiria, Atargatis, y el dios fenicio Dagón (incluso mencionado en la Biblia*). Y al contrario de lo que parece, éstas no son solo antiguas creencias. El pensador ilustrado francés Benoît de Maillet, uno de los primeros filósofos modernos en apoyar la evolución, ¡utilizó la supuesta existencia de los tritones como prueba de la evolución!

DemócritoEl siguiente en la fila sería Demócrito (460-370 a.C.), quien, construyendo sobre Leucipo, concibió la teoría de los átomos. Según Demócrito todo estaba compuesto de átomos indestructibles (estos serían algo similar a lo que hoy llamamos ‘moléculas’) con diferentes formas y tamaños que actuaban de maneras impredecibles. De esta manera, tanto Demócrito como Leucipo creían que la verdad o la realidad eran imprecisas «y es por eso que Demócrito, en cualquier caso, dice que o no hay verdad o, al menos, para nosotros no es evidente«. (4) Hoy día este tipo de idea se conoce como materialismo, y se podría decir que es la filosofía seguida por los evolucionistas ateos.

Sin embargo, las ideas de Demócrito probaron ser poco originales. De hecho, la filosofía materialista parece haber estado bien asentada en la época de Demócrito. En India, Ajita Kesakambali, Payasi, Kanada y la escuela de Cârvaka ya estaban discutiendo estas ideas. Cârvaka abrazó el escepticismo filosófico y rechazó la religión védica. Por otro lado, al filósofo Kanada se le ocurrió la idea del aun (átomo) y creyó como Demócrito que estos eran indestructibles, eternos, y que se combinaban entre sí.

Es improbable que estas ideas surgieran por separado. Teniendo en cuenta que Demócrito había sido instruido por magos persas y que además se había gastado todo su fortuna viajando a países lejanos (con la intención de adquirir más conocimiento), es difícil de creer que no tomara nada prestado de aquellas culturas. De hecho, a parte de haber viajado a Egipto, Etiopía y Persia, se cree que también llegó hasta la India, donde las escuelas materialistas ya estaban bien asentadas.

Por otro lado, a Demócrito también se le ocurrió una interesante teoría sobre el desarrollo de los hombres. Según él, los antiguos humanos, por miedo de ser devorados por animales salvajes, crearon pequeñas sociedades anárquicas que les permitió sobrevivir el ataque de dichos animales. Estos hombres anárquicos y sin lenguaje propio eran recolectores de frutas y herbívoros que vivían en cuevas. No obstante, éstos fueron desarrollándose, hasta que empezaron a articular sus pensamientos y sentimientos a través de símbolos y lenguajes. Por lo tanto, el desarrollo humano se caracterizó por un período de prueba y error que llevó progresivamente a nuevos descubrimientos.

No hace falta profundizar demasiado para darse cuenta que esta idea es la precursora de la teoría «moderna» del desarrollo de la «especie humana» que se encuentra en cualquier libro de texto de ciencia o historia.

Además, tanto Demócrito como Leucipo postularon un modelo cosmológico de los orígenes del universo. Demócrito sostuvo que los átomos habían colisionado formando unidades más grandes (por ejemplo, la tierra) y que estos mundos podrían destruirse colisionando con otros mundos. La hipótesis más completa, sin embargo, proviene de Leucipo:

Los mundos se forman cuando los átomos caen en el vacío y se enredan entre sí, y de su movimiento, a medida que aumentan en volumen, surge la sustancia de las estrellas. . . Así es como se forman los mundos. En cierta sección, muchos átomos con todo tipo de formas se transportan desde lo ilimitado [apeiron] al vasto espacio vacío (gran vacío). Estos se juntan y forman un solo vórtice (remolino), en el cual se empujan uno contra el otro, dando vueltas de todas las formas posible, […] mientras es transportado en el vórtice (remolino), se agrega a sí mismo cualquier átomo que toca. Y de estas, algunas partes se unen y forman una masa, al principio húmeda y grisácea, pero, cuando se han secado y giran con el vórtice universal (remolino), luego toman fuego y forman las sustancias de las estrellas.» (5)

Probablemente ésto fue un concepto tomado directamente de la filosofía india llamado Adrsta (lo invisible). Esta idea establecía que el movimiento de los átomos formaría díadas, que a su vez se combinaban en tríadas, tétradas, etc. Y así se producía un objeto compuesto (obviamente, esto nunca se ha observado).

Sobre todo a través de la filosofía griega, los pensadores de la época de la Ilustración adoptaron estas mismas ideas para postular nuevas cosmogonías, que a su vez influyeron a los modelos cosmológicos modernos. Obviamente, hay diferencias entre las cosmogonías nuevas y viejas, pero la idea principal es bastante evidente: la creación de este universo a través de combinaciones aleatorias de elementos.

Finalmente, debemos concluir recordando, no solo que la teoría de la evolución no es una idea moderna, sino que también es un concepto enraizado en la mitología pagana. Por lo tanto, es apropiado terminar este ensayo con las palabras de dos antiguos autores.

Diógenes Laercio escribió una vez que «hay algunos que dicen que el estudio de la filosofía tuvo su comienzo entre los bárbaros. Insisten que los persas tuvieron a sus magos, los babilonios o los asirios a sus caldeos, y los indios a sus gimnosofistas. . . También dicen que Mosco era fenicio, Zamolxis un tracio y Atlas un libio.» (6).

Otro gran escritor escribió mucho antes que Laercio: «no hay nada nuevo bajo el sol«.

* 1 Sam. 5: Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. 2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. 3 Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.


1. Aecio, V, 19

2. Censorino, De Die Natali, IV, 7

3. Strasbourg fr. B62

4. Aristoteles, Metafísica iv.1009 b 7

5. Diogenes Laercio, 1925: 441-443

6. Diogenes Laercio, 1925: 3


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